El mar Caspio se ha convertido en una ruta decisiva para sostener el intercambio entre Rusia e Irán en medio de las sanciones occidentales, la guerra en Ucrania y el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de la Marina de Estados Unidos. Por esa vía, según funcionarios estadounidenses, Moscú está enviando componentes de drones a Teherán para ayudarle a recomponer sus capacidades ofensivas tras perder cerca del 60 por ciento de su arsenal en los recientes combates.
La relevancia de esa conexión quedó expuesta en marzo, cuando Israel atacó el centro de mando naval iraní en el puerto de Bandar Anzali, en la costa del Caspio. En imágenes difundidas por el ejército israelí se vieron destellos anaranjados y columnas de humo negro mientras los cazas bombardeaban la instalación. Israel aseguró que también destruyó varios buques de la marina iraní y describió la operación como “uno de los más significativos” golpes ejecutados durante las operaciones de combate contra Irán.
Lejos del golfo Pérsico, el Caspio ha ganado peso como corredor para comercio abierto y encubierto entre dos aliados sometidos a una fuerte presión internacional. Esa masa de agua, considerada el lago más grande del mundo y mayor que Japón, ofrece a Moscú y Teherán una vía difícil de vigilar desde el exterior y fuera del alcance operativo de Estados Unidos, ya que solo las cinco naciones ribereñas tienen acceso.