La Catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas incorporó nuevas placas explicativas junto a sus vitrales históricos para pedir perdón al pueblo judío por la persecución desencadenada tras la acusación antisemita de 1370 conocida como la “Profanación de la Hostia de Bruselas”.
Las placas fueron presentadas el 27 de abril en una ceremonia encabezada por el arzobispo Luc Terlinden, de Malinas-Bruselas, y por Albert Guigui, gran rabino de Bruselas. Los textos, colocados en neerlandés, francés, inglés y hebreo, aportan contexto histórico sobre las escenas representadas en los vitrales y formulan una disculpa expresa por los hechos que evocan.
Firmadas por Terlinden, las placas señalan que en la Europa medieval se lanzaron “acusaciones infundadas de profanación de la hostia eucarística contra comunidades judías” y que esas denuncias “condujeron a persecuciones, masacres y expulsiones injustificables”. Las vidrieras muestran a judíos ejecutados en la hoguera por supuestos ataques contra la Eucaristía, el pan que la doctrina católica considera una representación literal del cuerpo de Jesús.
“El antijudaísmo teológico y social está en contradicción directa con el Evangelio de Cristo, que llama a la verdad, la justicia y la fraternidad”, dicen las placas. “Pedimos perdón al pueblo judío por el sufrimiento que estas acusaciones han causado”.
La acusación de 1370 sostuvo que judíos de Bruselas habían profanado hostias consagradas. A partir de esa calumnia, varios fueron ejecutados y la comunidad judía fue expulsada de la ciudad.
La presencia de estos vitrales ha sido cuestionada durante décadas, en paralelo a los intentos de la Iglesia Católica por afrontar su historia de antisemitismo. En 1969, poco después de la declaración Nostra Aetate, que rechazó antiguas doctrinas antijudías, el arzobispo de Bruselas ordenó retirar varias pinturas e instalar una placa para contextualizar las representaciones que permanecían.
Años más tarde, según recordó la semana pasada el Congreso Judío Europeo, responsables católicos añadieron otra placa que advertía sobre “la naturaleza sesgada de las acusaciones [contra los judíos acusados de la profanación] y la presentación legendaria del ‘milagro’”.
Para Flora Cassen, directora del Centro Brandeis de Estudios Judíos y especialista en antisemitismo europeo, aquella intervención anterior resultaba insuficiente. Dijo que la placa previa era “muy ambigua sobre la responsabilidad y lo sucedido” y que además estaba situada en un lugar fácil de pasar por alto. Sobre las nuevas inscripciones, afirmó que contienen una disculpa clara y “muy conmovedora”, imposible de ignorar para quienes visitan los vitrales.
“El significado de que la Iglesia ponga finalmente una placa allí que cuente la historia, que reconozca el antisemitismo que hay detrás, que reconozca que fue una calumnia y que se saldó con la persecución, ejecución y expulsión de los judíos de Bruselas es enorme”, declaró Cassen.
Los nuevos textos también remiten a Nostra Aetate y al esfuerzo emprendido después por la Iglesia bajo el papa Juan Pablo II en el año 2000 para afrontar el antisemitismo histórico. Además, reivindican el “compromiso de la Iglesia de combatir todas las formas de antisemitismo, de profundizar el diálogo entre judíos y cristianos, y de transmitir a las generaciones futuras un recuerdo claro, basado en el reconocimiento de la verdad y el respeto mutuo”.
Aunque ha habido voces que reclamaron retirar los vitrales, Guigui sostuvo en un comunicado que la instalación de las placas ofrece una respuesta adecuada ante estos restos del antisemitismo histórico.
“Lo que importa hoy es cómo miramos estas imágenes”, dijo el rabino. “No deben borrarse, porque forman parte de la historia, pero deben ir acompañadas de una explicación y una visión moral para comprender el contexto y evitar repetir los errores del pasado”.