El terrorismo de las cometas ha vuelto a afectar a las comunidades próximas a Gaza, pero, desde mi punto de vista, el problema no se limita a las cometas. Hay una ecuación sencilla que se repite frente a todos nuestros enemigos: cada vez que hemos mostrado debilidad y falta de firmeza, hemos terminado pagando las consecuencias.
Lo primero que debería preguntarse el ministro de Defensa, al igual que los altos mandos de las FDI, es qué hemos hecho durante el último mes en la Franja de Gaza. Hemos hablado mucho de que no se debe disparar, de que no se debe eliminar a los responsables y del endurecimiento de las normas para abrir fuego. El mensaje que Hamás ha recibido es sencillo: los judíos volvieron a ser unos incautos.
Y cuando Hamás percibe ese mensaje, comienza de nuevo a hostigar. Esta vez son cometas, pero no podemos tratar el asunto como si fuera únicamente otra molestia puntual. Las advertencias sobre la situación en la Franja de Gaza siguen siendo graves. Por eso también debe contemplarse la posibilidad de que Hamás esté utilizando las cometas como una cortina de humo para mantener a Israel ocupado mientras prepara algo más grave.
En última instancia, la cuestión no es solo cómo detener las cometas, sino qué interpreta Hamás de nuestra conducta. Si percibe debilidad, la aprovechará.










