La inteligencia militar israelí considera que el programa nuclear de Irán quedó profundamente dañado tras los ataques de 2025 y 2026, pero no eliminado. Bajo la dirección del mayor general Shlomi Binder, la prioridad sigue siendo impedir que Teherán reconstruya su capacidad de enriquecimiento y, sobre todo, los componentes necesarios para convertir uranio enriquecido en un arma utilizable.
Binder asumió la jefatura de Inteligencia Militar en agosto de 2024 y dirigió la obtención de inteligencia para gran parte de los ataques israelíes contra instalaciones y objetivos iraníes. Entre ellos estuvieron Natanz, Isfahán y otros complejos vinculados al programa nuclear y al aparato militar. La inteligencia israelí también aportó información utilizada por Estados Unidos para atacar Fordo en junio de 2025.
La evaluación actual sostiene que Irán no tiene centrifugadoras enriqueciendo uranio y que la mayor parte de su material más enriquecido permanece enterrado o con acceso difícil. La mayoría de las instalaciones nucleares fue destruida o quedó fuera de servicio, una situación que redujo a cero una actividad de enriquecimiento que durante décadas había continuado incluso en periodos de restricciones o congelamiento parcial.
Sin embargo, parte de la infraestructura sobrevivió. Un número indeterminado de centrifugadoras permanece bajo tierra y existe preocupación por la posibilidad de recuperar varios cientos de modelos avanzados IR-6. Una cantidad limitada de esas máquinas podría permitir en el futuro reconstruir una capacidad clandestina de enriquecimiento suficiente para producir material destinado a un arma nuclear.
Otro riesgo es la recuperación encubierta de uranio enriquecido enterrado entre escombros. Irán ha levantado estructuras y realizado excavaciones en distintas zonas de instalaciones atacadas, lo que podría dificultar la vigilancia continua. Una operación de extracción desde túneles alejados de los puntos principales podría requerir meses o años, pero solo una fracción del material existente sería necesaria para disponer de una base para un arma.
Por esa razón, el foco israelí se ha desplazado parcialmente desde el enriquecimiento hacia la fase de armamentización. Los ataques también alcanzaron instalaciones destinadas a convertir uranio enriquecido en metal y a fabricar componentes con la forma necesaria para una ojiva nuclear. La inteligencia militar israelí considera prioritario impedir la reconstrucción de esa infraestructura y estima que, hasta ahora, Irán no ha logrado avances importantes en ese ámbito.
La instalación subterránea conocida como Pickaxe Mountain ocupa un lugar central entre las amenazas futuras. El complejo está concebido a mayor profundidad que Fordo y todavía no estaría operativo. Tanto el Mossad como Inteligencia Militar lo consideran una amenaza estratégica y prefieren neutralizarlo antes de que Irán pueda trasladar allí centrifugadoras, material nuclear y otros equipos.
La dificultad principal es técnica. Pickaxe Mountain fue diseñada para resistir ataques contra instalaciones subterráneas y existe debate sobre si incluso las bombas penetradoras más pesadas podrían destruirla por completo. Funcionarios israelíes han mostrado mayor confianza en que fuerzas aéreas aliadas podrían inutilizarla, aunque no necesariamente demoler toda la estructura.
Para Binder, el daño acumulado retrasó varios años el programa nuclear iraní y también redujo su capacidad de recuperación, pero no eliminó la amenaza. Su evaluación es que cualquier acuerdo que permita a Irán volver a enriquecer uranio mantendría abierta la posibilidad de reconstrucción, por lo que Israel debe conservar la capacidad de atacar nuevamente si detecta avances sustanciales.










