Un ataque aéreo contra la provincia yemení de Saada causó al menos nueve muertos el domingo, mientras que un proyectil hutí dejó seis heridos en el sur de Arabia Saudita. La nueva jornada de violencia se produjo tras la reactivación de la guerra civil de Yemen, que había permanecido bajo un alto el fuego durante cuatro años.
Cinco niños y dos mujeres figuran entre los muertos en Saada. El portavoz del Ministerio de Salud bajo control hutí, Anees al-Asbahi, atribuyó el bombardeo a Arabia Saudita e identificó como objetivo alcanzado una vivienda del distrito de Sahar. Otras 19 personas sufrieron heridas, entre ellas 11 menores, y algunas se encontraban en estado crítico. El Gobierno saudí no había emitido una respuesta inmediata a la acusación.
El ataque hutí alcanzó una zona residencial de Najrán, cerca de la frontera con Yemen. La Defensa Civil saudí contabilizó seis ciudadanos heridos, tres viviendas dañadas y desperfectos en tres vehículos. El organismo calificó el proyectil de enemigo y responsabilizó de su lanzamiento a la milicia hutí.

La misma región fue escenario de otro incidente militar. Un helicóptero de combate saudí se estrelló en el suroeste del reino y murieron sus dos tripulantes. El portavoz de la coalición encabezada por Riad, el mayor general Turki al-Maliki, atribuyó la caída a una avería técnica cerca de Najrán, una zona afectada por intensos combates. Su declaración llegó horas después de que los hutíes aseguraran que habían derribado el aparato.
La guerra entre los hutíes y la coalición saudí que respalda al Gobierno yemení reconocido internacionalmente volvió a intensificarse en julio, después de más de una década de conflicto. En septiembre, los hutíes tomaron la costa yemení del mar Rojo. Desde entonces, sus ataques contra Arabia Saudita han alcanzado infraestructura energética y aeropuertos, con acciones casi diarias. Entre los objetivos estuvieron la petrolera estatal Aramco y el aeropuerto internacional de Riad, donde murieron 13 personas, entre ellas ciudadanos egipcios, una semana antes.
Ante esa ofensiva, Arabia Saudita ha recurrido a ataques aéreos y busca respaldo militar de sus aliados regionales. Egipto es el país que ocupa ahora el centro de esas gestiones. El sábado, el presidente Abdel Fattah el-Sissi solicitó autorización parlamentaria para asistir a la defensa saudí si Riad pedía ayuda. Consideró inconcebible que El Cairo permaneciera al margen ante una amenaza contra la seguridad y la estabilidad del reino.
Sissi también reclamó el fin de los enfrentamientos y precisó el alcance de su propuesta: “No buscamos confrontar ni atacar a nadie. Hablamos solamente de defensa”. Antes de la sesión parlamentaria, el Consejo de Defensa Nacional egipcio, presidido por el propio mandatario, aprobó ofrecer a Arabia Saudita “todas las formas de apoyo necesarias y disponibles” para proteger su seguridad, su integridad territorial y los lugares sagrados islámicos.
Sin embargo, la votación parlamentaria prevista para el domingo quedó aplazada. Los diputados Ibrahim Kholeif y Maha Abdel Nasser explicaron que el debate proseguiría el lunes para permitir que todos los legisladores expresaran sus posiciones, aunque medios egipcios situaron la continuación de las deliberaciones hasta el martes. Kholeif afirmó que predominaba el respaldo a la iniciativa. Ninguno de los dos legisladores señaló que se hubieran examinado modalidades concretas de asistencia militar.

El envío de fuerzas egipcias a misiones de combate en el extranjero exige, conforme a la Constitución del país, la aprobación del Parlamento y del Consejo de Defensa Nacional, en el que participan los responsables del aparato de seguridad. La posible intervención en favor de Riad supondría además un cambio respecto de la tradicional cautela de la política exterior egipcia, orientada principalmente a preservar su propia seguridad nacional.
El Cairo ha mantenido durante años una función de mediación regional y vías de comunicación con actores enfrentados, entre ellos Hamás, Israel e Irán. Durante la guerra entre Irán y Estados Unidos, Egipto recomendó prudencia a sus aliados del Golfo, incluso después de que estos fueran atacados. Su Ejército, el más grande del mundo árabe, tampoco respondió militarmente cuando un dron no identificado alcanzó el puerto egipcio de Damietta en julio.
Egipto no se incorporó al pacto de defensa de La Meca que Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron en agosto. Los expertos citados vincularon esa decisión con el interés egipcio de conservar su autonomía estratégica. Desde Yemen, el presidente del Parlamento hutí, Yehia Ali al-Rai, dirigió el sábado una advertencia a su homólogo egipcio después de la petición de Sissi: “Que Egipto se deslice por este camino representaría un grave peligro para su propia seguridad nacional y su estabilidad interna antes que para las de cualquier otro”, escribió en una carta difundida por la agencia hutí Saba.

Pese a esas reservas, Arabia Saudita es uno de los aliados más importantes de Egipto y ha proporcionado un respaldo financiero fundamental al Gobierno de Sissi durante más de diez años. El Cairo ya participó en la coalición encabezada por Riad en Yemen en 2015, con medios navales y aéreos, además de buques de guerra desplegados en el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb.
Las alteraciones del tráfico por Bab el-Mandeb afectan especialmente a los dos países. Ese estrecho constituye el acceso meridional al canal de Suez, cuyos ingresos aún no se han recuperado desde que comenzaron los ataques hutíes en 2023. La colaboración egipcia podría abarcar inteligencia, asesores militares, municiones, repuestos, armamento e incluso tropas, de acuerdo con las posibilidades descritas por el experto militar Samir Farag. Por ahora, el alcance de la eventual ayuda sigue sin definirse en el debate parlamentario.










