Reportes en Israel y medidas de Washington reactivan la tensión con Irán, tras el fracaso de las conversaciones en Islamabad sobre programa nuclear y Ormuz.
Las FDI elevan su alerta tras el fracaso del diálogo en Islamabad
Después del fin sin acuerdo de las conversaciones entre Washington y Teherán en Islamabad, la tregua que Pakistán había mediado entró en una zona incierta. El alto el fuego llevaba apenas dos semanas cuando medios israelíes informaron que las Fuerzas de Defensa de Israel habían recibido la orden de elevar su nivel de alerta. La señal llegó cuando la guerra todavía no tenía un cierre permanente ni un marco estable.
Ynet abrió la secuencia de informes al afirmar que el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, ordenó pasar a un estado de alerta elevada y preparar al ejército para una reanudación de las hostilidades con Irán. Luego, Channel 12 sostuvo que las FDI también contemplan un ataque sorpresa iraní. Kan añadió que, para sectores de defensa, la guerra terminó demasiado pronto y dejó presión insuficiente sobre Teherán, según esos reportes internos.
La lectura israelí quedó aún más expuesta cuando Channel 13 aseguró que el nivel de alerta subió de forma significativa y que Zamir pidió preparativos para un retorno inmediato de los combates. Aunque las FDI evitaron comentar esas versiones, el propio jefe militar había dicho en el sur del Líbano, la semana anterior, que el ejército está listo para volver al combate contra Irán con toda su fuerza en cualquier momento.

Ese cuadro abrió una etapa de espera sobre la decisión de Donald Trump. Según Kan, si la guerra regresa, Israel intentará empujar a Irán a abandonar su programa nuclear por medio de ataques contra infraestructura energética. La combinación entre una tregua débil, una negociación caída y una alerta militar en ascenso dejó a Israel en una posición de máxima vigilancia, a la espera de un siguiente paso desde Washington o Teherán.
Washington evalúa ataques limitados y un bloqueo marítimo sobre Ormuz
La tensión se amplió fuera del frente israelí cuando The Wall Street Journal informó que Trump y sus asesores estudian retomar ataques militares limitados contra Irán y mantener el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz para romper el estancamiento diplomático. Funcionarios citados por el diario señalaron que una campaña de gran escala parece menos probable, porque el presidente rechaza guerras largas y prefiere una presión más acotada en esta fase.
El informe añadió que la Casa Blanca podría imponer un bloqueo temporal mientras intenta reunir a aliados que aporten escoltas armadas para los buques que crucen la vía. Después llegó la señal más concreta: el ejército estadounidense anunció que aplicará un bloqueo naval a Irán por orden de Trump y precisó que el cierre de los puertos iraníes empezará el lunes a las 10:00 de la mañana, hora del este.
Ormuz conserva un valor decisivo porque por ese paso circula cerca del 20 % de los envíos mundiales de petróleo y gas natural licuado. El texto sostiene además que Irán ya había impuesto su propio bloqueo desde el 28 de febrero, cuando comenzaron los ataques de Estados Unidos e Israel, y atribuye a esa medida un daño económico global masivo. La disputa sobre el estrecho convirtió la presión militar en un problema energético de alcance internacional.

Pakistán intenta mantener abierto un canal con Washington y Teherán, según Channel 12, para sentarlos otra vez a la mesa. Los negociadores dijeron que un acuerdo sobre el programa nuclear podría destrabar después otros asuntos, entre ellos los misiles balísticos, Ormuz y los grupos aliados armados. Sin embargo, Estados Unidos fijó líneas rojas con una dureza que redujo el margen para un pacto inmediato y agravó la fragilidad de la tregua.
Exigencias de Washington y puntos de fricción con Teherán
- Estados Unidos exigió el fin total del enriquecimiento de uranio y el desmantelamiento de las principales instalaciones vinculadas a ese proceso.
- Washington también pidió recuperar el uranio altamente enriquecido y asumir un marco amplio de paz, seguridad y desescalada con aliados regionales.
- Entre las condiciones estadounidenses figura el fin del financiamiento iraní a Hamás, Hezbolá y los hutíes.
- La apertura completa del estrecho de Ormuz, sin peajes, quedó incluida entre las líneas rojas expuestas por Washington.
- Irán llevó a Islamabad una propuesta de diez puntos que exigía garantías de fin de la guerra, control sobre la vía y cese de ataques contra aliados regionales.
Teherán responde con reproches y amenazas sobre el estrecho de Ormuz
Desde Teherán, el ministro de Exteriores Abbas Araghchi atribuyó el fracaso del memorándum de entendimiento a las demandas maximalistas de Washington. En X afirmó que Irán había negociado de buena fe para poner fin a la guerra y que, cuando ambas partes estaban a centímetros de cerrar el acuerdo de Islamabad, aparecieron metas cambiantes y bloqueo. Su mensaje remató con una advertencia política: la buena voluntad produce buena voluntad y la enemistad produce enemistad.

El gobierno iraní había llegado a Islamabad con una propuesta propia de diez puntos. Ese planteamiento exigía garantías de fin de la guerra y reclamaba control sobre la vía navegable, además del cese de los ataques contra los aliados regionales de Irán, con una mención expresa a Hezbolá. La distancia entre ese esquema y las exigencias estadounidenses dejó claro que el núcleo del desacuerdo sigue en el programa nuclear y en la seguridad regional.
En paralelo, el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos elevó el tono y aseguró que controla por completo el cuello de botella marítimo de Ormuz. En mensajes difundidos en persa, su comando naval afirmó que todo el tráfico está bajo control de las fuerzas armadas y que el paso permanece abierto solo para buques civiles que respeten las regulaciones pertinentes. También advirtió que cualquier buque militar cercano violará el alto el fuego y afrontará un trato severo.
El sábado, el ejército de Estados Unidos comunicó que había iniciado una operación para retirar minas del estrecho. Precisó que los destructores USS Frank E. Petersen Jr. y USS Michael Murphy cruzaron Ormuz y operaron en el golfo Arábigo dentro de una misión orientada a mantener libre el paso de explosivos que, según Washington, el CGRI había colocado. Un día después, medios estatales iraníes difundieron un video con una advertencia naval a un destructor estadounidense.