La operación de eliminación del ayatolá Alí Jamenei constituyó el punto culminante de una campaña de inteligencia de varios años, según surge de una investigación publicada sobre la planificación de la eliminación.
De acuerdo con el informe del Financial Times, Israel rastreó durante años los movimientos de los altos funcionarios del régimen en Teherán, entre otras cosas mediante la intrusión en la mayoría de las cámaras de tráfico de la ciudad, que transmitieron en tiempo real imágenes encriptadas a servidores en Israel.
Algoritmos avanzados sirvieron para construir un “patrón de vida” de los agentes de seguridad y del círculo cercano a Jamenei, que incluyó rutas de viaje, horarios de actividad e identidad de los altos funcionarios a su lado.
En la mañana del ataque, Israel y Estados Unidos identificaron que Jamenei celebraría una reunión en un complejo cercano a la calle Pasteur en Teherán, junto con otros altos funcionarios. Según fuentes familiarizadas con los detalles, inteligencia de señales, penetración en redes celulares e incluso una fuente humana estadounidense confirmaron que la reunión se realizaba según lo planeado. Al mismo tiempo, se reportó que componentes en torres celulares del área sufrieron interferencias, de modo que los teléfonos de los agentes de seguridad no pudieron recibir llamadas de advertencia.
Aviones de combate israelíes, que despegaron horas antes, lanzaron alrededor de 30 municiones de precisión hacia el complejo. El ataque se ejecutó a la luz del día, una medida que, según fuentes israelíes, buscó lograr sorpresa táctica a pesar de la alerta iraní. Según el informe, Israel utilizó, entre otras cosas, misiles “Sparrow” capaces de impactar en un objetivo diminuto desde una distancia superior a mil kilómetros.
La decisión de eliminar a Jamenei se definió como política y no solo tecnológica. Fuentes anteriores en el sistema de inteligencia israelí afirmaron que se evaluó que, si estallaba una guerra total, los altos funcionarios iraníes se ocultarían en búnkeres profundos, y por ello la oportunidad que surgió —cuando la liderazgo del régimen se reunió— resultó excepcional. A diferencia del líder de Hezbolá, Hasán Nasrala, que vivió años en la clandestinidad, Jamenei no residió de forma permanente en un búnker, aunque en días de combate adoptó medidas de precaución.
La infraestructura para la acción, según se alega, se construyó ya en 2001, cuando el primer ministro de entonces, Ariel Sharón, ordenó al Mosad convertir a Irán en el objetivo central. Desde entonces, Israel invirtió esfuerzos prolongados en frustrar el programa nuclear iraní, eliminar científicos y dañar infraestructuras y sus proxies regionales.
Sin embargo, el informe señala que eliminar al líder de un país representa un paso controvertido, incluso dentro de Israel, y que las implicaciones estratégicas de la política de asesinatos de largo plazo aún se debaten.
Israel empleó herramientas de inteligencia artificial y algoritmos que desarrolló para clasificar cantidades enormes de información que recopiló sobre el liderazgo de Irán y sus movimientos.
La CIA también contó con una fuente humana que proporcionó inteligencia central.
