Desde 2018, el F-35 ha sumado operaciones reales con Israel, Estados Unidos y Reino Unido en varios frentes. Ningún caza de quinta generación muestra una trayectoria pública comparable.
El uso real del F-35 se consolidó en varios frentes desde 2018
Cuando Israel confirmó en mayo de 2018 que había usado el F-35 en operaciones reales, el programa dejó atrás la fase simbólica y abrió una secuencia sostenida de empleo bélico. Ese estreno quedó asociado a ataques en dos frentes de Oriente Medio y fijó un punto de partida que luego ampliaron fuerzas israelíes, estadounidenses y británicas. Desde entonces, el avión pasó de una primera incursión conocida a una presencia reiterada en campañas reales.
La primera prueba estadounidense llegó el 27 de septiembre de 2018, cuando un F-35B de los Marines atacó un objetivo talibán en Afganistán durante la operación Freedom’s Sentinel. Esa salida confirmó el paso de la variante de despegue corto y aterrizaje vertical hacia una rutina operativa concreta. Dentro de ese mismo ciclo, el F-35B también participó en ataques contra el Estado Islámico en Siria, con lo que cerró el año activo en dos campañas distintas.
El siguiente hito quedó en manos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos el 30 de abril de 2019, cuando dos F-35A atacaron una red de túneles y un depósito de armas de ISIS en Wadi Ashai, Irak. Aquella misión expuso la lógica táctica del aparato en entornos de coalición, ya que combina furtividad con una arquitectura de sensores capaz de integrar y distribuir información con un alcance superior al de otros cazas del inventario estadounidense.

Con esa capacidad, el F-35 dejó de ser visto solo como una plataforma de ataque y asumió un papel de reconocimiento y coordinación dentro del campo de batalla. La combinación de baja observabilidad, sensores distribuidos y fusión automática de datos ofrece al piloto una imagen integrada del entorno, que además puede compartirse con otras plataformas. Esa ventaja técnica explica buena parte de su uso continuo en conflictos modernos y en operaciones de coalición.
Hitos de combate que ordenan la trayectoria pública del F-35
- Israel abrió el expediente operativo del F-35 en mayo de 2018 con ataques reales en dos frentes de Oriente Medio.
- Los Marines estrenaron al F-35B en combate el 27 de septiembre de 2018 en Afganistán y después lo emplearon también en Siria.
- La Fuerza Aérea de Estados Unidos llevó al F-35A al combate el 30 de abril de 2019 en Irak contra túneles y armas de ISIS.
- El Reino Unido usó sus F-35B sobre Siria e Irak en 2019 y desde el HMS Queen Elizabeth en 2021.
- Los F-35C del VMFA-314 entraron en combate en Yemen entre el 9 y el 10 de noviembre de 2024.
La experiencia multinacional amplió el alcance táctico del Lightning
Cuando el Reino Unido incorporó sus F-35B a misiones operativas sobre Siria e Irak en junio de 2019, el expediente del avión dejó de ser solo israelí y estadounidense. La cooperación con los Typhoon mostró que el aparato podía integrarse en esquemas aliados sin perder sus ventajas propias. Dos años más tarde, en junio de 2021, esa misma variante despegó desde el portaaviones HMS Queen Elizabeth para atacar objetivos de Daesh desde el mar.
Aquel paso resultó decisivo porque confirmó que el F-35 podía actuar fuera de bases terrestres e integrarse en un grupo aeronaval aliado con éxito. La familia Lightning trascendió así la campaña aérea clásica y asumió un rol expedicionario embarcado bajo un mando, una logística y una cultura operacional distintas a las estadounidenses. Esa adaptación reforzó la idea de un sistema versátil, apto para escenarios diversos y para usuarios con doctrinas operativas diferentes.

La secuencia quedó cerrada en noviembre de 2024, entre los días 9 y 10, cuando los F-35C del escuadrón VMFA-314 atacaron depósitos de armas hutíes en Yemen. Esos blancos almacenaban misiles antibuque y otros sistemas usados contra buques militares y civiles en el mar Rojo y el golfo de Adén. Con esa operación, la tercera variante del programa también entró en combate y completó la hoja de servicios de toda la familia.
Ese cierre tiene un peso especial porque ningún rival directo puede exhibir un arco semejante: el F-35B combate desde 2018, el F-35A desde 2019 y el F-35C desde 2024. No se trata de una sola versión con empleo limitado, sino de un programa completo con experiencia real. A esa continuidad se suma una base institucional amplia, con más de 1.325 aparatos, un millón de horas de vuelo y 51 bases operativas en el mundo.
El contraste con F-22, Su-57 y J-20 refuerza esa ventaja pública
Al comparar esta trayectoria con la del F-22, la diferencia no pasa por el valor militar del Raptor, sino por la amplitud de su historial público. Aunque entró antes en servicio como caza de superioridad aérea, no debutó en combate hasta 2014 en Siria con ataques contra objetivos terrestres. Su experiencia conocida quedó mucho más concentrada que la del F-35, cuya actividad bélica se reparte entre varias fuerzas, variantes y modos de despliegue.
La distancia también se aprecia frente al Su-57 y al J-20. Tras años de retrasos, el modelo ruso solo inició su producción en serie en 2022 y su recorrido bélico sigue siendo estrecho. Ese cuadro quedó además afectado por el incidente de junio de 2024, cuando Ucrania y fuentes rusas reportaron el primer impacto confirmado contra un aparato en tierra. En el caso chino, el J-20 sigue asociado sobre todo a patrullas y exhibiciones.

Por eso, la idea de que el historial de combate del F-35 no tiene rival entre los cazas de quinta generación no depende de propaganda ni de una simple comparación de fichas técnicas. La afirmación descansa en una cronología verificable: Israel abrió el expediente en 2018, los Marines lo llevaron a Afganistán y Siria ese mismo año, la Fuerza Aérea estadounidense añadió Irak en 2019 y el Reino Unido amplió después esa ruta operativa.
Para comienzos de 2026, el programa operaba con una escala que ya incluía 12 naciones usuarias y una flota cercana a 1.300 aparatos en servicio. Cuando una plataforma alcanza ese volumen y además sirve para ataque, escolta y circulación de información, los estados tienen más incentivos para usarla en combate real que para reservarla para ejercicios. Ningún otro caza de quinta generación combina hoy esa masa, esa dispersión aliada y esa continuidad pública.