La fiebre del Nilo Occidental no es una enfermedad lejana que afecte únicamente a Estados Unidos. También está presente en Israel, donde cada año se detectan casos, principalmente durante el verano y el otoño. Tras el brote excepcional registrado en el país en 2024, la actual temporada de mosquitos vuelve a recordar que una picadura no siempre constituye una simple molestia.
La enfermedad es causada por el virus del Nilo Occidental, que circula en la naturaleza principalmente entre las aves y los mosquitos. Una hembra de mosquito que se alimenta de la sangre de un ave infectada puede transmitir el virus a las personas mediante una picadura. Por lo general, la enfermedad no se transmite de una persona a otra. La principal forma de prevenirla es sencilla: reducir las picaduras de mosquito y eliminar las acumulaciones de agua estancada.
En la mayoría de los casos, las personas infectadas no presentan ningún síntoma. Algunas pueden sufrir fiebre, dolor de cabeza, debilidad, dolores musculares y articulares, erupciones cutáneas y, en ocasiones, náuseas o diarrea. La mayoría de quienes presentan un cuadro leve se recuperan, aunque el cansancio y la debilidad pueden persistir durante algún tiempo.
En casos menos frecuentes, el virus puede provocar una enfermedad grave del sistema nervioso, como encefalitis o meningitis. El riesgo es mayor entre las personas de 60 años o más y entre quienes padecen enfermedades preexistentes o tienen el sistema inmunitario debilitado.
En Israel, la enfermedad es bien conocida. En 2024 se registró un brote especialmente grave, con cientos de personas enfermas y decenas de Muertes, sobre todo entre adultos mayores. Incluso en años con una incidencia más habitual, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Protección Ambiental vigilan los focos de mosquitos infectados y ordenan a las autoridades locales realizar labores de seguimiento y control cuando resulta necesario.
El aumento de las temperaturas, la proliferación de depósitos de agua estancada y unas condiciones meteorológicas favorables para los mosquitos pueden incrementar el riesgo. Por ello, las recomendaciones dirigidas a la población son sencillas, pero importantes: eliminar el agua acumulada alrededor de la vivienda, vaciar los platos de las macetas, los cubos y otros recipientes que permanezcan al aire libre, comprobar que las canaletas no estén obstruidas y mantener en buen estado los mosquiteros de ventanas y puertas.
Durante la tarde y la noche, cuando muchos mosquitos presentan mayor actividad, se recomienda utilizar repelentes autorizados, vestir prendas ligeras que cubran brazos y piernas al permanecer al aire libre y encender un ventilador o el aire acondicionado cuando sea posible. Incluso un ventilador común puede reducir las picaduras, porque dificulta que los mosquitos se acerquen.
Actualmente no existe una vacuna para uso humano contra la fiebre del Nilo Occidental, por lo que la prevención constituye la principal línea de defensa. Si después de sufrir picaduras de mosquito aparecen fiebre alta, dolor de cabeza inusual, confusión, debilidad intensa, rigidez de cuello o síntomas neurológicos, es importante solicitar atención médica, especialmente en el caso de adultos mayores o personas con enfermedades preexistentes.
La fiebre del Nilo Occidental no constituye un motivo de pánico, pero sí exige mantenerse alerta. Durante el verano israelí, unas pocas medidas sencillas alrededor de la vivienda pueden reducir considerablemente el riesgo.
