Desde hace casi dos años, el Mando Central y la División de Judea y Samaria evitan los ataques aéreos por temor al enemigo árabe. Hoy, después de que el Yamam se preparara durante los últimos días para eliminar a los despreciables terroristas y quedara claro que exponer a los combatientes a ese riesgo era innecesario, se dio luz verde a un ataque desde el aire. ¿El fin de esta concepción?
Aunque parezca increíble, durante el mandato de Herzi Halevi, el jefe del Estado Mayor más fracasado de la historia, junto con el entonces ministro de Defensa, Yoav Gallant, y el anterior comandante del Mando Central, Yehuda Fuchs, las FDI efectuaron más de 100 ataques aéreos en Judea y Samaria en menos de un año.
Desde que los tres fueron reemplazados, Zamir, Katz y Bluth han mostrado temor tanto ante el enemigo árabe como ante las reacciones del mundo occidental, y ordenaron a la Fuerza Aérea, pese a que proporcionaba toda la cobertura necesaria, abstenerse de realizar ataques desde el aire.
Después de varios días en los que nuestros combatientes del Yamam se prepararon para neutralizar a tres despreciables terroristas en la zona de Qabatiya, la inteligencia detectó que viajaban en un vehículo. El riesgo para los combatientes era elevado, real e innecesario. Solo entonces se autorizó eliminarlos mediante un ataque aéreo.
Avi Bluth, que cumple dos años mediocres en el cargo, junto con Kobi Heller, que permanece a su sombra sin ningún logro significativo durante el último año, recomiendan al nivel político —que acepta sus recomendaciones con resignación una y otra vez— evitar los ataques aéreos para no agravar la situación en Judea y Samaria. Todo ello pese a que los numerosos terroristas que operan allí intentan ejecutar graves planes de atentados inspirados en el 7 de octubre.
Mientras Eyal Zamir se dedica a la política como si fuera el dirigente de un partido en campaña electoral y se niega a nombrar a un jefe de la Administración Civil, a un comandante de la División de Judea y Samaria e incluso a un comandante del Mando Central, surge una pregunta difícil: ¿cuándo estallará el próximo atentado grave contra los judíos en la Tierra de Israel y cuál será la respuesta adecuada que pueda ofrecerse frente a esa amenaza?










