Ark Robotics prevé que los sistemas no tripulados asumirán una proporción mucho mayor de las tareas militares en Ucrania. Su director ejecutivo, Achi Takagama, considera que el cambio actual apenas inicia una etapa en la que miles de robots y otros sistemas sin tripulación podrían corresponder a cada soldado humano dentro de una fuerza de defensa.
La empresa ucraniano-estonia centra su propuesta en Frontier, un sistema que permite a un solo operador controlar distintos robots desde cualquier lugar. La plataforma admite vehículos terrestres sin tripulación, drones aéreos y embarcaciones robotizadas, y se basa en una unidad de procesamiento que puede instalarse en diferentes tipos de sistemas móviles.
Ark dio prioridad a los vehículos terrestres sin tripulación, o UGV, porque pueden transportar cargas que exceden la capacidad de los drones y cumplir funciones que requieren presencia física sobre el terreno. Entre sus usos figuran la logística, el transporte de cohetes, inhibidores de alta potencia y otros equipos pesados, además del traslado de armas.
Takagama también plantea que los UGV funcionen como plataformas móviles para drones FPV. Los operadores ya no pueden preparar con seguridad esos drones en zonas expuestas, por lo que el concepto consiste en llevarlos listos hasta el frente mediante vehículos no tripulados que también puedan servir como plataformas de lanzamiento y relés de comunicaciones.
La autonomía sigue limitada por problemas de navegación. Los UGV pueden detectar algunos obstáculos y compartir esa información con otros robots, pero terrenos cambiantes, cráteres, minas o vegetación alta complican el desplazamiento autónomo. Ark trabaja en modelos capaces de distinguir cuándo un obstáculo impide el paso y cuándo puede atravesarse.
Los robots conectados a Frontier intercambian datos y construyen un mapa dinámico. Esa arquitectura permite, por ejemplo, que un dron reconozca una zona y que después un UGV utilice esas imágenes para definir una ruta. La empresa busca que varios tipos de sistemas formen cadenas automatizadas bajo la dirección de un operador humano.
El modelo depende de máquinas relativamente baratas. Takagama contrasta los UGV ucranianos, cuyo precio alcanza como máximo decenas de miles de dólares, con sistemas adquiridos por ejércitos de la OTAN que cuestan cientos de miles. Ark evita el blindaje pesado porque considera que encarece plataformas que, de todos modos, pueden ser destruidas por drones FPV con ojivas antiblindaje.
La protección, dentro de ese concepto, recaería en grupos de robots con funciones distintas. Algunas unidades aportarían defensa antiaérea y otras transportarían inhibidores, mientras cada plataforma individual conservaría un diseño sencillo y de menor costo.
El avance no es uniforme entre las unidades ucranianas. Takagama afirma que algunas brigadas han invertido más recursos en ingenieros, operadores y personal de apoyo, mientras otras mantienen un enfoque más tradicional. La 3.ª Brigada de Asalto tiene como objetivo reemplazar con UGV el 30 % de sus tropas de primera línea antes de finalizar este año y avanzar hacia el 80 % en los próximos años.
La producción ucraniana de UGV pasó de menos de 10.000 unidades en 2025 a más de 25.000 este año y, de acuerdo con las previsiones citadas, volverá a duplicarse en 2027. Takagama sostiene que esa expansión refleja un modelo basado en volumen y bajo costo, muy distinto del enfoque occidental de plataformas más caras.
El directivo considera que varios países occidentales aún no han adaptado sus fuerzas al ritmo de automatización que observa en Ucrania y Rusia. A su juicio, una guerra futura podría enfrentar a soldados humanos con fuerzas mucho más robotizadas si esa adaptación no ocurre con suficiente rapidez.










