Cuando Iceal Hambleton, navegante de la Fuerza Aérea de EE. UU., fue derribado sobre Vietnam hace más de medio siglo, la respuesta llegó pronto. La esperanza de sacarlo en horas se apagó bajo uno de los fuegos antiaéreos más feroces de toda la guerra.
La Fuerza Aérea intentó rescatarlo una y otra vez. Perdió cinco aeronaves y a 11 aviadores. Hambleton siguió solo. Pasó 11 días escondido en un agujero que cavó en la selva, hasta que lo sacaron antes de que cayera en manos de Vietnam del Norte.
Ahora, mientras miembros de tribus rastrean el sur de Irán en busca del segundo aviador del F-15 estadounidense derribado el viernes, esa historia vuelve como un eco. El tripulante, aún no identificado, podría estar al comienzo de una prueba parecida.
Varado en el paisaje seco de Juzestán, el oficial de sistemas de armas quizá intenta ganar tiempo. Del otro lado, el régimen iraní parece empeñado en encontrarlo antes que los equipos de rescate estadounidenses. Esa es la carrera. Y cada hora pesa.
Los expertos sostienen que Teherán compite contra la división de búsqueda y rescate en combate de la Fuerza Aérea de EE. UU., la CSAR, que representa la mejor opción de supervivencia para el aviador. La misión sería llegar hasta su escondite, subirlo o izarlo a un helicóptero y salir de Irán sin ser derribados.
Pero eso no vuelve la operación sencilla. Si el plan se rompe, como ocurrió con Hambleton en Vietnam, una incursión terrestre más amplia podría quedar como la única salida.
Justin Bronk, experto militar del Royal United Services Institute, lo resumió sin rodeos: Estados Unidos tiene unidades especializadas, aeronaves, helicópteros y tripulaciones muy entrenadas para este tipo de operación, pero sigue siendo “muy, muy peligrosa y de alto riesgo”.
Bronk añadió que esas unidades deben reaccionar de inmediato cuando una tripulación es derribada. No siempre pueden elegir la mejor ventana. Si el avión cae de día, quizá deban entrar de día. Y además deben soportar fuego desde tierra y amenazas como los sistemas portátiles antiaéreos.
Dmytro Zhmailo, del Centro de Seguridad y Cooperación de Ucrania, señaló otro punto clave: el entrenamiento de evasión. Cuanto mejor preparado esté un aviador para ocultarse, moverse y comunicarse, más tiempo ganan los rescatistas.
Según explicó, los pilotos ucranianos completan cursos de supervivencia y reciben información sobre la ubicación del enemigo y de las fuerzas amigas antes de despegar. Si pierden la aeronave, su tarea es alejarse a una distancia segura y transmitir una señal especial por satélite.
Las fuerzas de élite ya lograron sacar al piloto del F-15 en una operación similar el viernes. No está claro por qué el segundo rescate tarda más. Pero el reloj no juega a favor. Cuanto más pasa el tiempo, más se estrecha la posibilidad de llegar antes que los iraníes.
El sábado por la mañana surgieron informes sobre fuerzas especiales estadounidenses operando dentro de Irán. Era una señal de escalada. Pero ese mismo día, bandas de nómadas iraníes armados se sumaron a la búsqueda del aviador, atraídos por una recompensa de 50.000 libras ofrecida por el régimen.
Fettah Mohammadi, vicegobernador de la provincia de Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, afirmó que dos helicópteros Black Hawk, apoyados por un avión cisterna, tuvieron que huir durante un intento de rescate. Encontraron resistencia de miembros de las tribus bakhtiari y de pobladores rurales que dispararon con rifles de caza.
En redes sociales iraníes circularon videos de civiles con vestimenta tradicional disparando contra aeronaves que volaban bajo en valles montañosos. En uno de esos clips, una niña alienta a su padre mientras él apunta al cielo. La escena parece menor. No lo es.
La movilización se apoya en poblaciones tribales del suroeste de Irán, en especial en el pueblo bakhtiari, asentado en regiones que abarcan Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, Chaharmahal y Bakhtiari, Juzestán y partes de Isfahán.
Y luego está el terreno. El aviador perdido tendría que moverse por la cadena de los Zagros, una muralla natural de 1.600 kilómetros, con picos de más de 4.200 metros, valles estrechos que pueden cerrarse como trampas y numerosas cuevas. Además, las rutas ocultas son conocidas al detalle por las poblaciones locales. Esa ventaja también cuenta.
Los expertos calculan que una misión de rescate de este tipo probablemente exigiría 24 operativos de pararescate y dos helicópteros Black Hawk, con apoyo de aviones de reabastecimiento para extender su alcance dentro de Irán.
Esos equipos reciben entrenamiento en atención médica de combate, evacuación, fisiología de buceo aéreo y supervivencia en entornos químicos o nucleares. Si encuentran al aviador herido, quizá deban estabilizarlo allí mismo antes de iniciar la extracción.
Un excomandante de pararescate dijo a CBS News que “angustioso y extremadamente peligroso” se queda corto. Cuesta discutirlo.
Aun así, queda un margen para la esperanza. En 1972, después de varias misiones aéreas fallidas para salvar a Hambleton, Estados Unidos cambió de táctica y lanzó una operación terrestre con SEAL de la Armada y comandos survietnamitas.
Fue una de las maniobras de rescate más audaces de la historia militar estadounidense. Las fuerzas de élite localizaron a Hambleton y lo extrajeron disfrazadas de pescadores vietnamitas.
Por eso, en Juzestán, la pregunta sigue abierta. dónde está el aviador y si el equipo de rescate ya imaginó un plan capaz de igualar aquella astucia.