La Dirección General del Armamento de Francia formalizó el 23 de abril un programa para convertir su cohete de 68 mm en un arma antidron guiada por láser, con pruebas de vuelo en junio y despliegue operativo en meses.
El impulso vino del combate real. A comienzos de 2026, cuatro helicópteros Tiger y seis cazas Rafale desplegados en Emiratos Árabes Unidos interceptaron drones Shahed iraníes que volaban a baja cota, entre 150 y 190 km/h, con firmas radar reducidas y trayectorias previsibles. Los Tiger usaron el cañón GIAT 30M 781 de 30 mm —cadencia de 720 disparos por minuto, alcance efectivo de 2.500 metros— en las primeras interceptaciones confirmadas de la plataforma. Los Rafale abatieron objetivos con misiles MICA a corta distancia, guiados mediante la pantalla frontal y el pod TALIOS.
Esos enfrentamientos dejaron al descubierto un desequilibrio de costos difícil de sostener. Francia empleó misiles MICA valorados entre 600.000 euros y un millón de dólares por unidad para abatir drones estimados entre 20.000 y 50.000 dólares, una relación de intercambio de entre 20 a 1 y 50 a 1, especialmente problemática en escenarios de saturación. El cañón reduce ese costo, pero obliga a acercarse a 2,5 kilómetros y mantener una geometría de tiro estable. Entre ese límite y los 5 kilómetros donde empiezan las defensas interiores quedaba un hueco sin respuesta rentable.
El nuevo cohete apunta a ocuparlo. La referencia técnica es el Aculeus LG: 1,4 metros, 8,8 kilogramos, guiado láser semiactivo y alcance máximo de 5 kilómetros. Su vuelo combina una fase de propulsión de aproximadamente un segundo, seguida de trayectoria balística y corrección terminal hacia el blanco designado. El costo unitario estimado ronda entre 25.000 y 40.000 dólares. El sistema contempla variantes de ojiva de fragmentación y configuraciones específicas para misiones antidron, con encendido y programación por inducción a través de la interfaz del lanzador antes del disparo.

La ventaja no es solo económica. Según los datos del programa, una munición guiada multiplica por 35 la probabilidad de destrucción respecto a su equivalente no guiada. Sin guiado, derribar un UAV pequeño exige disparar en salvas a menos de 1,5 kilómetros, con entre 5 y 20 cohetes por blanco sin garantía de impacto. Con guiado láser, el consumo se reduce a una ronda por objetivo, el alcance de combate sube de 1-2 kilómetros a 5, y la distancia de seguridad se amplía un 150%. Una carga de 24 cohetes guiados puede traducirse en 24 blancos destruidos; la misma carga sin guiado, en apenas entre uno y tres.
La integración está prevista en el Rafale, con el lanzador Telson 12 JF —dos pods de 12 cohetes, 24 municiones por aeronave— y designación láser mediante el pod TALIOS, y en el Tiger, que ya es compatible con cohetes de 68 mm y puede usar lanzadores de 22 tubos para sostener mayor cadencia en misiones prolongadas. Ambas plataformas permiten además combinar distintos tipos de ojiva en un mismo lanzador y adaptar la carga a la misión.
El programa avanzó a ritmo de guerra. Las órdenes industriales se emitieron en menos de 48 horas y la instalación de enlaces de datos Link 16 en los Tiger —necesaria porque la plataforma carece de radar aire-aire propio y depende del seguimiento electroóptico y de redes como Link 16— se completó en menos de tres semanas, frente a ciclos habituales de 12 a 18 meses. En paralelo se probó con éxito la integración del misil Mistral 3 en el Tiger, sumando otra opción desde la misma plataforma. La coordinación recae en el centro antidron CERLAD, con apoyo de las instalaciones de DGA Essais de missiles en Landes y Levant y de DGA Essais en vol para la integración en vuelo.