Irán ha reanudado parte de su producción de misiles pese a meses de ataques de Estados Unidos e Israel contra instalaciones vinculadas con ese programa. Informes occidentales citados en septiembre apuntan al uso de componentes almacenados y de instalaciones subterráneas fortificadas, mientras analistas consideran que Teherán conserva capacidad para regenerar una parte de su arsenal.
La recuperación no implica un retorno rápido a los niveles previos a la guerra. Freddy Khoueiry, analista de seguridad de RANE para Oriente Medio y el norte de África, sostiene que los ataques dañaron la base industrial iraní y alteraron cadenas de suministro. Los componentes almacenados permiten mantener parte de la producción, pero son limitados y no resuelven la pérdida de instalaciones y suministros especializados.
Khoueiry prevé una combinación de sistemas más baratos y otros más complejos. Irán tendría incentivos para fabricar en mayores cantidades misiles balísticos de corto alcance, como los Fateh-110, destinados a objetivos próximos en el golfo Pérsico. Al mismo tiempo, mantendría una producción más limitada de misiles de alcance medio, entre ellos sistemas como el Qassem Bassir, y reservaría componentes avanzados para armas de precisión, misiles antibuque y otros sistemas de mayor valor.
Salma Eissa, analista de Oriente Medio de ACLED, describe una reconstrucción sometida a ataques continuos. ACLED ha registrado golpes estadounidenses desde comienzos de julio contra bases de misiles, complejos subterráneos, instalaciones fijas, túneles, el complejo militar de Parchin y la zona electrónica de Shiraz. Esos ataques alcanzan diferentes partes del sistema: producción, almacenamiento, infraestructura de lanzamiento, electrónica militar, vigilancia y comunicaciones.
Eissa considera que la reanudación del ensamblaje demuestra que aún existen componentes, conocimientos técnicos e instalaciones protegidas suficientes para producir armas operativas. Aun así, la base industrial se encuentra debilitada. Evaluaciones estadounidenses de abril citadas en el texto estimaban daños en más del 80 % de las instalaciones dedicadas a misiles y motores de combustible sólido.
La cantidad de misiles almacenados tampoco equivale de forma directa a potencia de fuego disponible. Irán necesita lanzadores que sigan operativos, salidas de túneles accesibles y enlaces de mando funcionales. Además, las instalaciones recuperadas pueden volver a ser localizadas y atacadas.
Los analistas consultados coinciden en una reconstrucción de dos niveles. Una parte se concentraría en drones y misiles de menor coste, útiles para sostener volumen de ataques. Otra parte destinaría recursos escasos a un número menor de misiles de mayor alcance, precisión y capacidad de maniobra para objetivos más distantes y mejor defendidos.
Khoueiry estima que Irán podría terminar la guerra con menos misiles que antes, aunque con una fuerza más resistente en determinados aspectos. El combate ofrece información sobre qué sistemas funcionan mejor frente a las defensas occidentales y qué emplazamientos sobreviven con mayor eficacia. Teherán también ha trasladado más producción y ensamblaje al subsuelo y ha dispersado partes de su infraestructura.
La asistencia exterior también podría modificar la composición futura del arsenal. Un informe citado atribuye a Rusia ayuda en el desarrollo iraní de misiles de crucero supersónicos y tecnología ramjet. Khoueiry considera que ese apoyo podría mejorar capacidades futuras, aunque los sistemas avanzados requieren más tiempo y son más difíciles de producir en grandes cantidades.
La cooperación entre Irán y Rusia también incluye drones. Moscú utiliza la designación Geran para municiones merodeadoras derivadas de los Shahed-131 y Shahed-136 iraníes. Rusia ha modificado esos diseños a partir de su empleo en Ucrania, y Teherán solicitó modelos rusos de nueva generación durante la guerra actual.
Los ataques iraníes también obligan a sus adversarios a gastar interceptores costosos. Durante un ataque de septiembre contra bases estadounidenses en Jordania, las fuerzas defensoras dispararon entre 60 y 70 interceptores Patriot y más de una docena de misiles THAAD contra unos 20 misiles iraníes.
Las afirmaciones iraníes sobre nuevas capacidades antibuque todavía no cuentan con una demostración completa en combate. Mohsen Rezaei, jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, habló de una capacidad probada contra un buque estadounidense. El Comando Central de Estados Unidos confirmó que Irán disparó misiles balísticos hacia un portaaviones y un destructor el 5 de septiembre y atacó otro buque de guerra dos veces durante los dos días siguientes, pero ninguno de esos ataques produjo impactos confirmados.
Eissa señala que una capacidad antibuque efectiva exige mucho más que el misil. Irán debe detectar y seguir de forma continua un buque en movimiento, transmitir datos de blanco actualizados, colocar el misil dentro de una ventana útil de adquisición y superar maniobras defensivas, guerra electrónica y defensas escalonadas. Los combates permiten ajustar buscadores, procedimientos de designación y tácticas de salva, pero hasta ahora Irán no ha demostrado de forma repetible esa cadena completa contra un grupo de combate de portaaviones estadounidense.
En el corto plazo, Eissa prevé una fuerza iraní más reducida que concentre recursos en misiles y drones. La experiencia acumulada puede impulsar mejoras en alcance, precisión, fiabilidad, tácticas de saturación, contramedidas, mando y control, vigilancia, guerra electrónica y capacidad contra blancos móviles.
Estados Unidos, Israel y los países árabes del Golfo también adaptan sus defensas a partir de la experiencia de combate. Para Eissa, el resultado puede ser una fuerza iraní cuantitativamente más débil, pero más sofisticada en áreas seleccionadas. Esa evolución partiría de una base industrial dañada, una economía más restringida y una capacidad de producción aún expuesta a nuevos ataques.










