La Fuerza Aérea de Estados Unidos planea adquirir más de 150 Aeronaves de Combate Colaborativo antes del año fiscal 2031, según el testimonio presupuestario presentado al Congreso el 29 de abril de 2026. La solicitud eleva la financiación del programa CCA de $891 millones aprobados para el año fiscal 2026 a 1.431 millones en el año fiscal 2027.
El dato sitúa al programa fuera de una fase puramente experimental. La Fuerza Aérea vincula ahora el desarrollo de aeronaves autónomas con la estructura de fuerza, la planificación de compras y la integración con cazas tripulados como el F-35, el F-22, el F-15EX y el futuro F-47. La cifra de más de 150 aparatos probablemente incluye unidades de producción inicial, aeronaves para experimentación operativa, entrenamiento y primeros escuadrones.
Troy Meink, secretario de la Fuerza Aérea, y el general Kenneth S. Wilsbach, jefe del Estado Mayor de la USAF, presentaron el CCA y el F-47 como prioridades de modernización. Ambos programas responden a una preocupación concreta: la fuerza táctica estadounidense necesita más volumen de combate sin depender únicamente de cazas tripulados, pilotos disponibles y costosos inventarios de misiles durante una guerra prolongada contra un adversario de capacidad similar.
Los CCA no están planteados como sustitutos directos de los cazas tripulados, sino como multiplicadores de fuerza. Su función prevista incluye portar misiles, actuar como plataformas ISR, operar como nodos de adquisición de blancos, apoyar misiones de guerra electrónica y servir como señuelos en entornos de defensa antiaérea disputada. En escenarios del Indopacífico, donde las distancias son extensas y las defensas chinas podrían imponer un alto consumo de armas, la Fuerza Aérea busca distribuir sensores, misiles y riesgos en más plataformas.
El programa se apoya en dos prototipos principales del Incremento 1. El YFQ-42A Dark Merlin, de General Atomics, deriva del XQ-67A Off-Board Sensing Station desarrollado para el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea. Su diseño prioriza autonomía, persistencia, cargas internas, baja observabilidad y arquitectura modular para facilitar producción y adaptación a distintas misiones. Las estimaciones citadas le atribuyen un radio de combate superior a 1.300 kilómetros en vuelo subsónico y capacidad para transportar misiles AIM-120 AMRAAM y sensores en bodega interna.
El YFQ-44A Fury, desarrollado originalmente por Blue Force Technologies y luego integrado por Anduril, responde a una lógica más cercana al combate aéreo táctico. Usa la arquitectura de autonomía Lattice de Anduril y un turbofán Williams FJ44-4M. Las estimaciones disponibles le atribuyen velocidad cercana a Mach 0,95, maniobra sostenida de 4,5 g, maniobra máxima de hasta 9 g, techo operativo de unos 15.200 metros y peso máximo bruto de despegue cercano a 2.270 kilogramos.
La Fuerza Aérea inició en 2026 pruebas de transporte cautivo del AIM-120, señal de que el programa avanza hacia la integración de armas. El cambio también muestra una separación respecto de conceptos anteriores de aeronaves “atribles” o prescindibles. Para operar en defensas antiaéreas modernas, los CCA del Incremento 1 son más grandes, más supervivientes y más orientados a penetración que demostradores previos como el XQ-58A Valkyrie.
La experimentación operativa se desarrolla en la Unidad de Operaciones Experimentales de la Base Aérea de Nellis, bajo el Air Combat Command. Las pruebas abarcan adquisición distribuida de blancos, fusión de sensores, delegación de mando, resiliencia de comunicaciones, carga de trabajo del piloto y coordinación humano-máquina en condiciones de guerra electrónica. Uno de los problemas centrales no es solo construir la aeronave, sino determinar cuántos CCA puede supervisar un piloto y qué grado de autonomía es aceptable cuando las comunicaciones se degradan.
El programa también empieza a incorporar participación aliada. Los Países Bajos se sumaron formalmente a la experimentación del Incremento 1 en abril de 2026 con la financiación de dos prototipos asignados a la unidad de Nellis. El personal neerlandés tendrá acceso a pruebas operativas, integración de sensores, mando y control, y procedimientos de autonomía, aunque las aeronaves seguirán siendo operadas por Estados Unidos.
En paralelo, ya aparecen referencias al Incremento 2, asociado con mayor penetración, autonomía más avanzada y mejores rasgos furtivos. El proyecto YFQ-48A, atribuido en el texto a Northrop Grumman, se menciona como posible parte de esa transición, aunque la afirmación debe tratarse con cautela si no está confirmada por una fuente oficial dentro del propio material.
La dificultad principal del programa ya no parece limitarse a la viabilidad técnica de los prototipos. La Fuerza Aérea necesita demostrar que puede producirlos en cantidad, mantener costos controlados, sostener cadenas de suministro y usar arquitecturas abiertas que permitan integrar sensores, armas y software sin depender de rediseños extensos. Ese punto será decisivo si el CCA debe pasar de prototipo avanzado a componente regular de la aviación táctica estadounidense.