La base de Dakota del Sur combina obras, entrenamiento y mantenimiento furtivo para recibir al B-21 sin detener la flota B-1B.
Ellsworth asume el papel inicial en la entrada del B-21 Raider
Un bombardero furtivo no vale solo por lo que puede hacer en el aire, sino también por lo que se puede sostener en tierra. Para que el B-21 Raider sea realmente operativo, hace falta una base capaz de proteger sus materiales absorbentes de radar, entrenar a las tripulaciones, mantener su firma baja y gestionar la transición sin romper la capacidad de ataque de largo alcance que ya existe.
En el caso del Raider, esa infraestructura forma parte esencial del sistema de armas y no es un complemento. Su diseño, los recubrimientos, los sensores y su capacidad dual, nuclear y convencional, dependen directamente de hangares controlados, procedimientos especiales y una logística que reduzca el desgaste. Por eso, Ellsworth Air Force Base, en Dakota del Sur, no es solo otro punto en el mapa.
La base se ha convertido en la primera instalación principal del B-21 y en el núcleo inicial de una nueva generación de bombarderos estratégicos pensada para operar en entornos muy disputados. La elección de Ellsworth no fue casual: ya contaba con una unidad de bombarderos activa, el 28th Bomb Wing con el B-1B Lancer, personal experimentado, instalaciones de mantenimiento pesado y espacio para crecer sin costes desproporcionados.
Funciones principales en la red de bases del Raider
- Ellsworth será la primera base principal del B-21 Raider.
- La base alojará la unidad de entrenamiento formal del nuevo bombardero.
- Edwards se encargará de las pruebas del programa.
- Tinker asumirá el mantenimiento de mayor calado.
- Whiteman y Dyess serán las siguientes bases del Raider.
La infraestructura furtiva sostiene la transición desde el B-1B

Tras el estudio ambiental exigido por la National Environmental Policy Act, la Fuerza Aérea designó a Ellsworth como primera base del Raider y sede de la unidad de entrenamiento formal. Whiteman, en Misuri, y Dyess, en Texas, serán las siguientes, mientras Edwards, en California, se encarga de las pruebas y Tinker, en Oklahoma, del mantenimiento de mayor calado.
Esta distribución permite separar claramente las funciones de pruebas, entrada en servicio, entrenamiento y sostenimiento profundo. Ellsworth enfrenta un desafío delicado, ya que debe seguir operando sus B-1B a pleno rendimiento mientras recibe al nuevo bombardero. No se trata de reemplazar un avión por otro de la noche a la mañana, sino de convivir durante años con dos flotas muy diferentes.
Esa convivencia obliga a superponer obras, entrenamiento, seguridad y operaciones. Los primeros pasos ya son visibles en la base, que ha recibido una Low Observable Restoration Facility de 161 millones de dólares y un hangar de mantenimiento y lavado de 81 millones, dentro de un plan de obras que supera los 2.000 millones. Estas instalaciones permiten revisar y restaurar bajo techo los revestimientos que hacen furtivo al B-21.
En un avión de baja observabilidad, el mantenimiento de superficie es tan crítico como el motor o el radar. La experiencia del B-2 ya demostró que la humedad, el polvo, el calor o una manipulación inadecuada degradan rápidamente la firma radar. Por eso, el programa pone especial énfasis en hangares cerrados y procedimientos estrictos.
El programa B-21 combina arquitectura abierta y doble misión

A diferencia del B-2, el programa del B-21 nació con una filosofía distinta. Northrop Grumman recibió el contrato en octubre de 2015, con un equipo industrial amplio integrado por Pratt & Whitney, Collins, BAE Systems, Spirit AeroSystems y otros participantes. En 2018 superó la Critical Design Review con una arquitectura abierta pensada para facilitar actualizaciones durante una vida útil medida en décadas.
En la futura fuerza de bombarderos, el Raider no repetirá el rol de los modelos actuales. Junto al B-52, que aportará volumen y alcance con armas de standoff, el B-21 actuará como penetrador furtivo capaz de operar en espacios aéreos muy defendidos. La meta mínima es de 100 aviones, con un coste unitario medio estimado en 692 millones de dólares de 2022, incluyendo apoyo y repuestos.
La producción avanza según lo previsto. Entró en ritmo bajo en el año fiscal 2024 y en 2026 la Fuerza Aérea confirmó entregas a tiempo durante 2025. Los primeros B-21 se esperan en Ellsworth en 2027. Hasta entonces, la base seguirá operando los B-1B mientras termina de preparar hangares, personal y procedimientos.
Ellsworth no será solo una pista con aviones nuevos. Se convertirá en la Formal Training Unit, el centro de experiencia en mantenimiento furtivo y el nodo desde el que se exportarán lecciones a las demás bases. Su configuración actual, a julio de 2026, muestra una instalación que ya tiene las primeras obras específicas terminadas, mantiene la flota heredada y se prepara para recibir los Raider en los próximos meses.