La adhesión noruega amplía a cuatro naciones la fragata Type 26, eleva la interoperabilidad aliada y extiende un programa naval con 34 buques.
Noruega formaliza su entrada en la estructura naval aliada del Type 26
Tras su incorporación al esfuerzo común con Reino Unido, Canadá y Australia, Noruega pasa a coordinar sus futuros buques Type 26 dentro de una estructura aliada única. De ese modo, un diseño común de fragata se proyecta sobre una flota coordinada entre marinas asociadas, con más interoperabilidad, menor plazo de puesta en servicio y mayor capacidad antisubmarina en el Atlántico Norte y el Ártico, ante una actividad submarina cada vez más intensa.
El 27 de abril de 2026, Noruega firmó la Carta del Grupo de Usuarios del Global Combat Ship en Halifax y quedó integrada de forma oficial en la asociación ya formada por Reino Unido, Canadá y Australia. El programa suma un total nominal de 34 buques: ocho fragatas Type 26 británicas, hasta quince destructores clase River canadienses, seis fragatas clase Hunter australianas y al menos cinco unidades para la Marina Real Noruega.
Como antecedente de esa decisión, Oslo anunció en 2025 un plan de adquisición valorado en unas £10 mil millones para sustituir su flota de fragatas y ajustar su estructura de fuerzas a la de sus aliados del Atlántico Norte. Dentro de ese marco, el Grupo de Usuarios fija un mecanismo permanente de coordinación que abarca autoridad de diseño, estándares de construcción, itinerarios de formación y conceptos operativos comunes para las cuatro marinas.
Aunque cada país conserva sistemas de combate y perfiles de misión propios, el esquema de “tres programas, cuatro naciones” preserva un casco común y una coordinación regular sobre diseño, industria y formación. La adhesión noruega quedó rubricada por el capitán Alexander Erichsen, mientras el origen del programa se remonta a la iniciativa Global Combat Ship del ministerio de Defensa británico, formalizada en 2010 sobre la base del concepto Future Surface Combatant iniciado en 1998.
El diseño común reparte industria, costes y calendario entre aliados
Dentro de la arquitectura compartida, BAE Systems actúa como autoridad central de diseño para todas las variantes del Type 26 y mantiene la uniformidad estructural del casco, la propulsión y las interfaces de los sistemas principales. La construcción se distribuye entre astilleros nacionales: Reino Unido trabaja en Govan y Scotstoun, sobre el Clyde; Canadá produce en Irving Shipbuilding, en Halifax; y Australia lo hace en Osborne Naval Shipyard, con tres líneas separadas, pero coordinadas.
En el plano financiero, las ocho unidades británicas del Type 26 Batch 1 tienen un coste estimado de unas £1,31 mil millones por buque. Canadá asigna entre CA$69,8 y CA$77,3 mil millones a quince unidades, con un coste unitario más alto tras la integración completa de sistemas. Australia valora su clase Hunter entre A$35 y A$40 mil millones para seis buques, mientras Noruega prevé unas £10 mil millones para al menos cinco fragatas.
Si se observan los cuatro programas como un conjunto, el valor total estimado se sitúa entre $89,3 y $100,1 mil millones, lo que equivale a entre $2,62 y $2,95 mil millones por buque. Aunque la producción prioriza los primeros cascos británicos, las conversaciones han contemplado el desvío de una de esas unidades hacia Noruega para cumplir el objetivo de entrega alrededor de 2029, fecha que añade tensión a la secuencia industrial prevista.
Mientras el Reino Unido prevé incorporar al HMS Glasgow entre 2027 y 2028, Canadá y Australia colocan sus primeras entregas al inicio de la década de 2030, y Noruega aspira a recibir su primera unidad en torno a 2029. Ese escalonamiento temporal permite compartir experiencia, pero también expone diferencias de coste: Londres parte antes y con más estandarización, mientras Oslo entra después y afronta menores economías de escala en una producción ya secuenciada.
Datos clave del programa Type 26 entre las cuatro naciones
- El programa reúne 34 buques: 8 para Reino Unido, hasta 15 para Canadá, 6 para Australia y al menos 5 para Noruega.
- Noruega formalizó su ingreso el 27 de abril de 2026 con la firma de la Carta del Grupo de Usuarios en Halifax.
- El Reino Unido estima £1,31 mil millones por unidad, mientras Noruega reserva unas £10 mil millones para al menos cinco fragatas.
- El HMS Glasgow debería entrar en servicio entre 2027 y 2028, y las primeras entregas canadiense y australiana llegarían al inicio de la década de 2030.
- El coste total combinado de los cuatro programas se mueve entre $89,3 y $100,1 mil millones.
Las variantes del Type 26 combinan casco común y sistemas propios
En su configuración general, el Type 26 es una gran fragata antisubmarina de unas 8.000 toneladas a plena carga, con 149,9 metros de eslora y 20,8 metros de manga. Su propulsión Combined Diesel-Electric or Gas combina una turbina Rolls-Royce MT30, cuatro generadores diésel y dos motores eléctricos, solución que permite superar los 26 nudos, recorrer más de 7.000 millas náuticas en modo eléctrico y sostener un nivel acústico reducido en misiones de caza submarina.
A esa base se suma una dotación de 157 personas y capacidad de alojamiento para unas 208, con espacio para especialistas o destacamentos según la misión asignada. La capacidad aérea comprende un hangar para hasta dos helicópteros y una cubierta apta para operar con Chinook. En la variante británica, los sensores incluyen el radar 3D Type 997 Artisan, el sonar remolcado Sonar 2087 y el sonar de casco Type 2150 como núcleo de detección.
En el apartado de armamento, la configuración británica incorpora 48 misiles CAMM en lanzamiento vertical, un lanzador Mk41 de 24 celdas de longitud strike para misiles de crucero o antibuque, un cañón principal de 127 mm y sistemas de defensa cercana como Phalanx y montajes de 30 mm. A ese conjunto se añaden medidas de reducción de ruido radiado, rasgo decisivo para operaciones antisubmarinas en el Atlántico Norte y el Ártico.
Aunque el casco, la propulsión y la bahía de misión permanecen iguales en todas las variantes, cada marina elige su propio sistema de combate y conserva control nacional sobre esa selección. Reino Unido y Noruega priorizan la guerra antisubmarina; Australia integra Aegis, radares CEAFAR2, 32 celdas Mk41 adicionales y unas 8.800 toneladas; Canadá incorpora el radar AESA SPY-7 y misiles SM-2 y ESSM, con más capacidad antiaérea y aptitud para actuar como buque insignia.
La bahía de misión y la producción multinacional marcan el programa
Por su papel en el flanco marítimo septentrional de Europa, la entrada de Noruega responde a la necesidad de asegurar las líneas de comunicación del Atlántico y sostener el control aliado en el norte. Los buques han sido concebidos para despliegues de hasta 60 días sin reabastecimiento frecuente y pueden operar de forma independiente o dentro de grupos de tarea mayores, con funciones de guerra de superficie, interdicción marítima y defensa antiaérea según la variante.
En el centro del buque, la bahía de misión integrada admite varios contenedores ISO estándar, denominados PODs, y facilita la adaptación flexible del equipamiento sin reformas estructurales. Ese espacio puede recibir vehículos aéreos no tripulados, sistemas no tripulados de superficie y submarinos, módulos de contramedidas para minas, equipos de levantamiento hidrográfico, suministros de ayuda en desastres y medios para despliegue de embarcaciones, además de recursos para misiones navales de asalto.
Entre un despliegue y otro, esa disposición modular reduce la necesidad de plataformas especializadas y permite introducir mejoras tecnológicas a lo largo de la vida útil del buque, con menor riesgo de obsolescencia. En la ejecución del programa, el HMS Glasgow inició el corte de acero en julio de 2017 y ahora se espera su entrada en servicio entre 2027 y 2028, con retraso frente a proyecciones anteriores que fijaban una fecha más temprana.
Después del avance británico, Canadá inició módulos en junio de 2024 y pasó a producción plena en abril de 2025; Australia comenzó la construcción Hunter en junio de 2024 y prevé su primera entrega hacia 2032, con un retraso de cuatro años. El diseño común reduce costes de ingeniería y permite compartir pruebas, pero la integración separada de Aegis, SPY-7 y CEAFAR2 eleva el gasto total y deja economías de escala solo parciales.