Según un informe de “The New York Times” publicado esta noche, basado en fuentes oficiales de Estados Unidos, el objetivo inicial de la guerra en Irán no era solo la destrucción de activos militares, sino una audaz maniobra planificada para derrocar al régimen teocrático de Teherán y coronar a nadie menos que al expresidente Mahmud Ahmadineyad como el nuevo líder del país.
El ambicioso plan se frustró ya en el primer día de la campaña, cuando un ataque aéreo israelí destinado a rescatar a Ahmadineyad de su arresto domiciliario en Teherán terminó hiriéndolo y provocando su decisión de retirarse de la operación, tras lo cual se ha perdido su rastro por completo.
Una elección inesperada para Washington y Jerusalén
La elección de Mahmud Ahmadineyad —quien durante su mandato entre 2005 y 2013 fue conocido como un enemigo acérrimo y extremista de Occidente y quien llamó repetidamente a “borrar a Israel del mapa”— es considerada una de las mayores surprises de inteligencia de la guerra.