La presidencia de la Knéset que surja de las próximas elecciones ha abierto un conflicto entre Avigdor Liberman y Gadi Eisenkot dentro de la oposición. La discusión gira en torno a quién dirigirá la actividad parlamentaria durante los primeros pasos de la 26.ª Knéset, un cargo que ambos consideran decisivo para sus planes políticos.
Liberman, presidente de Israel Beitenu, quiere que una persona designada por su partido asuma la presidencia de la cámara cualquiera que sea el reparto de escaños en el bloque opositor. No acepta que el puesto dependa de que su formación sea la más grande. En Yashar, el partido de Eisenkot, defienden precisamente ese criterio: si encabezan el bloque por número de escaños, exigen que el nombramiento corresponda automáticamente a uno de sus representantes.
El desacuerdo no se limita a la distribución de cargos. Israel Beitenu teme que Eisenkot, a pesar de sus declaraciones, intente formar un gobierno de unidad con Benjamín Netanyahu después de los comicios. Quienes sostienen esa posibilidad consideran que semejante acuerdo podría impedir el avance de las leyes que la oposición pretende impulsar.
En Yashar existe un recelo equivalente hacia Liberman. Sus dirigentes temen que utilice la presidencia de la Knéset como instrumento de negociación con el Likud y que, a partir de esa posición, cambie los planes del bloque para el periodo posterior a las elecciones.
Esos planes prevén sustituir al actual presidente parlamentario, Amir Ohana, tan pronto como tome posesión la nueva Knéset. Tras ese relevo, la oposición buscaría tramitar las denominadas “leyes del acusado”, destinadas a impedir que el presidente de Israel encomiende la formación de gobierno a alguien contra quien exista una acusación penal pendiente.
La aprobación de esas normas cerraría a Netanyahu la posibilidad de recibir el encargo de formar gobierno. De ahí la importancia que adquiere para los partidos el control de la presidencia parlamentaria y, con ella, la capacidad de organizar los tiempos de la actividad legislativa.
Israel Beitenu ya considera a dos diputados para ese puesto: Yulia Malinovsky y Oded Forer. Ambos cuentan con años de experiencia parlamentaria, conocen el funcionamiento de la Knéset y son considerados leales a Liberman.
Las alternativas de Yashar son más limitadas. Buena parte de su lista procede del ámbito de la seguridad o está compuesta por ciudadanos sin trayectoria parlamentaria. Entre las personas con experiencia previa en la cámara figuran Orit Farkash-Hacohen, Matan Kahana, Hili Tropper y Elazar Stern. A ellas se suma Roi Folkman, exdiputado incorporado a la lista del partido.
La competencia entre Liberman y Eisenkot también afecta al liderazgo de la oposición. Persiste la disputa por cuál de las formaciones será la mayor del bloque, mientras Liberman mantiene su negativa a aceptar a Eisenkot como candidato a primer ministro.
Una persona conocedora de las conversaciones describió la relación entre ambos sectores como una situación en la que ninguno confía en el otro. A su juicio, cada formación quiere asegurarse el control del calendario para sustituir a Netanyahu, y esa falta de confianza podría impedir la aprobación de las leyes previstas.
Fuentes de los dos equipos atribuyen a estas diferencias el enfrentamiento que se desarrolla este domingo entre bastidores. Mientras la oposición examina cómo preparar un posible cambio de gobierno tras las elecciones, sigue sin resolver quién ocupará la presidencia de la próxima Knéset y quién decidirá el ritmo de las iniciativas contra Netanyahu.










