El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson podría volverse mucho más sencillo y accesible gracias a un avance médico desarrollado en Brasil. Investigadores de ese país crearon un sensor diminuto que identifica señales de la enfermedad en las lágrimas y que, según informó el New York Post, podría reemplazar en algunos casos a los análisis de sangre convencionales. El dispositivo, cuya creación demandó cinco años, promete resultados más rápidos, un menor costo y una prueba sin el dolor ni las molestias asociadas a los métodos invasivos.
El valor principal de esta tecnología está en su posible uso para detectar el Parkinson antes de que aparezcan los síntomas visibles. La enfermedad empieza a alterar el organismo mucho antes de que el paciente note temblores o problemas de movimiento. De acuerdo con los investigadores, los niveles de dopamina, una sustancia clave para el cerebro y el resto del cuerpo, suelen caer alrededor de diez años antes de la manifestación de los síntomas físicos. Si esa reducción se identifica a tiempo, médicos y pacientes contarían con una oportunidad importante para iniciar el tratamiento en una fase temprana.
Un sensor creado en Brasil mide la concentración de dopamina en una lágrima y podría ayudar a detectar el Parkinson años antes de que aparezcan temblores u otros síntomas visibles.
El procedimiento no requiere una extracción de sangre. Los científicos utilizan un instrumento de laboratorio parecido a un tubo delgado para colocar gotas de lágrimas sobre sensores impresos en un papel especial. A partir de esa muestra, el sistema mide la concentración de dopamina presente en la lágrima y entrega un resultado en poco tiempo.
La dopamina es una sustancia química esencial para el organismo y tiene una función central en el control de los movimientos. En quienes desarrollan Parkinson, sus niveles empiezan a disminuir. Los investigadores comprobaron que esa carencia puede observarse en la sangre o en el cerebro y también en la composición química de las lágrimas.
El sensor es capaz de detectar esa caída de dopamina con una sola lágrima. Este punto resulta especialmente relevante porque la reducción suele producirse unos diez años antes de que el paciente perciba señales físicas como los temblores. La posibilidad de medir esa alteración a través de las lágrimas abriría la puerta a diagnósticos mucho más tempranos, antes de que la enfermedad se manifieste de manera evidente.
Mark Frasier, científico jefe de la Fundación Michael J. Fox para la Investigación del Parkinson, señaló que la detección temprana es esencial para enfrentar la enfermedad. Para los investigadores, el avance representa un cambio de enfoque: una acción natural y cotidiana como llorar podría ofrecer información médica de gran importancia. Los propios científicos lo resumieron así: “Una sola lágrima podría salvarle la vida algún día”.