El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, condenó el domingo el ataque con misiles hutíes contra el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad, que causó al menos 12 muertos y más de 300 heridos el sábado. Un nuevo proyectil alcanzó una terminal de pasajeros el domingo, cuando las instalaciones permanecían cerradas desde el primer ataque.
Netanyahu calificó el episodio de “horrible ataque terrorista” en una publicación en X y transmitió las condolencias de Israel a las familias de las víctimas. Sostuvo que el terrorismo ataca a personas inocentes y busca provocar miedo e inestabilidad, por lo que debe recibir una respuesta decidida. También expresó su aspiración de que los países de Oriente Medio actúen unidos frente a las amenazas y cooperen para proteger a sus poblaciones.
La condena llegó en un momento de intensa confrontación en Yemen. Arabia Saudita respalda al gobierno yemení reconocido internacionalmente frente a los hutíes, apoyados por Irán. El grupo rebelde tomó amplias zonas de la costa del mar Rojo durante una ofensiva el mes pasado. El ataque del sábado fue el más mortífero registrado en territorio saudí en más de una década.
Israel y Arabia Saudita mantienen determinados contactos de inteligencia, pero carecen de relaciones diplomáticas. Riad sostiene que una normalización con Israel requiere una vía clara hacia la creación de un Estado palestino.
Las autoridades saudíes identificaron entre los muertos a cuatro saudíes, dos ciudadanos de Bangladesh, un palestino, un estadounidense, un egipcio, un jordano, un sirio y un sudanés. La víctima egipcia era Azza Ramzy, tripulante de cabina de la aerolínea Flynas, de acuerdo con la televisión estatal egipcia.
La embajada de Siria identificó a la víctima siria como Buthaina Ahmad Oweida, una viuda con cuatro hijos que llevaba cinco años en Arabia Saudita. Su sobrina Nisreen Oweida explicó que había abandonado Siria durante la guerra civil, residía en La Meca y había viajado a Riad para visitar a su hermana. Murió cuando regresaba de esa visita.
Un residente de Riad de 32 años que presenció el ataque describió a la AFP una explosión tan fuerte que sintió temblar el aeropuerto. Después sonaron las alarmas y los pasajeros comenzaron a correr. Relató que desde la Terminal 3 llegaron personas con heridas graves, algunas con sangre en el rostro y otras con amputaciones. También vio a pasajeros que trasladaban a los heridos mientras buscaban protección.
El testigo explicó que no sabía hacia dónde dirigirse hasta que agentes de seguridad lo condujeron, junto con otros pasajeros, a una planta inferior. Allí permanecieron aproximadamente una hora antes de recibir autorización para salir. Las personas que hablaron con la AFP pidieron anonimato debido a las medidas que las autoridades saudíes han amenazado con adoptar contra quienes hablen de los ataques.
Un portavoz militar de Arabia Saudita describió el ataque del sábado como un “crimen de guerra en toda regla”. El domingo por la tarde, la coalición encabezada por Riad comunicó que otro proyectil había impactado en una terminal del mismo aeropuerto. La autoridad de aviación civil confirmó que hubo heridos y que continuaban las evaluaciones de los daños y las condiciones de seguridad. No precisó entonces el número de afectados por este segundo incidente.
El cierre del aeropuerto no impidió que Riad mantuviera sus encuentros internacionales del sector energético. El Ministerio de Energía aseguró que seguía adelante el Congreso de Energía del WPC, previsto durante cinco días en un centro de convenciones situado a unos diez kilómetros del aeropuerto. La televisión estatal indicó que habían confirmado su participación más de 70 ministros, 300 ejecutivos y representantes de más de 25 organizaciones internacionales. No estaba claro si acudirían presencialmente o por vía virtual.
El domingo también tuvo lugar una reunión ministerial del Foro Internacional de la Energía, cuya sesión plenaria fue a puerta cerrada. En paralelo, las autoridades saudíes comunicaron a las familias que las clases presenciales quedarían suspendidas desde el domingo hasta el jueves y que estudiantes, docentes y personal administrativo pasarían a la modalidad remota.
Los hutíes acusaron a Arabia Saudita de atacar un aeropuerto en Saná, la capital yemení. Su Ministerio de Salud afirmó además que un presunto ataque saudí contra una vivienda de la ciudad había causado la muerte de un niño y heridas a otras seis personas. La misma dependencia aseguró que la coalición saudí había matado a 91 yemeníes en cinco semanas y que el 60 % de ellos eran mujeres y niños. Las autoridades saudíes no ofrecieron una respuesta inmediata a estas acusaciones.
El grupo rebelde ya había reconocido ataques recientes contra aeropuertos e instalaciones petroleras y militares saudíes. El domingo reivindicó asimismo operaciones contra el aeropuerto Rey Fahd de Dammam y contra infraestructura de petróleo y gas en el este de Arabia Saudita.
Los hutíes reiteraron su advertencia a aerolíneas, trabajadores aeroportuarios y viajeros para que evitaran el espacio aéreo y los aeropuertos saudíes, a los que describieron como objetivos vulnerables dentro de sus operaciones. Su portavoz militar, el general de brigada Yahya Saree, aclaró en X que los aeropuertos de La Meca y Medina estaban excluidos de esa amenaza. El reino había señalado anteriormente que La Meca era una “línea roja”.
En Estados Unidos, el presidente Donald Trump declaró el sábado que planeaba conversar con el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman. Una posible intervención estadounidense podría llevar a los hutíes a interrumpir el tráfico marítimo por el estrecho de Bab el-Mandeb, situado en el extremo meridional del mar Rojo, y restringir todavía más la salida de petróleo del golfo Pérsico.
Los rebeldes ocuparon el mes pasado posiciones estratégicas próximas al estrecho. La coalición saudí intenta recuperarlas, mientras los hutíes aseguran haber rechazado sus operaciones. El gobierno yemení anunció la semana pasada una contraofensiva para recuperar territorio bajo control rebelde. Las versiones de las partes no han podido verificarse de forma independiente debido a los rápidos cambios en el terreno y a las dificultades de acceso para los periodistas.










