El ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, Maxime Prevot, se ofreció a viajar a Israel para abordar con su homólogo, Gideon Sa’ar, la detención de tres mohels judíos y rechazó las acusaciones israelíes sobre un supuesto uso del derecho penal contra prácticas religiosas judías.
“Basta ya de estas caricaturas”, escribió Prevot en X, después de que Sa’ar acusara a Bélgica de utilizar la legislación penal “para procesar a judíos por practicar el judaísmo” a raíz de los cargos presentados contra los tres mohels, encargados de realizar la circuncisión ritual.
El jefe de la diplomacia belga sostuvo que la acusación contra su país es difamatoria y defendió la actuación de la Justicia. “En Bélgica, el poder judicial es independiente y toma sus decisiones —se esté de acuerdo con ellas o no— libre de cualquier influencia política”, afirmó.
Prevot añadió que los procedimientos judiciales fueron impulsados por representantes de la propia comunidad judía. “Presentarlos como el deseo de un país de socavar la libertad religiosa de los judíos es difamatorio. Esta libertad nunca se ha puesto en tela de juicio y nunca lo estará en nuestro país. Nuestra Constitución la protege”, señaló.
En ese contexto, propuso una reunión presencial con Sa’ar. “Dado que usted mismo ha advertido recientemente contra la práctica de la diplomacia a través de Twitter”, escribió, “le sugiero que discutamos todas estas cuestiones durante una reunión en Israel en el momento que más le convenga, con el fin de poner fin a cualquier malentendido”.
Los tres mohels fueron detenidos el verano pasado durante una redada.
Sa’ar respondió que las explicaciones de Prevot “no vienen al caso en absoluto” y sostuvo que el caso no debió llegar a ese punto. “Nunca debería haberse llevado a cabo una investigación de este tipo si la cuestión del Brit Milah se hubiera regulado como en otros países europeos que respetan la libertad religiosa judía”, declaró.
El ministro israelí añadió que el caso resulta especialmente grave “en un país que cuenta con una de las comunidades judías más antiguas de Europa”.
Sa’ar cerró su respuesta con una crítica directa a Bruselas. “Si Bélgica tuviera un plan estratégico para combatir el antisemitismo y fomentar la vida judía, quizá lo sabrías. Por desgracia, no lo tiene”.