Irán ha impuesto un nuevo régimen de control sobre el estrecho de Ormuz que somete a los escasos buques que lo atraviesan a permisos previos, rutas alternativas y tarifas obligatorias, una medida conocida en la industria marítima como el “Peaje de Teherán”.
La decisión se adoptó tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. Como parte del alto el fuego negociado con Washington este mes, Teherán comunicó a los mediadores que restringiría el paso diario a alrededor de una docena de buques y cobraría peajes. El presidente Trump ha señalado que el acuerdo exige la apertura completa del estrecho.
Armadores de Grecia, China, India y Pakistán negocian los cruces con el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos (CGRI), el poderoso grupo paramilitar iraní, según corredores y operadores navieros. Los pagos, que deben acordarse con antelación, alcanzan hasta los$2 millones para los superpetroleros más grandes. Los buques iraníes quedan exentos.
Las embarcaciones autorizadas navegan por un corredor al norte del canal habitual, entre las islas Qeshm y Larak, y se mantienen cerca de la costa iraní hasta entrar en las aguas abiertas del golfo de Omán.
El tráfico habitual en tiempos de paz alcanzaba los 130 buques diarios por la ruta central del estrecho. Ahora se ha reducido a un goteo.
Al menos 25 buques han sido alcanzados por Irán, matando hasta 13 marineros. Las naves que cruzan se convierten en blancos fáciles para lanchas rápidas armadas del CGRI, drones u otros proyectiles explosivos disparados desde la costa. Irán afirmó haber minado el estrecho, haciendo que la navegación sea peligrosa.
Los buques solo cruzan después de negociaciones con el CGRI y transitan por aguas iraníes en la ruta norte. Entre ellos figuran petroleros que transportan crudo iraní a China, cargueros de gas licuado de petróleo (GLP) con destino principal a India y transportadores de granel seco que llevan soja, maíz y arroz a Irán.