El dron naval de REGENT completó en Rhode Island su primer vuelo autorizado y apunta a ISR, logística táctica y apoyo antisubmarino en costas disputadas.
Squire busca cubrir vacíos operativos en litorales disputados
Tras la prueba efectuada el 13 de abril de 2026 en la bahía de Narragansett, con autorización de la Guardia Costera de Estados Unidos, REGENT situó a Squire como una plataforma de alta velocidad para misiones litorales sin pista. El anuncio, difundido desde North Kingstown después del permiso para operar también en Rhode Island Sound, coincidió con la evaluación que mantiene el Cuerpo de Marines sobre conceptos de seaglider aplicados a operaciones distribuidas.
En ese marco, la propuesta responde a un problema que preocupa a la fuerza conjunta cuando necesita sostener destacamentos dispersos en espacios marítimos donde puertos, carreteras, aeródromos y nodos logísticos fijos pueden faltar, quedar bajo amenaza o haber sufrido ataques. La utilidad de Squire se vincula así con ISR, logística táctica y apoyo antisubmarino a pequeñas unidades desplegadas en zonas costeras, sobre todo en escenarios donde la infraestructura preparada no está disponible.
REGENT ubica a Squire entre un buque de superficie no tripulado y un UAV, por lo que lo encuadra como un USA-V, o Vehículo de Superficie y Aéreo No Tripulado. El aparato navega primero sobre su casco, acelera después sobre hidroalas y pasa luego al vuelo de efecto suelo. Ese perfil aprovecha el colchón de aire denso sobre el agua para generar sustentación con más eficiencia que una aeronave convencional a igual altitud.
Según la empresa, la familia de seagliders descansa en sistemas digitales de control de vuelo que buscan resolver la inestabilidad que limitó a los antiguos conceptos WIG, entre ellos los ekranoplanos soviéticos. El resultado es una plataforma que combina rasgos navales y aeronáuticos dentro de una misma arquitectura. Esa combinación explica el interés militar por un vehículo capaz de moverse con rapidez sobre el mar sin depender de una pista tradicional.
Datos clave del seaglider militar Squire
- Cuenta con una carga útil de 50 libras, un alcance de 100 millas náuticas y una velocidad máxima de 70 nudos.
- Alcanza 35 nudos sobre hidroalas, mide 13 pies de largo y tiene una envergadura de 18 pies.
- Su bodega interna mide 14 por 12 por 14 pulgadas y ofrece 2.400 pulgadas cúbicas de volumen de misión.
- Puede despegar y aterrizar con un estado de mar de 2 pies y operar sobre el agua en condiciones marítimas muy amplias.
La arquitectura modular define su empleo táctico en el mar
Aunque REGENT no ha informado de armamento orgánico para el demostrador y en el material oficial no aparecen misiles, torpedos ni un sistema de cañón, la utilidad militar del aparato se apoya en su arquitectura modular de cargas útiles. Esa base permite integrar sensores EO/IR para ISR marítimo, paquetes logísticos con suministros médicos, munición, baterías o equipos de comunicaciones, además de módulos antisubmarinos vinculados con redes de sensores y vehículos no tripulados.
Dentro de las tareas de ISR, Squire aparece como un explorador adelantado capaz de actualizar el cuadro operacional común sobre el mar mientras permanece por debajo del radar de línea de visión, de acuerdo con el concepto presentado por REGENT. En apoyo antisubmarino, su función no consiste en ejecutar el ataque, sino en detectar contactos, ampliar la red de sensores, desplegar sonoboyas y transferir la información a plataformas con mayor persistencia o capacidad cinética.
El principal valor operativo se concentra en el apartado logístico. Las 50 libras de carga no reemplazan a helicópteros, lanchas de desembarco ni UAV del Grupo 5, pero sí permiten transportar materiales que pueden alterar la capacidad de combate de un destacamento avanzado. Entre ellos figuran productos sanguíneos, repuestos urgentes, cargas de cifrado, paquetes médicos, baterías, pequeños sistemas no tripulados, componentes especializados de municiones y herramientas de reparación.
Al partir desde el agua y no desde infraestructura aeronáutica preparada, el sistema encaja con la lógica expedicionaria de los Marines para actuar desde puntos costeros austeros, pequeñas ensenadas y terreno marítimo distribuido. REGENT identifica también la búsqueda y rescate como un empleo plausible. Según la firma, Squire puede ejecutar patrones automáticos de búsqueda marítima, localizar supervivientes, entregar equipo de salvamento y guiar a los medios de rescate que arriben después.
El reto pasa ahora por validar su madurez militar y operativa
REGENT presenta a Squire como el elemento más pequeño de una familia de sistemas más amplia. La empresa desarrolla variantes Viceroy de mayor tamaño, incluida una versión eléctrica autónoma con 3.500 libras de carga útil, 160 millas náuticas de alcance y 160 nudos de velocidad, además de un modelo híbrido tripulado con la misma carga, 1.400 millas náuticas de alcance y 160 nudos. Así, Squire ocupa el extremo táctico de una arquitectura escalable.
En el plano programático, la compañía asegura que ya reúne$15 millones en contratos con el Cuerpo de Marines y afirma que la experimentación del servicio ha incluido entregables técnicos, juegos de guerra y desarrollo conceptual. REGENT añade que un juego de guerra del Global Expeditionary Logistics Symposium consideró críticos a los seagliders para el éxito de la misión y les atribuyó una mejora del 40 por ciento en los tiempos de preparación del teatro.
Esas cifras, sin embargo, siguen como afirmaciones de la industria a la espera de una validación gubernamental más amplia. El interés militar por este perfil de menor firma se concentra sobre todo en el Indo-Pacífico y en otros teatros donde la vigilancia enemiga, los fuegos de largo alcance y las estrategias de antiacceso complican los modelos logísticos tradicionales. En ese contexto, Squire destaca menos por el volumen de carga que por mover paquetes críticos a 70 nudos.
La etapa siguiente ya no depende de probar que puede volar, sino de verificar su madurez como sistema militar resiliente, con autonomía segura, enlaces de datos marítimos robustos, ciclos fiables de lanzamiento y recuperación e interfaces de carga útil reconfigurables en campaña. Si supera esas pruebas, podría consolidarse como un conector táctico para las últimas 50 a 100 millas náuticas de costa disputada; de lo contrario, quedará como una propuesta de nicho.