La entrada en combate del LUCAS estadounidense y el empleo continuado del Shahed-136 iraní han hecho visible una tendencia ya difícil de ignorar en la guerra aérea: el uso creciente de drones de ataque de bajo costo, diseñados para operar en grandes cantidades y saturar defensas, frente a plataformas más sofisticadas y de mayor precio.
Esa comparación se aumentó a comienzos de 2026, cuando fuerzas de Estados Unidos emplearon por primera vez el sistema LUCAS durante la Operación Epic Fury, dirigida contra objetivos iraníes. Con ese uso, Washington incorporó de forma explícita capacidades de ataque con drones prescindibles. Al mismo tiempo, el Shahed-136 continuó con ataques persistentes contra posiciones estadounidenses e infraestructura regional, y su utilización quedó documentada en escenarios de combate reales.
En el diseño aparecen coincidencias claras, ya que el FLM-136 LUCAS reproduce con gran cercanía la arquitectura aerodinámica del Shahed-136: ala delta, estabilizadores verticales en las puntas y fuselaje integrado. Esa configuración permite misiones de larga permanencia, mantiene la simplicidad estructural y facilita una producción rápida a gran escala.

Ambos emplean, además, un motor con hélice propulsora trasera. Esa disposición reduce la firma infrarroja frontal y dificulta la detección por defensas antiaéreas de corto alcance. A la vez, mejora la eficiencia aerodinámica, porque permite un morro más estilizado y, por esa vía, amplía el alcance operativo en entornos disputados.
A partir de esas similitudes, las diferencias técnicas delimitan funciones de combate distintas. El Shahed-136 tiene mayor tamaño y prioriza el daño, con una ojiva estimada entre 30 y 50 kilos, aunque algunas variantes alcanzan cargas más altas. Su empleo se orienta a objetivos fijos de alto valor, como infraestructura e instalaciones militares, donde la relación entre alcance y carga útil produce efectos de nivel estratégico.
En cambio, el FLM-136 LUCAS incorpora una carga menor, calculada entre 18 y 20 kilos, y esa reducción responde a una lógica operativa diferente. En lugar de centrarse solo en la destrucción, el sistema estadounidense prioriza la modularidad y la adaptabilidad. La plataforma puede ejecutar misiones de ataque, apoyo de inteligencia y retransmisión de comunicaciones, además de integrarse en un campo de batalla más amplio y conectado.

La diferencia aumenta en guía y control, ya que el Shahed-136 depende principalmente de navegación inercial y GPS preprogramado. Esa solución resulta eficaz para ataques planificados de largo alcance, pero deja poco margen de maniobra después del lanzamiento. Por su parte, LUCAS se diseñó con una arquitectura de comunicaciones más avanzada, que permite la reasignación de objetivos en vuelo y su integración con redes estadounidenses de mando y control, lo que mejora la coordinación y la capacidad de respuesta.
También el alcance indica prioridades distintas. Según estimaciones, el Shahed-136 puede llegar hasta los 2.000 kilómetros, lo que permite a Irán atacar en profundidad a lo largo de la región. LUCAS se sitúa en un rango estimado de entre 800 y 1.500 kilómetros, según la configuración, con un equilibrio entre autonomía, carga útil e integración de sistemas.
Esa divergencia se aprecia igualmente en la experiencia de combate, puesto que el Shahed-136 se ha empleado de forma intensiva en Ucrania y en varios frentes de Oriente Medio. En esos escenarios ha mostrado eficacia en ataques de saturación a gran escala, en especial contra infraestructura crítica. Su uso masivo ha obligado a sus adversarios a emplear interceptores mucho más caros, lo que mantiene un desequilibrio de costos que se repite en sucesivos ciclos de ataque y defensa.

Frente a esa situación, LUCAS aparece como una respuesta acelerada de Estados Unidos. Su debut en combate se dirigió contra sistemas iraníes de defensa antiaérea, nodos de mando e infraestructura de lanzamiento de drones. Ese patrón de empleo incluye acciones de contrafuerza orientadas a reducir capacidades enemigas en su origen, además de la destrucción directa del objetivo.
En ambos casos, el costo mantiene un papel central. Para el Shahed-136 se manejan estimaciones de entre 20.000 y 50.000 euros por unidad, lo que permite despliegues masivos y un empleo sostenido. Para LUCAS se calcula un valor de entre 30.000 y 35.000 euros, por lo que se acerca a un esquema económico similar, con mayor flexibilidad y mayor potencial de integración.
Dentro de la interacción militar entre Estados Unidos e Irán, el Shahed-136 se asocia con una doctrina basada en volumen y persistencia: grandes cantidades para saturar defensas e imponer presión económica. En el caso estadounidense, el empleo de LUCAS se orienta a un enfoque más centrado en redes, en el que el bajo costo se combina con conectividad y capacidad multirrol para aumentar la eficacia operativa.

Más allá de la comparación inmediata, el conjunto de estos elementos describe un cambio de alcance mayor. Las municiones merodeadoras de bajo costo han pasado a ocupar un lugar central en operaciones militares contemporáneas, con un desplazamiento del énfasis desde las prestaciones de una plataforma individual hacia la capacidad de producir, integrar y sostener grandes cantidades. La contraposición entre el Shahed-136 y el LUCAS resume esa evolución y sugiere un escenario en el que la masa, la eficiencia de costos y la escalabilidad adquieren un peso creciente en el poder aéreo.
