Un grupo de estudiantes ucranianos comenzó a estudiar yidis en la Universidad Nacional Iván Franko de Leópolis como una forma de acercarse a una historia judía que durante décadas quedó prácticamente borrada del paisaje y de la memoria pública del país.
El curso forma parte de un programa conjunto con el Instituto YIVO de Investigación Judía de Nueva York. Durante el semestre de primavera participaron 15 alumnos ucranianos, en su mayoría no judíos, y se prevé ampliar la matrícula en el otoño de 2026.
Entre ellos está Daryna Kahaniuk, de 19 años, estudiante de filología inglesa. Su interés por la historia judía surgió años atrás, cuando visitó con su madre un museo en Volodímir, en el oeste de Ucrania, y descubrió que antes del Holocausto cerca de la mitad de la población de la ciudad era judía.
“¿Cómo es posible que tantas personas vivieran allí y que ahora no exista nada capaz de indicarnos que estuvieron presentes?”, se preguntó.
La experiencia la llevó a interesarse por una parte de la historia ucraniana que apenas conocía. En las clases de yidis encontró una vía para aproximarse no solo al idioma, sino también a la vida cotidiana, la música y la cultura de las comunidades judías que durante siglos formaron parte de Europa del Este.
Una de las lecciones que más la impresionó estuvo dedicada a una canción satírica sobre familias judías pobres obligadas a comer papas todos los días. Para Kahaniuk, el texto desmontaba la imagen estereotipada de los judíos como una comunidad históricamente acomodada y mostraba las dificultades de la vida cotidiana.
Diana Blaha, también de 19 años, descubrió durante el curso que la dinastía jasídica de Zidichov se había originado en su ciudad natal, Zhydachiv. Aunque conocía la existencia de un cementerio judío en la localidad, nunca había relacionado ese espacio con una presencia comunitaria más amplia.
“En Europa había mucha más población judía de lo que yo creía”, afirmó.
El interés de estos estudiantes responde a un vacío histórico profundo. La vida comunitaria judía en Ucrania sufrió una fuerte represión soviética desde la década de 1930. Durante la ocupación nazi, más de un millón de judíos fueron asesinados en el territorio ucraniano, en numerosos casos con participación de colaboradores locales. Tras la guerra, las autoridades soviéticas continuaron restringiendo las instituciones y el estudio de la cultura judía.
El resultado fue la desaparición casi total de un mundo que durante siglos había formado parte de ciudades y pueblos ucranianos.
El historiador Yohanan Petrovsky-Shtern, especialista en historia judía de Ucrania y Europa del Este, considera que las nuevas generaciones se acercan a ese pasado con una perspectiva distinta. A varias décadas del Holocausto y después de la independencia de Ucrania, muchos jóvenes perciben la ausencia de la historia judía como una carencia para comprender plenamente su propio país.
El curso del YIVO dura doce semanas y se imparte en inglés por Zoom. Los estudiantes ucranianos comparten las clases con alumnos, en su mayoría judíos, de América del Norte. Para muchos de los ucranianos, el alfabeto hebreo fue una de las principales dificultades iniciales, aunque los profesores aseguran que lograron adaptarse rápidamente.
También encontraron conexiones inesperadas con su propia lengua. Blaha identificó similitudes entre el yidis y los idiomas eslavos, además de préstamos lingüísticos derivados de siglos de convivencia entre comunidades.
Las clases se desarrollan mientras continúa la invasión rusa de Ucrania. Aunque Leópolis se encuentra lejos del frente, los ataques aéreos y los cortes de electricidad afectan periódicamente a la ciudad. Algunos estudiantes han tenido que abandonar temporalmente las sesiones virtuales cuando se interrumpe el suministro eléctrico.
“Uno vive siempre con estrés y preocupación por su propia vida y por la de sus seres queridos”, dijo Kahaniuk.
Para Blaha, la historia del yidis también tiene un paralelismo con la del ucraniano: ambas lenguas sufrieron políticas de represión durante el período soviético. Esa experiencia compartida reforzó su interés por estudiar un idioma cuya presencia cotidiana prácticamente ha desaparecido de Ucrania.
Petrovsky-Shtern recuerda que en la década de 1990 todavía encontraba ancianos capaces de conversar en yidis en el transporte público. Hoy, sostiene, ese mundo ha desaparecido casi por completo fuera de círculos académicos y religiosos.
Sin embargo, el curso ha llevado a algunos estudiantes a buscar rastros de esa cultura más allá de las aulas. Blaha escucha música en yidis y ucraniano, planea visitar el cementerio judío de su ciudad y quiere leer a autores como Sholem Aleichem. Kahaniuk aspira a traducir literatura yidis al ucraniano y recorrer con su madre sinagogas y otros lugares vinculados con la historia judía.
“Su vida también estaba conectada con la historia y la vida de Ucrania”, afirmó Kahaniuk sobre las comunidades judías desaparecidas. “Todos los pueblos ejercen influencia unos sobre otros de alguna manera”.










