El programa Replicator del Pentágono pasó de comprar drones baratos a enlazar sistemas aéreos y marítimos con programas resilientes para vigilancia, ataque y operación degradada.
Replicator respondió al reto naval y aéreo chino en el Indo-Pacífico
Cuando el Pentágono abrió Replicator, fijó una meta concreta: poner en manos de las fuerzas estadounidenses múltiples miles de sistemas autónomos de bajo costo relativo, en varios dominios, dentro de una ventana de 18 a 24 meses. La iniciativa nació con una previsión de gasto de unos$500 millones por año fiscal y con una doble ambición: comprar drones más rápido y cambiar también la forma de adquirirlos.
Esa decisión respondió a una secuencia de hechos operativos que alteró el cálculo naval. Los ataques con embarcaciones no tripuladas en el mar Negro y los intentos en el mar Rojo obligaron a revisar supuestos. A la vez, el Indo-Pacífico impuso distancias largas, cadenas de islas, blancos numerosos y plataformas expuestas. Replicator apareció como respuesta a una asimetría: contrapesar el crecimiento del poder aéreo y naval chino con masas de sistemas más baratos, distribuidos y reponibles.
Aunque el nombre sugería un programa cerrado, Replicator no describía un único dron ni una sola familia de municiones. Definía una manera de combatir con capas conectadas y con una autonomía asumible en pérdida. La apuesta buscaba vehículos lo bastante asequibles como para aceptar bajas, producirse con mayor rapidez, sostener campañas en combate bajo presión electrónica y operar como sistemas distribuidos aun con ancho de banda limitado, intermitente o degradado.

Para agosto de 2024, la cartera ya probaba un alcance más amplio que la compra acelerada. También ensayaba la colaboración entre sistemas Replicator y plataformas heredadas, la interoperabilidad con arquitecturas de mando y control más extensas y el empleo en tiempo real en varias regiones. Así, la conexión entre aire y mar dejó de ser una consigna y pasó a ser un requisito operativo dentro de una arquitectura que debía sostenerse incluso bajo presión electrónica.
Fechas y sistemas clave de la primera fase de Replicator
- El 28 de agosto de 2023, el Pentágono abrió Replicator con una meta de múltiples miles de sistemas autónomos de bajo costo relativo.
- El 6 de mayo de 2024, el primer paquete visible incluyó el Switchblade-600 en el aire y la vía PRIME para vehículos de superficie no tripulados.
- El 13 de noviembre de 2024, la segunda tanda añadió Ghost-X, C-100, Altius-600, Enterprise Test Vehicle y otros sistemas clasificados.
- El 20 de noviembre de 2024, DIU adjudicó los contratos ORIENT y ACT para mando, control y coordinación automática en varios dominios.
La primera oleada combinó vigilancia marítima y ataque aéreo coordinado
El primer paquete visible apareció el 6 de mayo de 2024 y dio al programa sus primeros nombres públicos. En el aire entró el Switchblade-600, una munición merodeadora que abrió la fase visible de Replicator. En el mar, la iniciativa abrió la vía PRIME para vehículos de superficie no tripulados. La demanda industrial pidió capacidad de producción de 120 embarcaciones al año, señal de que el programa no buscaba prototipos aislados, sino series repetibles.
Dentro de esa capa marítima, Washington no reservó a los sistemas de superficie una función secundaria. Los vinculó a vigilancia marítima, caza de minas, protección de infraestructuras submarinas y expansión de presencia sobre el agua con plataformas mucho más baratas que un buque tripulado. Esa combinación reforzó la idea de cubrir más espacio, asumir riesgos con medios reponibles y sostener tareas de observación o ataque sin exigir una aeronave o una nave tripulada para cada misión.

Durante 2024, la Marina empezó a usar esos buques no tripulados como sensores persistentes y como carga de trabajo para misiones que desgastan una flota tripulada. Su empleo abarcó conocimiento del dominio marítimo, monitoreo ambiental, reabastecimiento logístico y apoyo humanitario tras tifones. Al incorporar esas tareas, la fuerza naval liberó medios tripulados para cometidos de mayor exigencia y probó que las plataformas sin tripulación podían sostener presencia útil más allá del ensayo tecnológico.
En paralelo, la estructura de Replicator empezó a encajar esas embarcaciones dentro de una arquitectura más amplia de mando y control. El objetivo ya no consistía solo en poner un casco sin tripulación en el agua. También exigía que ese casco alimentara la misma red que un dron aéreo, recibiera tareas desde ella y mantuviera la coordinación cuando el enlace quedara degradado. Ahí tomó forma la unión práctica entre los dominios marítimo y aéreo.
La segunda tanda amplió funciones, pruebas y coordinación táctica
Cuando llegó la segunda tanda, el 13 de noviembre de 2024, la integración avanzó más. El Ejército incorporó los Ghost-X y C-100 para reconocimiento, vigilancia y adquisición de blancos a nivel de compañía. El Cuerpo de Marines amplió la experimentación con la munición merodeadora Altius-600, mientras la Fuerza Aérea añadió el Enterprise Test Vehicle como plataforma modular para variantes de diseño y empleo, junto con otros sistemas marítimos y de ataque de largo alcance clasificados.
Con esa selección, la cartera dejó claro que no perseguía una nube homogénea de aparatos idénticos. Buscaba un conjunto mixto de observadores a baja cota, municiones merodeadoras, vehículos de superficie y plataformas de prueba capaces de compartir tareas, sensores y cargas útiles en una misma campaña. La diversidad no operaba como una suma dispersa, sino como una forma de repartir funciones, multiplicar opciones tácticas y sostener la operación cuando una parte del sistema sufriera bajas.

La pieza decisiva llegó una semana después, el 20 de noviembre de 2024, cuando DIU adjudicó contratos que daban sentido al enjambre mixto. ORIENT atacó el problema del mando y control resiliente; ACT, el de la coordinación automática de cientos o miles de activos no tripulados en varios dominios. El efecto buscado consistía en unir comunicaciones de largo alcance con redes en malla y mantener la operación en entornos desconectados, intermitentes o de bajo ancho de banda.
Gracias a esa capa lógica, la colaboración heterogénea entre sistemas distintos dejó de depender de enlaces estables. El dron oceánico pasó a actuar como sensor y nodo dentro de la misma trama táctica que un dron aéreo. Esa relación materializó la conexión central del programa: aire y mar ya no figuraban como líneas paralelas de compra, sino como partes de una sola arquitectura operativa, apta para campañas con presión electrónica y con ritmos de reposición rápidos.
Replicator 2 reutilizó el método y confirmó el legado de Replicator
Desde septiembre de 2024, la maquinaria creada para Replicator empezó a reutilizarse en Replicator 2, orientado a derrotar pequeños drones que amenazan instalaciones críticas y concentraciones de fuerza. Esa extensión del método mostró que la primera fase había reunido plataformas y también procedimientos de compra, enlace y escala para sistemas no tripulados de distintos dominios. La experiencia inicial sirvió así como base para una respuesta más amplia frente a amenazas aéreas de menor tamaño.
El 11 de enero de 2026, esa segunda fase registró su primera compra con dos sistemas DroneHunter F700 y con entrega prevista para abril. Ese dato ofreció un cierre provisional para leer la trayectoria del programa. Más que una sucesión de anuncios, Replicator mostró una capacidad institucional para mover adquisiciones, conectar medios diversos y fijar una continuidad entre la primera fase, centrada en integrar dominios, y la segunda, dirigida a derrotar drones pequeños.

Al mirar la primera etapa en conjunto, lo que queda no es un catálogo parcial de plataformas aéreas y marítimas. También permanece un método para adquirir, enlazar y escalar sistemas no tripulados de dominios distintos dentro de una sola arquitectura operativa. Esa forma de organización permitió pasar de aparatos sueltos a capas conectadas, con una lógica que prioriza series repetibles, coordinación táctica y operación útil aun cuando los enlaces sufran degradación.
Por eso, la unión entre drones oceánicos y aéreos no quedó en la retórica del enjambre. Quedó inscrita en los contratos, en los programas y en la propia forma de organizar la fuerza. A partir de esa base, Replicator definió una vía para combinar sensores, municiones merodeadoras, vehículos de superficie y plataformas de prueba dentro de campañas comunes, con costes más bajos y con una aceptación explícita de pérdidas y reposición rápida.