La agencia oficial iraní Tasnim informó este sábado de un nuevo ataque contra la principal planta de enriquecimiento nuclear de Natanz, uno de los centros clave del programa atómico de la República Islámica. Según ese reporte, la acción ocurrió durante las primeras horas de la mañana y fue atribuida al “enemigo estadounidense y sionista criminal”.
La Organización de Energía Atómica de Irán sostuvo en un comunicado oficial que el ataque contra la instalación, también conocida como “Shahid Ahmad-Roushan”, representa una violación flagrante de normas y compromisos internacionales, entre ellos el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y otras disposiciones sobre seguridad nuclear.
Una fuente del Ejército de Defensa de Israel (FDI) reaccionó al informe y afirmó: “Todos los ataques en Natanz son ataques del Ejército de los Estados Unidos. las FDI no tiene participación directa en los ataques. Se trata de cuatro instalaciones subterráneas que están siendo atacadas desde hace una hora por bombarderos pesados estadounidenses”.
Poco después, la Agencia Internacional de Energía Atómica se pronunció sobre lo ocurrido en Natanz. “Irán nos ha informado de que la instalación nuclear de Natanz ha sido atacada hoy y no se ha registrado ningún aumento en los niveles de radiación”, señaló el organismo.
Tras el bombardeo, el Centro Iraní de Seguridad Nuclear puso en marcha inspecciones técnicas y profesionales para descartar una fuga de material radiactivo al medio ambiente. Las autoridades iraníes aseguraron después que los sistemas de monitorización no detectaron escapes de sustancias peligrosas.
“Informamos al pueblo iraní de que, gracias a las medidas de precaución, no existe ningún peligro para los residentes que viven en las zonas cercanas al emplazamiento”, subrayó un comunicado difundido por Tasnim, en un mensaje dirigido a calmar la preocupación de la población.
La noticia del ataque en Natanz se suma a otros episodios de seguridad registrados recientemente en torno a instalaciones nucleares iraníes. Entre ellos figura un hecho que Teherán definió de manera oficial como un “ataque deliberado”, después de que un proyectil impactara en la central nuclear de Bushehr.
Natanz, uno de los pilares del programa nuclear iraní, ya había sufrido en el pasado sabotajes, explosiones y ciberataques que fuentes extranjeras atribuyeron a Israel. La secuencia de operaciones encubiertas y, en ocasiones, abiertas alrededor de este complejo muestra que la presión sobre esa instalación no se ha detenido.
Durante la operación “León Ascendente”, El OIEA difundió otro comunicado en el que afirmó que la planta de enriquecimiento de Natanz había quedado completamente destruida tras un ataque aéreo atribuido aparentemente a Israel. El emplazamiento figura entre los puntos más sensibles e importantes del programa nuclear iraní, ya que durante años albergó un gran complejo de producción de material nuclear que también puede usarse para fabricar una bomba.
La instalación está situada en el desierto central de Irán, a unos 250 kilómetros al sureste de Teherán. Entró en funcionamiento a comienzos de la década de 2000 y era uno de los sitios mejor protegidos del país. Aunque cuenta con grandes edificios en la superficie, la mayor parte de su actividad nuclear se desarrollaba bajo tierra, en un complejo construido a decenas de metros de profundidad y protegido con gruesas capas de hormigón para resistir bombardeos.
La función principal de Natanz era el enriquecimiento de uranio, un proceso destinado a aumentar la concentración del material activo para su uso como combustible nuclear y, en casos extremos, para fabricar armas. Para ello, Irán empleaba centrifugadoras, largos tubos metálicos de alta velocidad que separan el material activo del uranio natural. Cuanto mayor es el número de centrifugadoras, mayor es la capacidad de producir uranio enriquecido.
En la planta llegaron a operar unas 15.000 centrifugadoras, entre modelos antiguos y modernos. En algunas de ellas se realizaron pruebas para alcanzar niveles de enriquecimiento de hasta 60 %, un umbral que se acerca a la capacidad necesaria para fabricar una bomba nuclear. En Natanz trabajaban además cientos de científicos, ingenieros y técnicos, y el complejo también servía para experimentos de física nuclear, desarrollo de gases especiales y mantenimiento de sistemas sofisticados.
