El Reino Unido ha reforzado su defensa antidrones en Chipre con el despliegue de helicópteros Merlin y Wildcat de la Royal Navy, convertidos ahora en piezas clave de una red aérea de vigilancia y respuesta para proteger la base de la RAF Akrotiri y otros activos británicos en la zona.
La decisión llegó después de un ataque con drones cerca de la RAF Akrotiri a comienzos de marzo. Londres envió dos Wildcat HMA2 el 7 de marzo y, un día después, un Merlin Mk2 equipado con el sistema Crowsnest, con el objetivo de ampliar la cobertura radar, acelerar la detección de amenazas y reducir el tiempo de reacción dentro de una arquitectura conjunta conectada con aeronaves de la RAF, equipos terrestres contra UAS y socios de la coalición.
El refuerzo responde a un escenario en el que drones de bajo coste pueden poner en riesgo pistas, aviones cisterna, cazas e infraestructura crítica con muy poco margen de aviso. En ese contexto, la protección de fuerzas ha pasado a depender de sistemas capaces de detectar antes, clasificar mejor y sostener la vigilancia a mayor distancia del perímetro.
El Merlin HM2 aporta ese escalón superior. Se trata de un helicóptero pesado de combate marítimo, con 750 millas náuticas de alcance, velocidad de 160 nudos y capacidad de carga de 3,8 toneladas. En su versión antisubmarina opera con una tripulación de cuatro personas y puede emplear sonar de inmersión, sonoboyas y torpedos Sting Ray. La documentación oficial británica también atribuye a la flota Mk2 ametralladoras M3M de calibre .50, lo que ya le otorga un perfil robusto de sensores y armamento.

Su valor para la misión en Chipre se concentra en la configuración Crowsnest. En esa versión, el helicóptero vuela con un piloto y dos observadores, y despliega en vuelo un radar instalado en una cápsula bajo el fuselaje para explorar más allá del horizonte. Fuentes de la Royal Navy sostienen que puede operar a más de una milla de altitud y vigilar hasta unas 100 millas en cualquier dirección. Esa capacidad permite advertir con antelación a cazas y consolidar el cuadro aéreo antes de que una amenaza de baja cota alcance una base o un buque.
La función del Merlin no se centra tanto en abrir fuego como en dirigir la batalla. Su combinación de altura, autonomía y alcance sensorial compensa limitaciones de los radares terrestres fijos frente a contactos lentos y bajos, ocultos por el terreno o por la curvatura de la superficie.
El Wildcat HMA2 cubre el nivel táctico. Más pequeño y más fácil de desplegar desde fragatas, destructores o posiciones austeras en tierra, alcanza también 160 nudos, tiene un radio de 250 millas náuticas y opera con piloto y observador, además de espacio para hasta seis efectivos adicionales. Su equipamiento combina cabina digital y un sensor electroóptico MX-15 Wescam en el morro para adquisición de blancos de día y de noche.
Leonardo indica que la familia AW159 que utiliza el Reino Unido integra radar AESA Seaspray 7000E, sensores electroópticos, sistemas de guerra electrónica y un sistema de gestión de misión que mejora la eficacia respecto de variantes anteriores del Lynx. Pero su papel en Chipre cobra especial importancia por el armamento. La Royal Navy atribuye al Wildcat torpedos Sting Ray, una ametralladora M3M de 12,7 mm, misiles Martlet y Sea Venom. Para esta misión, los aparatos fueron armados en concreto con Martlet.
Ese detalle resulta central porque Martlet no es un recurso improvisado. Thales lo define como un misil de 13 kilos, con alcance operativo superior a seis kilómetros y velocidad por encima de Mach 1,5. Fuentes británicas y de la Royal Navy sostienen además que la combinación Wildcat-Martlet ha destruido repetidamente drones aéreos en campos de pruebas y también puede emplearse contra blancos marítimos pequeños y rápidos.

A esa capacidad se suma Sea Venom, que añade una segunda capa ofensiva. MBDA señala que este misil de 120 kilos ofrece al Wildcat una opción antisuperficie más allá del horizonte contra objetivos de hasta el tamaño de una corbeta. El sistema utiliza un buscador infrarrojo de imagen, enlace de datos bidireccional por radiofrecuencia, control opcional con operador en el circuito, perfiles de vuelo a ras del mar y una ojiva de unos 30 kilos, con un alcance de alrededor de 20 kilómetros.
En la práctica, esa combinación permite que un destacamento reducido de Wildcat pase de la defensa contra drones y la protección de fuerzas a misiones de supresión costera, negación marítima litoral o interdicción naval sin cambiar de plataforma. Para despliegues pequeños, esa versatilidad reduce exigencias logísticas y multiplica opciones operativas.
El Reino Unido ha optado por integrar medios aéreos y sistemas terrestres porque la amenaza ha evolucionado más rápido que las arquitecturas clásicas de defensa de bases. Evaluaciones de la RAF describen ya la actividad de drones como un fenómeno rutinario en el teatro y subrayan un modelo escalonado que contempla detectar, interrumpir o destruir. En ese esquema figuran ORCUS para detección por radar, radiofrecuencia y sensores térmicos; NINJA para interferencia electrónica o toma de control; y Rapid Sentry como solución cinética cuando la perturbación no basta.
Merlin y Wildcat no repiten esas funciones, sino que amplían su alcance. Empujan la vigilancia más allá del perímetro, identifican actividad sospechosa o posibles zonas de lanzamiento y refuerzan la alerta temprana dentro de las redes de mando de la RAF y de sus aliados.

Ambos helicópteros reparten además el trabajo de forma complementaria frente a amenazas mixtas. El Merlin actúa como nodo elevado para extender el horizonte de vigilancia y orientar a Typhoon, F-35B, buques o unidades terrestres. El Wildcat, en cambio, opera como plataforma de caza cercana, capaz de clasificar contactos con radar y sensores EO/IR y, después, atacarlos con misiles de precisión si la situación lo exige.
La coordinación entre estas plataformas tripuladas, los cazas de reacción rápida y las unidades terrestres contra UAS reduce el intervalo entre detección y neutralización. Ese factor resulta decisivo cuando los drones hostiles son pequeños, baratos y pueden lanzarse en salvas con el propósito de saturar un solo sensor o un único tirador.
El movimiento británico en Chipre no se limita, por tanto, al traslado de helicópteros a una zona de crisis. La operación muestra una adaptación doctrinal que convierte al Merlin y al Wildcat en activos multidominio para preservar la generación de salidas, proteger la movilidad aérea y mantener operativa la infraestructura de la coalición bajo presión constante de drones. El Merlin aporta la vigilancia aérea de mayor alcance y el Wildcat añade la capacidad táctica armada.
