Los bomberos lograron detener la expansión de un incendio forestal de rápida propagación en el sureste de Francia, aunque todavía no han conseguido controlarlo, según informaron las autoridades locales. Se trata del mayor fuego registrado en el país en más de 70 años.
Las fuertes ráfagas de viento avivaron ayer las llamas en la región del Var, donde el incendio arrasó 1.000 hectáreas en apenas unas horas. El prefecto regional, Simon Babre, describió un fuego que avanzaba “más rápido que un caballo galopando”.
Babre señaló, sin embargo, que “no se han visto afectadas nuevas zonas el sábado”.
El responsable regional de bomberos, Eric Pitault, advirtió que “el fuego aún no está bajo control”. “Estamos trabajando para controlarlo en los próximos días”, afirmó. Añadió que los equipos concentraban la vigilancia especialmente en los límites del bosque.
Según los habitantes, el incendio comenzó de manera accidental el miércoles pasado, cuando una máquina utilizada para limpiar matorrales produjo una chispa.
Las llamas han arrasado 42.000 hectáreas de bosque de pinos, una superficie superior a la de la ciudad estadounidense de Detroit, y han destruido unas 240 viviendas a lo largo de la costa atlántica, cerca de Burdeos, la capital vinícola. Alrededor de 220.000 personas fueron evacuadas, aunque la mayoría ya ha podido regresar.
Francia lleva varias semanas combatiendo incendios forestales después de una sucesión de olas de calor mortales que secaron cauces y vegetación. Los científicos han relacionado estos fenómenos meteorológicos extremos con el cambio climático provocado por la actividad humana.






