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La revolución anti-Irán en Medio Oriente ha comenzado

Por: Con Coughlin

Los intentos del Irán de ampliar su maligna influencia en todo el Oriente Medio han sufrido un grave revés como resultado de las protestas antigubernamentales sin precedentes que han estallado en el Líbano e Irak en las últimas semanas.

La fuente más obvia de descontento en estos dos Estados árabes clave ha sido la corrupción endémica que se ha arraigado tanto en Beirut como en Bagdad; en ambos países, ha sido la principal motivación para persuadir a decenas de miles de manifestantes de que salgan a las calles.

Sin embargo, el deseo de poner fin a las prácticas corruptas y obligar a los gobiernos de Beirut y Bagdad a llevar a cabo una revisión radical de los gobiernos de sus respectivos países es sólo una parte de la historia.

Las protestas a nivel nacional que tienen lugar en ambos Estados árabes también están impulsadas por el ardiente deseo de poner fin a los descarados intentos de Irán de convertirlos en feudos de facto de Teherán.

Los intentos del Irán de hacerse con el control del programa político en el Líbano se remontan a principios del decenio de 1980, cuando Irán estableció su milicia de Hezbolá en la parte meridional del país para lanzar una serie de ataques terroristas contra las fuerzas israelíes que operan en la zona. Desde entonces, Hezbolá, con el apoyo de Irán, ha ido extendiendo gradualmente su influencia en el país hasta el punto de que hoy en día es ampliamente reconocida como la organización política más influyente del Líbano.

Por el contrario, la injerencia iraní en los asuntos de Irak es de procedencia más reciente y se remonta a la violencia sectaria que estalló en todo el país tras el derrocamiento del dictador iraquí Sadam Husein en 2003. Más recientemente, Irán ha podido ampliar su influencia en Bagdad aprovechando la reciente campaña para derrotar al ISIS, donde las milicias chiítas apoyadas por Irán, las llamadas Fuerzas de Movilización Popular (PMF), lucharon contra los militantes predominantemente sunitas que apoyaban al ISIS.

Tras derrotar al ISIS, las milicias del PMF han permanecido activas en Irak, lo que ha permitido a Teherán ampliar su influencia en Bagdad.

Ahora, gracias a la determinación y valentía de los manifestantes antigubernamentales, los designios de dominación regional de Irán en Oriente Medio se están deshaciendo rápidamente.

La señal más obvia de que Irán está sufriendo una intensa presión para proteger sus activos en Oriente Medio ha sido la aparición en Bagdad de Qassem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC). Como responsable personal de la exportación de la revolución islámica iraní a todo el mundo árabe, Soleimani viajó a Irak en un intento desesperado de impedir la dimisión del primer ministro proiraní, Adel Abdul Mahdi.

Desde que los manifestantes antigubernamentales salieron a las calles el mes pasado, Soleimani ha visitado Bagdad con frecuencia. Al día siguiente del inicio de las protestas, Soleimani habría presidido una reunión con altos funcionarios de seguridad iraquíes en Bagdad, una función que normalmente desempeña el primer ministro del país. Al día siguiente, más de 100 personas murieron a manos de francotiradores no identificados y de miembros de milicias apoyadas por Irán, como el PMF.

Desafortunadamente para Irán, sus tácticas de mano dura han impresionado poco a los manifestantes, a pesar de que el número de muertos a causa de las protestas en Irak se sitúa ahora en torno a los 250. El viernes pasado se produjeron las mayores protestas en Irak desde la caída de Saddam Hussein, con miles de personas reunidas en el centro de Bagdad. En otros lugares, los manifestantes atacaron el consulado iraní en la ciudad santa chiíta de Karbala, donde escalaron las barreras de hormigón que rodeaban el edificio antes de retirar la bandera iraní y sustituirla por una iraquí.

También se han producido ataques contra las bases de las milicias del PMF en Nasiriyah y Diwaniyah, donde 12 manifestantes resultaron muertos cuando se prendió fuego al cuartel general de la Organización Badr, respaldada por Irán.

En el Líbano, mientras tanto, ha habido informes de combatientes de Hezbolá que atacan a manifestantes pacíficos mientras Irán intenta desesperadamente evitar que su representante más importante en Oriente Medio caiga fuera de su órbita.  Las protestas, además, no podrían haber llegado en peor momento para Irán, donde la economía está en caída libre como resultado de las sanciones de amplio alcance que ha introducido Washington.

Las sanciones significan que los ayatolás ya han tenido que recortar su financiación de las milicias sustitutivas en todo el mundo árabe. Los manifestantes locales están dejando claro que su aversión por la intromisión iraní en sus asuntos podría significar el fin de la ambición de Teherán de convertirse en la potencia dominante de la región.

Vía Gatestone Institute
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