Irán atacó con misiles y drones la base aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita hiriendo a 15 militares estadounidenses y alcanzó un E-3 Sentry.
La salva iraní dañó un nodo aéreo clave de Estados Unidos en el Golfo
Durante la noche del 27 de marzo de 2026, Irán atacó la base aérea Príncipe Sultán, a unos 96 kilómetros de Riad, con seis misiles balísticos y 29 drones. El número de militares estadounidenses heridos, que primero fue de 12, subió horas después a por lo menos 15, con cinco de ellos en estado grave. Entre los aparatos alcanzados aparecieron un E-3 Sentry y varios aviones cisterna.
En esa instalación coincidían funciones de alerta temprana, reabastecimiento y mando aéreo para el despliegue militar de Estados Unidos en el Golfo. Por eso, el golpe superó el daño inmediato sobre la pista y los edificios, ya que uno de los impactos afectó una arquitectura que ordena operaciones, sostiene la vigilancia y apoya la coordinación del teatro en tiempo real. La mención de un E-3 alteró de inmediato el peso operativo del episodio.
Antes de que empezara la guerra, la base saudí ya concentraba medios de alto valor. Imágenes satelitales tomadas entre el 17 y el 21 de febrero registraron un salto de 27 a 43 aeronaves, incluidas 13 KC-135 y seis E-3 Sentry. Administrada por la Real Fuerza Aérea Saudí y usada por Estados Unidos desde hace décadas, la instalación aparecía como un nodo de apoyo aéreo de alta densidad para operaciones regionales.

Ese antecedente dio otra dimensión al ataque del 27 de marzo, porque el daño simultáneo sobre cisternas y AWACS obligó, como mínimo, a revisar la dispersión, la protección y la rotación de medios de alto valor en suelo saudí. La profundidad geográfica saudí dejó así de ofrecer inmunidad operativa plena en un escenario donde misiles, drones y fuegos de precisión ya alcanzaban una base situada lejos del frente visible.
Datos clave del ataque contra la base aérea Príncipe Sultán
- Irán lanzó seis misiles balísticos y 29 drones contra la base.
- Los heridos estadounidenses subieron de 12 a por lo menos 15.
- Cinco militares quedaron en estado grave tras el ataque.
- Entre los aparatos alcanzados hubo un E-3 Sentry y varios aviones cisterna.
- Entre el 17 y el 21 de febrero, la base pasó de 27 a 43 aeronaves.
El daño al E-3 expuso una pieza central del mando aéreo estadounidense
Según la Fuerza Aérea de Estados Unidos, el E-3 es un sistema aerotransportado de alerta y control con capacidades integradas de gestión de batalla, vigilancia, detección y seguimiento de blancos. Su tarea consiste en entregar al centro conjunto de operaciones aéreas una imagen exacta y en tiempo real del espacio de combate. Esa función lo convierte en una plataforma de mando y vigilancia con un valor superior al de una aeronave de apoyo convencional.
Sobre el fuselaje lleva un rotodomo de 9,1 metros con un radar de más de 250 millas de alcance, mientras la tripulación de misión asume labores de vigilancia, identificación, control de armas, comunicaciones y dirección de aeronaves. La doctrina de esa fuerza añade que su movilidad permite desplazar la órbita del sensor y mantener la continuidad del mando aéreo en un entorno expuesto a misiles, drones y fuegos de precisión.

Con ese marco, el ataque del viernes mostró otra realidad operativa, un día después de que Donald Trump dijera que Irán había quedado “destruido” y de que Pete Hegseth alabara una neutralización extraordinariamente rápida de sus fuerzas. Uno de los misiles impactó un edificio que alojaba a personal estadounidense y los drones acompañaron la penetración sobre la base. El episodio dejó bajas y afectó activos que suelen operar lejos del fuego directo.
Aunque al cierre el Pentágono no había detallado públicamente la identidad completa de cada aeronave alcanzada, la inclusión de un E-3 entre los daños cambió la lectura del golpe. Además de las bajas y de los cisternas afectados, quedó expuesto un activo que sostiene la imagen táctica del teatro y apoya la coordinación del resto de la arquitectura aérea. Cuando una plataforma así sale de servicio, la capacidad de mando sufre de inmediato.
La base acumuló bajas, daños y refuerzos en el segundo mes de guerra
Esa vulnerabilidad quedó más clara porque Príncipe Sultán ya había sufrido otros dos ataques en la misma semana. Uno de esos golpes dejó 14 militares estadounidenses heridos y otro dañó una aeronave. Antes, el 1 de marzo, otro ataque iraní en la base hirió al sargento Benjamin N. Pennington, de 26 años, que murió el 8 de marzo. La secuencia convirtió la instalación en uno de los puntos más sensibles de la guerra para Washington.
Fuera del frente entre Israel e Irán, el enclave quedó dentro del alcance de la campaña iraní contra la red logística, de apoyo y de mando que Estados Unidos desplegó en el Golfo desde el inicio de la guerra. Para el viernes, el mando central estadounidense había reconocido más de 300 heridos en un mes de guerra. De ese total, 273 habían regresado al servicio, 30 seguían fuera de actividad y 10 estaban catalogados como graves.

Antes de que se añadiera el nuevo balance de Príncipe Sultán, desde el 28 de febrero el número de militares estadounidenses muertos ascendía a 13. Ese volumen de bajas se acumuló en una guerra de desgaste sobre nodos, pistas, centros de operaciones y corredores aéreos. En ese marco, cuando un E-3 sale de servicio o entra en reparación, la presión recae sobre una flota envejecida y sometida desde hace años a reemplazo parcial por el E-7.
Mientras continuaba la evaluación en la base saudí, Washington reforzaba la región. El 28 de marzo llegaron al área de responsabilidad del mando central el USS Tripoli y elementos de la 31.ª Unidad Expedicionaria de Marines, y la administración preparaba el envío de fuerzas adicionales, incluidos efectivos de la 82.ª División Aerotransportada. Sin un acuerdo público que frenara los ataques, la guerra entró en su segundo mes con el estrecho de Ormuz bajo fuerte presión.
