El Pentágono enviará en los próximos días unos 10.000 soldados adicionales a Oriente Medio mientras la administración Trump mantiene abiertas las opciones de escalar militarmente contra Irán si fracasan las negociaciones para frenar su programa nuclear.
El grueso del refuerzo lo componen los aproximadamente 6.000 efectivos a bordo del portaaviones USS George H.W. Bush y su escolta naval. El buque, que el martes se encontraba cerca del Cuerno de África, tomará una ruta poco habitual rodeando el extremo sur del continente africano antes de llegar a la región. A finales de mes se prevé la incorporación del Grupo Anfibio de Preparación Boxer —tres buques partidos la semana pasada desde Hawái— con 4.200 Marines de la 11.ª Unidad Expedicionaria, que incluye un batallón de infantería, helicópteros y embarcaciones de desembarco.
El arribo de estas fuerzas coincidirá con el vencimiento del alto el fuego de dos semanas el 22 de abril y elevará a tres el número de portaaviones estadounidenses en el teatro de operaciones. El USS Abraham Lincoln opera en la zona desde enero y el USS Gerald R. Ford llegó al Mediterráneo oriental en febrero. En total, el Pentágono contabiliza unos 50.000 efectivos involucrados en las operaciones contra Irán.
El almirante retirado James Foggo, decano del Center for Maritime Strategy, describió el refuerzo como “capacidad de reserva, por si las cosas se tuercen”. “Cuantas más herramientas tienes en tu caja, más diversidad de opciones tienes”, señaló.
El despliegue acompaña el bloqueo marítimo anunciado el domingo por el presidente Donald Trump para presionar económicamente a Teherán. La medida busca forzar la reapertura del estrecho de Ormuz —paso clave para las exportaciones petroleras del golfo Pérsico— y obtener concesiones nucleares en las negociaciones encabezadas por el vicepresidente JD Vance, que se estancaron durante el fin de semana. Trump declaró a Fox Business que consideraba la guerra “muy cerca” de terminar y anticipó que las conversaciones podrían retomarse esta semana.
En las primeras 24 horas del bloqueo, seis buques mercantes fueron interceptados por fuerzas estadounidenses y todos regresaron a puertos iraníes sin incidentes. Más de una docena de buques de guerra están posicionados en el golfo de Omán y el mar Arábigo para hacer cumplir la medida. Los equipos de abordaje —integrados por Navy SEAL, Marines o guardacostas— están entrenados para interceptar embarcaciones con o sin cooperación de sus tripulaciones.
Trump advirtió en redes sociales que cualquier embarcación que se aproxime al bloqueo “será ELIMINADA de inmediato, usando el mismo sistema de eliminación que usamos contra los narcotraficantes en alta mar. Es rápido y brutal”. El presidente señaló además que la marina iraní ya está “en el fondo del mar, completamente destruida”.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que Trump “ha tenido la sabiduría de mantener todas las opciones sobre la mesa en caso de que los iraníes no renuncien a sus ambiciones nucleares”, y sostuvo que “la desesperación de Irán por alcanzar un acuerdo solo aumentará” con el bloqueo vigente.
Entre las opciones en discusión figuran operaciones terrestres en suelo iraní: desde misiones de Fuerzas de Operaciones Especiales para extraer material nuclear hasta el desembarco de Marines en zonas costeras, pasando por la toma de la isla de Kharg, instalación exportadora de petróleo en el golfo Pérsico, según funcionarios estadounidenses.
Mick Mulroy, marine retirado y exagente de la CIA que sirvió en el Pentágono durante la primera administración Trump, advirtió que cualquiera de esas operaciones terrestres implicaría riesgos considerablemente mayores que el bloqueo. “No va a estar exento de consecuencias”, dijo. “Es probable que haya bajas”.
Foggo, por su parte, reconoció los efectos colaterales del bloqueo sobre la economía estadounidense: “Los precios de la gasolina van a seguir subiendo. Eso es también un problema para nosotros y para nuestros responsables políticos, porque la gente no está contenta con eso”.