España intensificó el miércoles su rechazo a que Washington use sus bases para operaciones contra Irán, después de que las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de represalias comerciales por la disputa ampliaran la brecha entre aliados de la OTAN. Pedro Sánchez reiteró el “no a la guerra” tras los ataques estadounidenses-israelíes del fin de semana.
Pocas horas más tarde, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que Madrid había “acordado cooperar con el ejército estadounidense”, sin precisar el alcance de esa cooperación. Sin embargo, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, declaró a Cadena SER que “nuestra posición sobre el uso de las bases, sobre la guerra en Oriente Medio, sobre el bombardeo de Irán, no ha cambiado en absoluto”.
Trump atacó al Ejecutivo de Sánchez el martes, calificó a España de aliado “terrible” y amenazó con cortar el comercio con una de las economías desarrolladas más dinámicas del mundo. Sánchez sostuvo su postura y afirmó que la posición de su Gobierno “se puede resumir en cuatro palabras: no a la guerra”. “No seremos cómplices de algo que es perjudicial para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses, simplemente por miedo a represalias”, agregó en una intervención televisada.
España integra la Unión Europea, un marco que permite la libre circulación de mercancías entre sus 27 países, lo que complica la imposición de restricciones comerciales a un solo Estado miembro. “Las palabras de Trump no siempre se convierten en política. Habrá que ver si las cumple, y cómo”, señaló Ángel Saz Carranza, director del Centro Esade de Economía Global y Geopolítica, un think tank español.
El presidente iraní Masoud Pezeshkian elogió a España en X por su “conducta responsable al oponerse a las flagrantes violaciones de los derechos humanos y a la agresión militar de la coalición sionista-estadounidense contra países”. Entre quienes respaldaron a Sánchez el miércoles figuraron el presidente francés Emmanuel Macron, la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen y el presidente del Consejo Europeo António Costa. “La UE siempre garantizará que los intereses de sus Estados miembros estén plenamente protegidos”, escribió Costa en X.
Sánchez ya había quedado bajo escrutinio en Estados Unidos por negarse a sumarse al compromiso de aliados de la OTAN de elevar el gasto en defensa al cinco por ciento del PIB, como exige Trump. También criticó con dureza la guerra de Israel en Gaza y la operación militar estadounidense de enero que capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro. Las fuerzas estadounidenses usan la base naval de Rota y la base aérea de Morón, en el sur de España, bajo un acuerdo firmado en 1953 durante la dictadura de Francisco Franco.
En la invasión de Irak de 2003, España, entonces gobernada por José María Aznar, apoyó a Estados Unidos y envió tropas. Esa participación provocó grandes manifestaciones y muchos españoles la vinculan con los atentados del 11 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid, que mataron a casi 200 personas. Una rama de Al-Qaeda se atribuyó los ataques y exigió la retirada de las fuerzas españolas de Irak.
Sánchez, en el poder desde 2018, se consolidó como una figura destacada para progresistas europeos desencantados, que lo ven como una de las pocas voces abiertamente izquierdistas en un continente cada vez más dominado por la política de derechas. Algunos analistas interpretan su negativa sobre las bases como un intento de reunir a sus partidarios en torno a un asunto que cohesiona a la izquierda española.
La popularidad de su Gobierno minoritario se debilitó por escándalos de acoso sexual y corrupción ante las elecciones generales previstas para 2027. En la derecha española, muchos sostienen que el pulso de Sánchez con Trump responde más a la política interna que a una brújula moral. El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, que encabeza las encuestas, acusó a Sánchez en X de usar la política exterior con fines “partidistas”.
Portugal, en cambio, autorizó a Estados Unidos a utilizar “condicionalmente” una base aérea en el archipiélago de las Azores, en el Atlántico, para los ataques contra Irán, según informó el miércoles ante el parlamento el primer ministro Luís Montenegro. La autorización se concedió con la condición de que “estas operaciones sean defensivas o de represalia, sean necesarias y proporcionadas, y apunten exclusivamente a objetivos militares”, afirmó el líder conservador.