La Marina de Estados Unidos solicita mil millones de dólares para comprar misiles antibuque de largo alcance con el fin de reforzar su ofensiva.
La compra prevista para 2027 consolida una apuesta antibuque
Con una solicitud de casi $1.000 millones para el año fiscal 2027, la Marina de los Estados Unidos quiere adquirir 177 Misiles Antibuque de Largo Alcance. El documento Procurement Programs P-1 recoge 906,845 millones para ese lote, con 670,456 millones en financiación discrecional y 236,389 millones en financiación obligatoria. Esa cifra sitúa al LRASM en el centro de una capacidad ofensiva contra buques enemigos.
Como el volumen previsto no surge de forma aislada, la secuencia de compras de los últimos ejercicios muestra una pauta sostenida. En el año fiscal 2026, la Marina adquirió 200 LRASM por $1.006 millones, con 136 financiados mediante asignaciones discrecionales promulgadas y otros 64 bajo el plan de gasto FY2026 PL 119-21. En 2025, la compra fue de 164 unidades por $597,53 millones.
Al repetirse pedidos elevados durante varios años, el servicio deja ver un cambio de escala en su capacidad antibuque. Ya no se trata solo de un recurso especializado y limitado, sino de un inventario más amplio, apto para sostener operaciones repetidas en escenarios disputados. En ese marco, la cantidad disponible, la supervivencia del misil y su alcance de ataque pueden pesar tanto como el número de buques desplegados.

Cuando imagina un conflicto naval de alta intensidad, la Marina parte de un entorno saturado por sensores de largo alcance, defensas antiaéreas, guerra electrónica, señuelos y sistemas antiacceso. En ese espacio, busca armas que puedan lanzarse desde distancia segura, alcanzar el área de combate y atacar aun con redes de comunicación, GPS o apoyo ISR degradados. Esa necesidad explica el peso presupuestario que hoy recibe el LRASM.
Claves de la solicitud y del ritmo de compras
- La Marina pide 177 LRASM para 2027 por$906,845 millones.
- El monto incluye 670,456 millones en financiación discrecional y 236,389 millones en financiación obligatoria.
- En 2026 adquirió 200 misiles por$1.006 millones.
- En 2025 compró 164 unidades por$597,53 millones.
Las características del LRASM refuerzan su valor en combate naval
Porque el eventual teatro de operaciones puede sufrir una fuerte perturbación electrónica, el valor operativo del LRASM no depende solo de su alcance o de su carga explosiva. Lockheed Martin lo define como un misil antibuque inteligente, guiado con precisión y diseñado para interceptar amenazas de superficie a muy largo alcance de forma semiautónoma. Su combinación de furtividad, sensores a bordo, autonomía y resistencia frente a redes degradadas sostiene esa función.
Si la cadena de adquisición de objetivos pierde solidez, el sistema está concebido para localizar y golpear blancos de superficie defendidos. Esa capacidad importa en un combate donde las comunicaciones pueden interrumpirse y el apoyo externo puede reducirse. Cuando una fuerza conserva la aptitud de hallar y destruir buques de guerra bajo esas condiciones, mantiene una ventaja táctica y operativa relevante frente a un adversario que depende más de redes frágiles.

Aunque el documento presupuestario no menciona a un rival concreto, el marco estratégico de referencia se sitúa en el Indo-Pacífico. El informe del Pentágono de 2025 sobre China sostiene que el esfuerzo militar de Pekín se concentra en la Primera Cadena de Islas, desde el archipiélago japonés hasta la península malaya. Esa región abarca el estrecho de Taiwán, el mar de China Oriental, el mar de China Meridional y los accesos a aliados y socios de Washington.
Dentro de ese escenario, el LRASM aparece como una herramienta apta para amenazar fuerzas navales de superficie que operen bajo cobertura de misiles costeros, defensas antiaéreas y vigilancia de largo alcance. Al buscar una capacidad de negación ofensiva del mar a gran distancia, la Marina trata de preservar márgenes de acción en un espacio donde el adversario intentaría cerrar accesos, limitar movimientos y desgastar a fuerzas estadounidenses o aliadas desde capas defensivas superpuestas.
La integración en más plataformas amplía el ataque marítimo conjunto
Mientras el misil gana peso en la planificación naval, su expansión también alcanza a las plataformas de lanzamiento. El LRASM ya está vinculado al F/A-18E/F Super Hornet y a la fuerza de bombarderos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. A eso se suma su futura integración en el F-35, una evolución que amplía el concepto de ataque marítimo distribuido y ofrece más opciones para golpear desde varios ejes.
Según informó Lockheed Martin en marzo de 2025, la empresa completó una prueba inicial de vuelo con el LRASM integrado en el F-35B. Ese avance siguió a una prueba con el F-35C realizada en septiembre de 2024. La integración de los sistemas de ataque AGM-158 para transporte externo forma parte de la actualización Block 4 del F-35, lo que extiende la utilidad del misil dentro de una arquitectura conjunta más flexible.

Cuando aviones furtivos pueden asumir misiones antibuque y las alas aéreas embarcadas amplían su alcance, la defensa del adversario se vuelve más compleja. La posibilidad de lanzar ataques desde varios vectores refuerza la capacidad de negar el uso del mar a buques de alto valor. Esa flexibilidad complica la respuesta enemiga y también eleva la presión sobre sus recursos de detección, interceptación y defensa en profundidad.
Dentro de esa arquitectura conjunta, la Marina ya no trata al LRASM como una capacidad de nicho. Después del pedido de 200 misiles en 2026 y con la solicitud de 177 unidades para 2027, el sistema aparece como una pieza central del inventario de guerra. El presupuesto deja una señal clara: Washington quiere un arsenal antibuque más profundo para sostener la disuasión o imponerse en una guerra naval prolongada.
La señal industrial del presupuesto busca ampliar capacidad y reservas
Como la compra de misiles no depende solo de la demanda operativa, el componente industrial pesa en la decisión presupuestaria. La Marina señala que su solicitud total de adquisición de armamento asciende a $22.600 millones e incluye fuertes inversiones en municiones. Según funcionarios del servicio, la intención es maximizar la producción de capacidades que ya están en uso y transmitir a la base industrial una señal de demanda sostenida.
En el caso de los misiles de crucero, esa lógica resulta sensible por la dependencia de buscadores especializados, motores, cabezas de guerra, electrónica, materiales energéticos, instalaciones de prueba y mano de obra cualificada. Al mantener durante varios años compras elevadas de LRASM, la Marina no solo incrementa las reservas disponibles. También da a la industria margen para ampliar capacidad antes de que una crisis imponga urgencias y condiciones más difíciles.

Ese esfuerzo reduce además el riesgo de pausas operativas asociadas a ritmos de producción insuficientes. La propia estructura del presupuesto muestra que el LRASM forma parte de un diseño más amplio, con inversiones relevantes en misiles Standard, Tactical Tomahawk, Naval Strike Missile, interceptores Patriot PAC-3, Rolling Airframe Missile y Evolved Sea Sparrow Missile. El conjunto refleja una flota que se prepara para defenderse, interceptar amenazas y destruir buques enemigos.
Al observar esa combinación de sistemas, se aprecia que la Marina intenta equilibrar defensa antiaérea, ataque terrestre y guerra antibuque dentro de una misma planificación. En ese esquema, el LRASM ocupa un papel cada vez más definido: negación ofensiva del mar a largo alcance contra combatientes de superficie en escenarios de máxima disputa. La profundidad del arsenal pasa así a ser un factor decisivo para sostener campañas prolongadas y preservar la iniciativa.