El primer ministro estuvo el martes en el tribunal. ¿Y hoy? Adivinen. En el tribunal otra vez. No despachando con el aparato de seguridad. No presidiendo el Consejo de Ministros. No al frente de una evaluación urgente. En el tribunal. Sentado en el banquillo como un delincuente común mientras el país arde. ¿Y qué más da que el Estado de Israel viva uno de los momentos más dramáticos de su historia? ¿Qué más da que Irán amenace? ¿Qué más da que Gaza arda?
El mundo entero tiene los ojos clavados en Oriente Medio. El primer ministro habla con Trump, con jefes de Estado de medio mundo, jugándose el tablero entero. ¿Y para la Fiscalía? ¿Para los jueces? Nada de eso importa. Nada de eso cambia nada. Para ellos lo verdaderamente urgente, lo que no puede esperar ni veinticuatro horas, es saber qué le dijo Netanyahu a un periodista en 2007 y si la cobertura fue mala o si hubo puros de por medio. Eso. Para ellos, de eso depende el futuro del país. Pongamos las cosas en perspectiva.