Desde que Arabia Saudita presentó en 2017 sus planes para levantar Neom, el megaproyecto quedó bajo fuego casi de inmediato. Arquitectos, ingenieros y especialistas en energía lo señalaron como una ambición fuera de escala, más cercana al manifiesto que a la obra posible. Aun así, el Reino decidió avanzar. Abrió frentes de construcción en distintos puntos de la futura megaciudad y puso nombres y formas a esa promesa: The Line —una ciudad lineal de 170 kilómetros—, Oxagon —un centro industrial flotante—, Trojena —un resort de esquí de montaña— y Sindalah —una isla de lujo—. Pero el relato empezó a torcerse cuando las cifras se dispararon una y otra vez y los obstáculos técnicos se acumularon. Con el costo proyectado creciendo sin control y varios desafíos aflorando en paralelo, el gobierno terminó por desestimar los planes para una porción considerable de Neom. En su lugar, busca volcar el esfuerzo hacia gigantescos centros de datos.
Tras años de retrasos y sobrecostos, informes recientes apuntan a que el príncipe heredero saudí y presidente de Neom, Mohammed bin Salma,n, planea recortar el proyecto de manera significativa. Neom había sido concebida como una superciudad alimentada íntegramente con fuentes de energía limpia y con la meta de estar lista para los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029, que ahora se han pospuesto. En los planes, su huella territorial se aproximaba a la de Bélgica y su población objetivo rondaba los nueve millones de habitantes para 2045.
El giro responde, en gran medida, al cuadro económico que enfrenta Arabia Saudita: precios del petróleo más volátiles y una caída de ingresos clave. Neom debía convertirse en un polo futurista de tecnología e innovación, capaz de atraer altos niveles de inversión extranjera. Sin embargo, el crecimiento de los costos terminó por volver el esquema insostenible. El presupuesto inicial hablaba de unos$500.000 millones para completarla —una cifra cuestionada desde temprano por expertos del sector—, pero la proyección se ha inflado hasta los$9 billones.
En ese ajuste, The Line es el símbolo más claro. La ciudad que se anunciaba como una franja de 170 kilómetros a lo largo de la costa del mar Rojo, flanqueada por dos rascacielos de 500 metros de altura que recorrerían toda su longitud, ha sido recortada de forma drástica. La idea original prometía una urbe operada por electricidad renovable, sin automóviles, sostenida por una red subterránea de transporte de alta velocidad y taxis voladores. La apuesta era ensayar una expansión urbana densa, hiperconectada, destinada a replantear cómo podrían funcionar las ciudades nuevas.
Lo que ha ocurrido después es un corrimiento de prioridades: la búsqueda de algo más realizable y, sobre todo, potencialmente más rentable. Conforme se hicieron visibles los desafíos de ingeniería —Neom demandaba cantidades sin precedentes de materiales, coordinación logística y financiación—, empezó a tomar forma una alternativa: reducir la ambición urbana y orientar el territorio a varios centros de datos de gran escala, descritos como muy necesarios.
El objetivo se enlaza con una estrategia mayor. Arabia Saudita pretende posicionarse como líder global en inteligencia artificial (IA) dentro de su agenda de diversificación económica, diseñada para disminuir la dependencia de los combustibles fósiles. La instalación de centros de datos podría acelerar ese desplazamiento: permitiría al Reino convertirse en un actor regional relevante en el suministro de energía para tecnologías complejas —incluida la IA— y, al mismo tiempo, atraer inversión privada en volumen.
Hasta ahora, Neom se ha sostenido con financiación del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita, valorado en alrededor de 1 billón de dólares. La lógica era que un megaproyecto de ese tamaño apuntalara la diversificación y recortara la dependencia de los ingresos del petróleo y el gas. Pero a medida que el costo de construcción se vuelve cada vez más inalcanzable, la ecuación cambia: destinar esos recursos a tecnologías de alta demanda aparece, para el Reino, como una vía más rentable.
Los reportes sobre el nuevo diseño varían en los detalles, aunque convergen en el recorte. Algunos señalan que el primer tramo operativo de The Line podría limitarse a apenas unos pocos kilómetros, muy lejos de la perspectiva de superar los 100 kilómetros. En lugar de insistir en la totalidad del plan, Arabia Saudita parece inclinarse por desarrollar segmentos independientes de Neom. También se anticipa un perfil más industrial que el imaginado inicialmente, con la intención de atraer mayores niveles de inversión privada.
En los últimos meses, el Reino ha anunciado alianzas e inversiones para ampliar su infraestructura y capacidades de centros de datos. En 2025, Neom firmó un acuerdo de$5.000 millones con DataVolt para construir un gran nuevo centro de datos en la zona industrial de Oxagon, con previsión de que esté operativo para 2028.
El territorio, además, encaja con algunos requisitos físicos de este tipo de instalaciones. A diferencia del propósito inicial —una ciudad en buena medida residencial—, Neom ofrece condiciones geográficas favorables para centros de datos, cuya operación depende de sistemas de refrigeración eficientes. Por su cercanía al mar Rojo, las compañías tecnológicas podrían utilizar agua de mar para enfriar sus operaciones. Eso reduce la presión sobre el agua dulce en un entorno desértico, un problema que se esperaba abordar mediante la construcción de una planta de desalinización a gran escala.
La región suma otro atractivo: un potencial fuerte de energía solar y eólica, con la posibilidad de alimentar operaciones mediante energía limpia. Y su ubicación, entre Europa, Asia y África, le da valor estratégico a ojos de inversores interesados en conectividad de datos y servicios digitales regionales.
En conjunto, el movimiento sugiere un repliegue sustantivo respecto del Neom anunciado. El aumento de precios y los obstáculos de ingeniería han hecho imposible mantener el impulso de la versión original. Lo que queda, según estos informes, es un proyecto recortado y desarrollado por segmentos, combinado con iniciativas industriales orientadas a sostener el crecimiento económico.
