La próxima edición del Festival Showcase Music de Israel recibirá a unos 30 profesionales extranjeros de la industria musical, frente a los 60 que asistieron el año pasado. La directora artística, Hadas Vanunu, atribuye la caída de la participación al rechazo creciente a colaborar con músicos israelíes. El encuentro, que se celebra anualmente en Jerusalén y Tel Aviv para conectar a artistas locales con productores, ejecutivos y directores de festivales internacionales, tendrá lugar del 17 al 22 de noviembre y cumplirá su decimoséptima edición.
Atcha Bar, fundador y director durante años del centro musical Yellow Submarine de Jerusalén, además de responsable del festival, considera que las condiciones se han deteriorado respecto de 2025. En su evaluación, la comprensión que algunos interlocutores extranjeros mostraban hacia la situación de Israel ha desaparecido. Vanunu describe una dificultad adicional: posibles invitados que antes aceptaban conversar sobre el encuentro ahora ni siquiera quieren abordar la propuesta. Para ella, esa actitud se ha convertido en habitual.
El programa reunirá propuestas musicales de distintos estilos y contará con Mark Eliyahu, Yael Deckelbaum, HAZEEVOT, Maya Belsitzman y Matan Ephrat, los hermanos Kadosh, BĘÃTFÓØT, Allan Tune, Daniel Zamir y Zohar Fresco. También figuran Portman-T, integrado por Ester Rada, Daniel Zamir y Michael Mital, además de Yisgav Dotan, Shaman Shaman, Boogie Balagan, Masok y Shalosh, entre otros. En ediciones anteriores, el encuentro abrió oportunidades internacionales a centenares de músicos, incluidos Noga Erez, Lola Marsh y Tatran.
Yellow Submarine produce el festival junto con la División de Diplomacia Cultural del Ministerio de Exteriores, Eden Company, la Autoridad de la Juventud del Ayuntamiento de Jerusalén, la Fundación Jerusalén, el Ministerio de Cultura y el propio Ayuntamiento de Jerusalén.

La menor asistencia contrasta con las circunstancias de la edición anterior. Cuando se cursaron las invitaciones de 2025, la guerra en Gaza continuaba y los grupos terroristas de la Franja aún mantenían cautivos a 20 rehenes vivos, secuestrados durante el ataque encabezado por Hamás contra el sur de Israel el 7 de octubre de 2023. Esos rehenes recuperaron la libertad tres semanas antes del comienzo del festival. A pesar de aquel contexto, el año pasado acudió el doble de visitantes extranjeros que los previstos para esta edición.

El boicot no es el único obstáculo. Desde el año pasado, el festival también afronta restricciones presupuestarias tras el recorte de fondos que el Ministerio de Exteriores destinaba a buena parte de sus programas culturales. Vanunu explica que menos recursos significan menos invitaciones. Bar recuerda que antes los visitantes pagaban sus propios vuelos, pero el encarecimiento de los pasajes a Israel durante los últimos tres años llevó a los organizadores a cubrir parte de ese gasto.
La búsqueda de contactos internacionales también ha cambiado. Europa fue durante años el principal destino de las invitaciones, mientras que ahora, como en la edición anterior, los organizadores se concentran en Asia y Norteamérica, donde encuentran países más receptivos a las actuaciones de artistas israelíes. Sin embargo, Bar y Vanunu no quieren limitar esas relaciones a festivales o actividades judías, aunque algunos contactos norteamericanos solicitan músicos israelíes precisamente para esos circuitos.
Su propósito es presentar propuestas musicales ante públicos y programadores diversos. Bar destaca que el festival reúne jazz, músicas del mundo y canciones en hebreo e inglés, y que las relaciones establecidas durante la semana permiten conseguir actuaciones en el extranjero fuera del ámbito de los encuentros judíos. Vanunu añade que la visita no pretende funcionar como una campaña de relaciones públicas de Israel, aunque los participantes pasan varios días intensos en el país y conocen realidades que no suelen aparecer en las noticias.

El pianista Gadi Stern, integrante de Shalosh junto con el baterista Matan Assayag y el bajista David Michaeli, valora especialmente la posibilidad de conocer a profesionales dispuestos a trabajar con israelíes, una disposición que considera poco frecuente. Shalosh continúa entre los pocos grupos del país con actividad regular en el exterior, aunque sus actuaciones internacionales han disminuido. En cada uno de los tres últimos años ofreció aproximadamente 30 conciertos fuera de Israel, alrededor de la mitad de los que conseguía antes.
Stern insiste en que el trío no actúa como representante del Estado de Israel. Sus integrantes son músicos israelíes y su objetivo, explica, es ofrecer la mejor música posible y establecer relaciones con otros públicos. Esa tarea se complica cuando los espacios culturales rechazan el contacto. Después de 12 años de giras, sobre todo por Europa, identifica los mayores niveles de hostilidad en Escandinavia, España e Inglaterra, con la excepción de Londres.
El músico habló sobre esta situación al salir de gira por Europa. Tiene previsto regresar a Israel durante apenas cuatro horas el 27 de octubre para votar en las elecciones. Vanunu considera que esos comicios, interpretados como una evaluación del liderazgo del primer ministro Benjamín Netanyahu, también influyen en la disposición internacional hacia el festival. Entre sus interlocutores hay judíos vinculados a la industria musical estadounidense que no conocen bien a los artistas israelíes, pero quieren ayudarlos y advierten que el resultado electoral puede afectar a esa colaboración.










