Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos recibirán más de 300 cazas F-35 sin radar a causa de los retrasos en la certificación del AN/APG-85, el nuevo sistema de exploración diseñado para llevar al avión al estándar Block 4. La situación contradice las negativas que el Departamento de Defensa había expresado en febrero y abre un nuevo frente de críticas sobre el mayor programa de cazas del mundo.
El problema parte de la transición del AN/APG-81 al AN/APG-85. El nuevo radar exige mayores niveles de potencia y refrigeración, lo que obligó a modificar el diseño del avión. Como consecuencia, los F-35 de los lotes 17 en adelante, concebidos para integrar el AN/APG-85, ya no pueden montar el AN/APG-81. En lugar del radar, los aviones entregados reciben contrapesos en el cono de nariz.
Los informes disponibles apuntan a que las primeras entregas del AN/APG-85 no comenzarán hasta 2028. Ese calendario deja abierta la posibilidad de que más de 300 aparatos lleguen sin radar, e incluso algunos análisis sitúan la cifra cerca de 400, debido al volumen de producción previsto para los lotes 17, 18 y 19, cada uno con más de 150 aeronaves.

El retraso amenaza con afectar de forma directa la capacidad de combate de la Fuerza Aérea, la Marina y el Cuerpo de Marines de Estados Unidos, además de más de una docena de fuerzas extranjeras que tienen pedidos de F-35. Dado el tamaño del programa, la entrega de centenares de cazas incompletos golpea de lleno los esfuerzos de modernización urgentes de varias flotas.
Lockheed Martin, contratista principal del F-35, sostuvo que fabrica los aviones “de acuerdo con las especificaciones del contrato”, y recordó que el radar corresponde a una producción separada a cargo de Northrop Grumman. Por su parte, la Oficina del Programa Conjunto del F-35 y el Pentágono defendieron la transición al AN/APG-85 como un “riesgo calculado” para acelerar la adaptación del aparato al estándar Block 4.
La lógica de esa decisión consistió en dejar atrás la configuración anterior y producir desde ahora aeronaves con la nueva arquitectura, para que el radar pueda instalarse apenas esté disponible. Ese enfoque evita futuras revisiones de gran escala, pero también implica que durante los próximos dos años se entregarán cientos de aviones sin completar.

Las dudas se concentran ahora en la disponibilidad operativa de esos F-35. Aún no está claro en qué medida podrán mantenerse en servicio activo o asumir misiones de combate sin radar. Los operadores pueden reducir parte del impacto si emplean estos aparatos junto a F-35 más antiguos equipados con el AN/APG-81, ya que el intercambio de datos entre plataformas permite conservar un alto nivel de conocimiento situacional mediante sensores externos.
El F-35 también dispone de sistemas infrarrojos de búsqueda y seguimiento, así como de sensores electrónicos pasivos avanzados. Sin embargo, esos equipos fueron concebidos para complementar al radar y no pueden sustituirlo de forma efectiva en combate.
La crisis llega en un momento en que Estados Unidos intenta cerrar la brecha tecnológica frente a China. Mientras el desarrollo del AN/APG-85 sigue acumulando retrasos, el caza chino J-20 ya pasó a incorporar un radar de nueva generación que, según diversos reportes, utiliza tecnologías semejantes basadas en nitruro de galio. Ese tipo de tecnología permite mejorar la potencia de la señal sin disparar el consumo energético y refuerza la capacidad para detectar blancos furtivos.
La producción del AN/APG-81 se interrumpió antes de tiempo, en gran medida porque se consideró insuficiente para responder al desafío chino a la superioridad aérea estadounidense. Northrop Grumman llegó a presentar al AN/APG-85 como un sistema que “ayudaría a asegurar la superioridad aérea”, una formulación que reflejaba el argumento central para justificar la inversión.

Diversos analistas han señalado que el avance del J-20, mucho mejor adaptado para operaciones aire-aire, fue uno de los factores principales detrás del impulso al AN/APG-85. Pero los retrasos del Block 4 se han repetido y ahora su entrada plena en servicio se proyecta para comienzos de la década de 2030. Bajo ese escenario, crece la posibilidad de que China despliegue cazas de sexta generación antes de que Estados Unidos consiga llevar su principal caza de quinta generación al estándar previsto.
Los problemas del AN/APG-85 no son un caso aislado. Forman parte de una cadena de fallas y demoras en subsistemas clave que ha deteriorado el potencial de combate de la flota de F-35 y ha convertido al programa en un foco constante de controversia, con críticas severas tanto desde el ámbito militar como desde el civil.