Washington evalúa retomar la estrategia de la Guerra de los Petroleros en el estrecho de Ormuz ante un complejo escenario de conflicto regional.
El estrecho de Ormuz concentra una tensión mayor que en los 80
Aunque Washington sopesa retomar en el estrecho de Ormuz un esquema parecido al de la llamada Guerra de los Petroleros, hoy enfrenta un escenario mucho más complejo. Por ese paso circula, en tiempos de paz, el 20 por ciento del petróleo y del gas natural que se comercializan en el mundo. A esa importancia estratégica se suma que Estados Unidos ya no aparece como un garante externo, sino como una potencia que participa de la guerra.
En ese contexto, Donald Trump afirmó esta semana que ordenó a las fuerzas armadas de su país disparar contra pequeñas embarcaciones iraníes. Estados Unidos ya aplicó en años recientes escoltas más limitadas a barcos atacados en el mar Rojo, pero Ormuz presenta una escala distinta. Allí pesa el valor comercial del corredor y también la posibilidad de que un incidente altere de inmediato la percepción de seguridad entre navieras, aseguradoras y mercados energéticos.
La dificultad excede el plano operativo porque tampoco resulta evidente que las navieras internacionales acepten como protección suficiente la cobertura de la Marina estadounidense en una zona donde Washington combate. Esa desconfianza potencial aparece acompañada por la experiencia de la Guardia Revolucionaria de Irán, que durante años recurrió a pequeñas embarcaciones civiles adaptadas con fines militares para compensar las sanciones que limitan su acceso a buques de guerra más sofisticados.
Según el texto, esas tácticas son bien conocidas por la Marina estadounidense. Durante años, la Guardia utilizó embarcaciones del tamaño de pequeños pesqueros para seguir a los portaaviones de Estados Unidos cada vez que cruzaban el estrecho. En lugar de aparejos de pesca, esos barcos suelen llevar ametralladoras pesadas de la era soviética en la proa y un pequeño lanzacohetes en la parte superior, una combinación simple, pero eficaz en acciones de hostigamiento.
Datos clave sobre la presión iraní en Ormuz
- Por el estrecho circula, en tiempos de paz, el 20 por ciento del petróleo y del gas natural comercializados en el mundo.
- Irán capturó esta semana dos buques de carga con lanchas patrulleras y abordajes con fusiles de asalto.
- La Guardia Revolucionaria mantiene capacidad para cerrar de hecho el estrecho con recursos limitados.
- Un solo misil, un dron o una embarcación suicida bastaría para reinstalar el temor en la ruta marítima.
El antecedente de Earnest Will expone límites y costos severos
El precedente que reaparece en el debate surgió durante la guerra entre Irak e Irán en la década de 1980. Irak atacó primero la infraestructura petrolera iraní y los petroleros en el Golfo Pérsico. Después, Irán respondió con una campaña sostenida contra barcos de la región y con la colocación de minas navales. Ese intercambio convirtió el tráfico marítimo en un frente central de una guerra que ya dañaba el equilibrio energético mundial.
Según el Instituto Naval de Estados Unidos, Irak atacó a más de 280 embarcaciones, frente a 168 alcanzadas por Irán. Aun así, las minas iraníes provocaron fuertes trastornos. En ese marco, Washington, que apoyaba al régimen de Saddam Hussein con inteligencia, armas y otra asistencia, puso en marcha la Operación Earnest Will. El plan consistió en escoltar petroleros kuwaitíes, que pasaron a navegar bajo bandera estadounidense para reforzar su protección política y militar.
La operación, sin embargo, estuvo lejos de resultar limpia o exenta de daños. El superpetrolero kuwaití Bridgeton chocó con una mina pese a la escolta estadounidense al comienzo del despliegue. Un ataque con misiles iraquí contra el USS Stark causó la muerte de 37 marineros. Otro ataque iraní con minas hirió a 10 tripulantes del USS Samuel B. Roberts, mientras otro error elevó aún más el costo humano del operativo.
Estados Unidos confundió entonces a un avión comercial con un caza y derribó el vuelo 655 de Iran Air, con 290 personas a bordo. Pese a esos episodios, la campaña permitió escoltar con éxito alrededor de 70 convoyes en la región. Aun así, varios analistas sostienen que ese antecedente no ofrece una receta trasladable al presente porque el equilibrio militar, la tecnología disponible y el marco político de la operación han cambiado de forma profunda.
La guerra actual complica una misión que Europa no quiere asumir
Para repetir hoy aquel modelo, Estados Unidos tendría que montar un cordón capaz de resistir sin fisuras en uno de los corredores más sensibles del planeta. El problema, según varios analistas, radica en que un solo misil iraní, un dron o una embarcación suicida bastaría para restaurar el temor que domina el estrecho. Esa vulnerabilidad altera por completo la lógica de una escolta y reduce su valor disuasivo frente a amenazas asimétricas.
Torbjorn Soltvedt, analista de Verisk Maplecroft, sostuvo que la comparación con la Guerra de los Petroleros deja ver una diferencia decisiva: la evolución de la tecnología militar volvió mucho más difícil asegurar una vía marítima. A su juicio, el problema seguirá abierto mientras no exista un acuerdo o mientras Estados Unidos no reduzca de forma significativa la capacidad iraní para lanzar lanchas rápidas, drones y misiles de corto alcance contra objetivos navales.
Esa evaluación ayuda a explicar por qué los países europeos, pese a la presión de Trump, dijeron que no participarán en una misión de escolta hasta el final de la guerra. Tom Duffy, exdiplomático estadounidense y exoficial naval, afirmó que la diferencia con los años 80 no se limita al plano militar. También alcanza a la definición política de la operación, porque la administración Reagan actuó con objetivos más concretos dentro del marco de la Guerra Fría.
Según Duffy, los objetivos estadounidenses actuales cambiaron varias veces y abarcan desde un cambio de régimen hasta metas maximalistas. En los últimos años, la Marina ya dio protección limitada a buques en el mar Rojo frente a ataques de los hutíes de Yemen, aliados de Irán. Esas operaciones derivaron en el combate naval más intenso desde la Segunda Guerra Mundial. Forzar la seguridad de la navegación en Ormuz podría empujar una confrontación de intensidad semejante. :contentReference[oaicite:0]{index=0}