Hasta hace poco, la detención de Deniz Göktaş, un popular monologuista turco de 32 años acusado de insultar, nada menos, al presidente Erdogan, habría causado una fuerte reacción en toda Europa y protestas diplomáticas oficiales, firmes y explícitas. Sin embargo, en los últimos años, los países de la Unión Europea, que antes enarbolaban con orgullo la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión, han dejado de apresurarse a protestar.
Göktaş fue detenido el fin de semana pasado en el aeropuerto de Estambul, cuando regresaba de unas breves vacaciones en el extranjero. Antes de partir, había publicado en YouTube un video de su última actuación, en el que se burlaba de Erdogan por haber pasado de ser un “dictador tímido” a un “dictador que ya no tiene problemas con su identidad”. El video se volvió viral y acumuló nueve millones de visualizaciones en poco tiempo. El entorno de Erdogan consideró que aquello no tenía ninguna gracia. La policía lo esperaba al pie del avión, lo esposó y lo trasladó a prisión preventiva hasta la conclusión del proceso, bajo sospecha de infringir el artículo 299 del Código Penal turco, que tipifica el delito de insultar al presidente de la República.
Erdogan llegó a la cumbre de la OTAN en Ankara tras una oleada de arrestos internos y con la intención de mostrar a Europa que Turquía ya no actúa desde una posición de debilidad.
Göktaş no fue el único detenido. En vísperas de la cumbre de la OTAN en Ankara, el régimen turco ejecutó una amplia oleada de arrestos que afectó a más de 225 opositores, artistas, intelectuales, periodistas, activistas políticos y defensores del medioambiente. Entre los detenidos figuraba también un grupo de jubilados que participaba en una excursión organizada por el equivalente turco de la Sociedad para la Protección de la Naturaleza. Las autoridades los arrestaron bajo sospecha de pertenecer a una organización terrorista. La operación constituyó una advertencia cuidadosamente programada para la oposición interna, aunque el mensaje no se limitaba a ella.
Una cumbre para exhibir poder ante Europa
En vísperas de la cumbre, el mensaje dirigido tanto al interior como al exterior era inequívoco: Erdogan mandaba en el país y no tenía intención de disculparse ante nadie por los métodos de su régimen, ni siquiera ante los dirigentes occidentales en general y los de la Unión Europea en particular. En Ankara se consideraba que la cumbre ofrecía una oportunidad sin precedentes. Con la presencia y el respaldo de su amigo Donald Trump, el presidente turco podría demostrar a los países europeos que lo habían humillado durante años que los tiempos habían cambiado.
Turquía ya no suplicaba su ingreso en la Unión Europea. Ahora se presentaba ante el continente desde una posición de fuerza, como miembro destacado de la OTAN y potencia regional en ascenso. Los países de la Unión necesitan su creciente industria de defensa para contener la amenaza rusa que avanza desde el este. Tras la guerra en Ucrania, esa amenaza se manifiesta a las puertas de Europa mediante drones y submarinos furtivos que aparecen en puertos y aeropuertos. Esta situación abre a Erdogan la entrada principal al continente que antes lo rechazó, y el presidente turco pretende aprovechar la oportunidad hasta sus últimas consecuencias.
La agenda oficial de la cumbre de la OTAN celebrada esta semana en Ankara se concentró, en efecto, en la estrategia de coordinación frente a Rusia, la ampliación de la ayuda a Ucrania y la exigencia estadounidense de elevar los presupuestos de defensa de los países miembros hasta el cinco por ciento del producto interno bruto. Para ese propósito se creó el “Foro de la Industria de Defensa de la OTAN”, concebido para activar las líneas de producción de los Estados miembros frente a las amenazas globales. También se firmaron acuerdos de fabricación de armamento por un valor de $50.000 millones, que comprenden adquisiciones de drones, sistemas de armas y aviones de alerta temprana.
Sin embargo, Oriente Medio volvió a irrumpir en la cumbre durante las primeras horas del martes. En vísperas de la reunión en Ankara, el presidente francés, Emmanuel Macron, había aterrizado en Damasco para efectuar la primera visita de un dirigente occidental desde el cambio de poder en Siria. No se trataba de una visita protocolaria. Macron pretendía restablecer la influencia histórica de Francia en el país y asegurar una presencia estratégica en su reconstrucción económica, con especial atención al propósito francés de administrar y desarrollar los principales puertos de Latakia y Tartús como contrapeso a la creciente influencia turca en la cuenca del Mediterráneo.
El ambiente festivo terminó abruptamente el martes por la mañana, cuando dos artefactos explosivos improvisados estallaron cerca del hotel Four Seasons, donde se alojaba Macron. El atentado causó heridas a 18 personas, entre ellas el viceministro sirio de Turismo. Pese al doble ataque, Macron se negó a interrumpir la visita. Mantuvo según lo previsto su reunión con el nuevo presidente, Ahmed al-Sharaa, con la intención de transmitir determinación occidental y compromiso con la estabilidad del nuevo régimen sirio. También quiso dejar claro que París no permitiría que el terrorismo yihadista impusiera la nueva configuración geopolítica de Oriente Medio. Después se trasladó a Ankara y, a la mañana siguiente, incluso salió a correr para transmitir la impresión de que todo seguía con normalidad.
Macron, Siria y la lectura israelí de la inestabilidad
No está claro que la estrategia de Macron produzca los resultados esperados. Turquía interpreta su intento de obtener una presencia en los puertos sirios como una iniciativa imperialista de París para recuperar la influencia que ejerció durante el antiguo mandato francés. En Ankara acusan a Macron de aprovechar la debilidad económica del nuevo Gobierno sirio para “comprar” activos estratégicos. Los franceses podrían descubrir que el control de los puertos no garantizará estabilidad sin la aprobación de Turquía.
Como es sabido, el Ejército turco mantiene fuerzas considerables en el norte de Siria y puede recurrir discretamente a milicias locales leales para interrumpir las rutas comerciales terrestres que conducen a los puertos de Latakia. Esta capacidad permitiría a Ankara reducir la viabilidad económica de los acuerdos suscritos por las grandes empresas francesas.
Aunque la visita resultó hasta cierto punto traumática para Macron, desde la perspectiva israelí aportó argumentos que podrían ayudar a Israel a explicar mejor su política sobre la zona de seguridad en Siria. Esa política afronta actualmente fuertes críticas internacionales, que atribuyen a Israel la intención deliberada de ocupar territorio soberano.
Desde este punto de vista, el atentado en pleno centro de Damasco, en un momento tan delicado como la visita de un jefe de Estado aliado, demuestra que el nuevo Gobierno sirio todavía está lejos de ejercer un control efectivo sobre el territorio. Las explosiones en el centro de la capital revelan que el régimen de al-Sharaa ni siquiera puede proteger los alrededores inmediatos del hotel donde se hospeda el presidente de Francia, mucho menos la frontera con Israel.
Esta inestabilidad, que se extiende desde Damasco hasta las proximidades de la frontera, entraña numerosos peligros, entre ellos la presencia de células yihadistas activas. Ante la ausencia de acuerdos de seguridad, esta realidad obliga a Israel a adoptar las medidas necesarias para su defensa.
El pulso por los F-35 y la oposición israelí
Al margen de la cuestión de la zona de seguridad con Siria, el asunto que dominó la cumbre de Ankara fue el posible destino del acuerdo para vender aviones F-35 a Turquía. Trump dedicó innumerables elogios a Erdogan, afirmó que había demostrado más lealtad a Estados Unidos que algunos de sus aliados más cercanos y sostuvo que, en términos generales, había estado fantástico. También prometió considerar favorablemente el regreso de Turquía al programa de aviones furtivos. Erdogan se apresuró a declarar que se trataba de un compromiso para la entrega de cinco aparatos.
La iniciativa, sin embargo, provoca una fuerte oposición en Israel. Durante los últimos días, el primer ministro Benjamín Netanyahu concedió una serie de entrevistas a destacados medios estadounidenses con el propósito de transmitir que Turquía no es el gran aliado que pretende ser y que la venta perjudicaría gravemente el equilibrio de fuerzas y la superioridad aérea de Israel en la región.
En definitiva, Trump no se comprometió a firmar el acuerdo. En caso de que llegue a concretarse, los aviones no se entregarían hasta dentro de varios años y la operación quedaría sujeta a compromisos estratégicos de gran alcance. La ley estadounidense CAATSA impide que Turquía regrese al programa F-35 mientras el sistema ruso de defensa antiaérea S-400 permanezca en su territorio. La solución que comienza a perfilarse consiste en trasladar el sistema ruso a un tercer país.
Para tranquilizar a la dirigencia política israelí, el Pentágono presentó una posible fórmula según la cual los F-35 destinados a Turquía corresponderían a una versión “degradada” en cuanto a autonomía informática. En otras palabras, los aparatos dependerían por completo de los servidores centrales del fabricante, Lockheed Martin, para recibir actualizaciones de misión. Además, un bloqueo integrado de frecuencias impediría que operaran contra aeronaves de la Fuerza Aérea israelí o que las fijaran como blancos mediante el radar.
Es posible que estas restricciones no basten para tranquilizar a Israel. El asunto, en todo caso, pasó a una evaluación técnica del Pentágono, donde probablemente avanzará con lentitud, ya que todavía no se han redactado documentos oficiales al respecto.
Irán irrumpe en la cumbre de Ankara
El debate quedó en suspenso después de que Irán atacara un petrolero qatarí que atravesaba el estrecho de Ormuz. El incidente provocó la furia del presidente Trump, quien anunció el fin del alto el fuego y la cancelación de las exenciones petroleras y del alivio de las sanciones. Durante la noche del martes al miércoles, Estados Unidos reanudó los ataques contra Irán. Todo esto ocurrió mientras Trump se encontraba en el palacio presidencial de Ankara.
“Irán cometió un error gravísimo al atacar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz”, declaró. “Creyeron que podían seguir con sus juegos, pero esos tiempos terminaron. Ordené a las fuerzas armadas actuar con la máxima intensidad y destruimos infraestructuras críticas en cuestión de horas”.
Trump tampoco dejó lugar a dudas respecto del petróleo: “Ni un solo dólar procedente del petróleo iraní volverá a circular sin autorización estadounidense. Todas las concesiones que existían quedan canceladas por completo desde este momento. Asfixiaremos la economía que financia su terrorismo hasta que comprendan que deben poner fin a su agresión en la región”.
Ante la posibilidad de una represalia iraní, añadió: “Se lo digo a la dirigencia de Teherán con absoluta claridad: si tocan un solo cabello de un soldado estadounidense, nuestra próxima respuesta alcanzará el centro de Teherán y tendrá una capacidad destructiva que no pueden imaginar. No me pongan a prueba”.
Trump y al-Sharaa celebran una reunión operativa
En este ambiente de crisis, que Erdogan difícilmente había previsto para el desarrollo de la cumbre, llegó el momento más interesante: la reunión entre Trump y el presidente sirio, Ahmed al-Sharaa. A diferencia del tono distendido y cordial que caracterizó la visita de al-Sharaa a la Casa Blanca en febrero pasado, la reunión de Ankara tuvo un carácter operativo, sin formalidades y próximo al ambiente de un centro de mando.
El encuentro se celebró lejos de la atención pública, en el sector protegido del complejo presidencial turco de Ankara, conocido como Ak Saray. Tras los acontecimientos en el Golfo, varias áreas del edificio se transformaron en un centro provisional de mando militar y político para la delegación estadounidense.
Debido a la extrema sensibilidad de la situación, la reunión se celebró con una delegación muy reducida. Por parte de Estados Unidos asistieron el presidente Trump, el secretario de Defensa Hegseth, quien había cancelado su visita a Israel para ocuparse de la crisis, y un intérprete oficial. La delegación siria estuvo formada por el presidente al-Sharaa y el jefe de su oficina política. Erdogan solo permaneció durante los primeros minutos para estrechar manos y ofrecer unas palabras de bienvenida.
Al término del encuentro, la Casa Blanca lo calificó como un “avance estratégico de amplio alcance”. Trump aceptó iniciar ante el Congreso el proceso para suspender y eliminar de forma gradual las sanciones estadounidenses contra Siria, con el propósito de permitir la entrada de inversiones occidentales e internacionales destinadas a reconstruir el país devastado.
A cambio, Siria asumió el compromiso oficial e inequívoco de actuar para expulsar por completo de su territorio a las fuerzas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y de Hezbolá. Trump también prometió que Estados Unidos proporcionaría al nuevo régimen sirio apoyo de inteligencia y asistencia militar para afrontar posibles represalias iraníes o yihadistas.
El presidente estadounidense insinuó además que utilizaría su influencia ante los países ricos del Golfo, como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, para que aportaran miles de millones de dólares a fondos específicos de reconstrucción para Siria. Esta ayuda serviría como compensación por la ruptura de Damasco con el eje iraní.
Al parecer, al-Sharaa también explicó a Trump que los acuerdos firmados con el presidente Macron respecto de los puertos de Latakia y Tartús perseguían únicamente objetivos de reconstrucción económica y no perjudicarían los intereses estratégicos de Estados Unidos y Turquía en la cuenca del Mediterráneo. Trump aceptó las explicaciones y comentó con sequedad que “el libre comercio es algo excelente”.
La declaración final de la OTAN
En la declaración final de la cumbre, la OTAN concedió pleno respaldo a la operación militar estadounidense contra Irán y determinó que los ataques iraníes con misiles contra bases de Estados Unidos en Kuwait y Baréin constituían “una violación flagrante del derecho internacional y una amenaza directa para la estabilidad mundial”.
La declaración definió oficialmente a Rusia como “la amenaza directa, considerable y de largo plazo más importante para la seguridad de los países miembros de la Alianza”. Los dirigentes reafirmaron su compromiso pleno con la cláusula de defensa colectiva establecida en el artículo 5.
El documento también contiene un llamamiento sin precedentes para que todos los países miembros aceleren el aumento de sus presupuestos de defensa. La declaración subraya que la carga defensiva debe distribuirse de manera más equitativa entre Estados Unidos y Europa.
En el marco del Foro de la Industria de Defensa de la OTAN, los participantes acordaron operaciones regionales de adquisición de armamento por un valor sin precedentes de $50.000 millones. En cuanto a los F-35, el documento no menciona acuerdo alguno. Conforme a un entendimiento previo entre Trump y Erdogan, el asunto quedó fuera de la declaración conjunta de la OTAN. Mientras tanto, Israel continuará sus esfuerzos para impedir que los aviones lleguen a manos turcas.