Aunque el presidente Donald Trump asegura en público que las negociaciones podrían poner punto final a la guerra contra Irán, y hasta se ha mencionado este fin de semana como fecha posible de cierre, la prensa mundial publica señales que apuntan exactamente en dirección contraria: hacia una escalada extrema.
Miles de marines y buques de guerra adicionales de Estados Unidos ya navegan rumbo al Oriente Medio. Un análisis de Newsweek detalla varios escenarios que los expertos barajan: desde la toma selectiva de islas hasta el desembarco de tropas en el corazón de la República Islámica.
Hoy miércoles, el escenario de una invasión terrestre ganó peso concreto. Según un informe de Politico, un alto republicano salió furioso de sesiones informativas confidenciales ante los Comités de Servicios Armados de la Cámara y el Senado. El congresista Mike Rogers, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara, fue directo: la Administración no está dando suficientes detalles sobre la operación “Furia Épica” en Irán. “No respondieron a preguntas clave”, dijo. La crítica es inusual, porque Rogers fue de los primeros en respaldar el ataque de Trump.
Crece la presión en Washington por una ofensiva terrestre
Dos colegas republicanos se sumaron al descontento. La congresista Nancy Mace fue clara: “No apoyaré la introducción de fuerzas terrestres en Irán, especialmente después de esta sesión”. Ryan Mackenzie expresó la misma inquietud, aunque dejó abierta una puerta: quizás el despliegue sirva solo para presionar a Teherán y volver a la mesa de negociaciones. “Desde luego no queremos otra guerra interminable”, advirtió. Sus palabras son una alarma roja: la Administración podría estar perdiendo apoyo en el Congreso para una guerra que ya lleva casi un mes.
Detrás de las puertas cerradas de esas sesiones se hablaba de algo muy concreto: el Pentágono prepara el envío de miles de soldados de la 82.ª División Aerotransportada, que se unirán a más de 2.000 marines ya en camino.
El tuit del periodista Alex Ward, de The Wall Street Journal, desató la tormenta en redes: “Al menos tres republicanos clave en el Congreso —incluidos los presidentes de los Comités de Servicios Armados— insinúan con fuerza que se planea una operación terrestre en Irán, y que podría ocurrir pronto”.
Si esa operación se activa, The Washington Post revela que en la Casa Blanca se estudia seriamente apoderarse de la isla de Kharg. Esa diminuta roca en el noreste del Golfo Pérsico es la “línea de vida” económica de Irán: por allí sale el 90 % de su petróleo crudo. El plan sería usarla como ficha de negociación para obligar a Teherán a reabrir el estrecho de Ormuz.
Kharg emerge como eje de una posible nueva fase
Irán ya lo vio venir. Según CNN, en las últimas semanas ha convertido Kharg en una fortaleza: sistemas de defensa antiaérea en capas, misiles portátiles, minas antipersonales y antiblindaje sembradas especialmente en las playas donde podrían desembarcar los marines. Una fuente israelí citada por la cadena expresó el temor compartido: una toma de la isla provocaría una lluvia inmediata de drones y misiles iraníes, con el riesgo real de bajas estadounidenses.
El propio presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, lanzó una advertencia sin rodeos: “Si los enemigos cruzan las líneas, toda la infraestructura vital de cualquier país regional que los ayude se convertirá en objetivo de ataques despiadados”. Irán, dijo, sigue al detalle cada movimiento de las fuerzas estadounidenses.
Mientras tanto, el Pentágono no detiene el refuerzo: dos unidades de marines especializadas en asaltos anfibios ya están desplegadas y en los próximos días se sumarán unos 1.000 paracaidistas de la 82.ª. Los países del Golfo, en conversaciones discretas, presionan a Trump para que evite la ocupación terrestre. Temen que encienda una guerra regional larga y que Irán responda atacando sus propias infraestructuras. Prefieren que EE. UU. termine desde el aire el desmantelamiento de los misiles balísticos de Teherán.
El almirante James Stavridis, excomandante supremo de la OTAN, propuso una vía menos sangrienta: “Los iraníes buscarán causar el máximo de bajas. En lugar de desembarcar tropas en la costa, un bloqueo naval sobre Kharg podría bastar: impediría la exportación de petróleo y ejercería una presión brutal sin pisar tierra”.
El reloj corre. La retórica de paz choca con los buques que avanzan, los marines que se preparan y los congresistas que empiezan a poner límites. La decisión de cruzar o no la línea de la invasión terrestre definirá si esta guerra termina en una mesa o en las playas de Kharg.