Tras su primer vuelo y un contrato con Indonesia, el KAAN avanza como apuesta turca, aunque su escala, madurez y alcance distan del F-35.
La ruptura con el F-35 empujó a Turquía a acelerar el programa KAAN
Cuando el KAAN voló por primera vez en Ankara el 21 de febrero de 2024, el programa dejó atrás la etapa de maqueta y entró en una fase visible de pruebas. Diecisiete meses después, Turkish Aerospace formalizó en Estambul la exportación de 48 aparatos a Indonesia. Esa secuencia sugiere un progreso importante, pero el marco de comparación impone otro criterio, porque el referente turco no es un avión aislado, sino un sistema ya desplegado a escala global.
Desde que Turquía lanzó el proyecto TF-X en 2016 y vinculó a BAE Systems al desarrollo un año más tarde, el plan había avanzado con ambición propia. Sin embargo, la expulsión de Ankara del programa F-35 por la compra del sistema ruso S-400 y las sanciones activadas en 2020 alteraron el sentido del proyecto. A partir de ese punto, KAAN pasó de promesa tecnológica a respuesta política, industrial y operativa frente a una carencia concreta.

Mientras Ankara mantenía la compra de 40 F-16 y 79 kits de modernización, el propio ministerio de Defensa turco admitió en 2025 que continuará con sistemas adquiridos en el exterior hasta que comiencen las entregas del caza nacional. Esa cronología aclara la presión que pesa sobre el programa. KAAN no nació desde una posición de abundancia, sino para cubrir el vacío que dejó la ruptura con el avión que Turquía había contribuido a fabricar.
Las ambiciones técnicas del KAAN no bastan para igualar al F-35
Según Turkish Aerospace, el KAAN presenta una longitud de 20,3 metros, una envergadura de 13,4 y un peso máximo al despegue de 34.750 kilos. La empresa también atribuye al aparato dos motores de 29.000 libras de empuje cada uno, velocidad máxima de Mach 1,8, bodegas internas, baja observabilidad, fusión de sensores, sistema integrado de radiofrecuencia, sistema electroóptico, unidad de procesamiento integrada, gran pantalla de cabina y casco con presentación de datos.
Ese vocabulario técnico no aparece por casualidad, porque reproduce casi palabra por palabra el lenguaje doctrinal que consolidó al F-35 como referencia de la quinta generación. Menor firma detectable, mayor integración de información y capacidad para entrar, golpear y compartir datos dentro de una red resumen esa aspiración. El KAAN quiere hablar ese mismo idioma, pero una coincidencia terminológica no equivale por sí sola a una equivalencia operativa entre ambos sistemas.

En el programa estadounidense, la baja observabilidad forma parte de una familia de tres variantes con aviónica integrada. El F-35A cubre operaciones convencionales, el F-35B añade despegue corto y aterrizaje vertical, y el F-35C se adapta a portaaviones. Esa arquitectura combina sensores de última generación, fusión de datos e intercambio de información entre dominios tácticos, con el rasgo decisivo de que las tres versiones ya han completado misiones de combate.
Claves técnicas y operativas de la comparación
- El KAAN se desarrolla como un caza nacional de una sola configuración.
- El F-35 opera como una familia de tres variantes con funciones diferenciadas.
- Los vuelos iniciales del KAAN usaron motores General Electric F110, de la familia del F-16.
- Turquía prevé incorporar motores nacionales en la producción de serie a partir de 2028.
- El F-35 ya acumula entregas masivas, experiencia de combate y una red logística internacional.
La escala industrial y digital amplía la distancia entre ambos cazas
Cuando el prototipo del KAAN inició sus vuelos, lo hizo con dos motores General Electric F110, pertenecientes a la misma familia que impulsa varias versiones del F-16. Ankara mantiene el objetivo de integrar motores de fabricación nacional en la producción de serie, aunque en julio de 2025 las previsiones situaban esa fase en 2028. Además, la venta a Indonesia se formalizó antes de la consolidación de una línea de suministro estable.
En el caso del F-35, la base industrial ya funciona con una cadencia sostenida y una masa crítica difícil de replicar. Lockheed Martin suministró 191 unidades durante 2025 y el programa alcanzó aproximadamente 1.300 aparatos en servicio activo. A eso se sumó el acuerdo para los lotes 18 y 19, con una producción de hasta 296 aeronaves por un valor de$24.000 millones. KAAN no compite con un diseño incipiente, sino con una estructura consolidada.

La diferencia decisiva tampoco reside solo en el fuselaje, los motores o las bodegas internas, porque el núcleo más exigente aparece en el software, la integración de sistemas y la actualización continua. Según la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos, el bloque 4 del F-35 elevó su coste estimado de 10.600 a$16.500 millones, mientras el paquete TR-3 sufrió retrasos por fallos en procesadores, sensores y estabilidad del software.
Incluso con una flota operativa, una cadena de suministro asentada y experiencia de combate, el F-35 todavía afronta dificultades para consolidar sus capacidades más avanzadas, ya que la versión simplificada del bloque 4 quedó desplazada hasta 2031, cinco años después de la previsión inicial. Esa referencia permite medir el umbral técnico real. KAAN puede aproximarse a una configuración externa comparable, pero reproducir la complejidad digital del sistema estadounidense exige otra escala industrial.
La red internacional del F-35 sitúa al KAAN en otra categoría operativa
La comparación pierde fuerza cuando se examina el ecosistema operativo completo, debido a que el F-35 integra 51 bases, más de 3.370 pilotos y 20.530 especialistas de mantenimiento dentro de una comunidad que comparte procedimientos técnicos, doctrina y soporte logístico. Esa dimensión colectiva no depende solo del avión, sino del entramado de usuarios, centros de apoyo y experiencia acumulada que acompaña al programa desde hace años.

Frente a ese modelo, Turquía todavía administra varias alternativas para cubrir carencias que el KAAN no resuelve por ahora. Entre ellas figuran la adquisición de F-16, las negociaciones por el Eurofighter y las gestiones para una posible reincorporación al programa F-35, siempre condicionada a la resolución de la guerra abierto por el sistema S-400. La coexistencia de esas vías confirma que el caza turco aún no cubre las necesidades operativas inmediatas.
A partir de esos datos, el valor del KAAN aparece con mayor precisión cuando se evita la equiparación directa con el F-35. Turquía ha completado el vuelo de su primer caza nacional, ha definido un perfil exportable, ha firmado un contrato con Indonesia y ha proyectado una arquitectura con baja detectabilidad, bodegas internas y fusión de sensores. Ese avance puede convertirlo en un activo relevante, pero no en un equivalente funcional del sistema estadounidense.