El gobierno de Suecia anunció que dejará de emplear el término “islamofobia” y lo sustituirá por expresiones como “racismo antimusulmán” u “odio antimusulmán”, al considerar que la formulación actual se ha usado cada vez más para frenar críticas a la ideología islamista en lugar de combatir el rechazo real contra los musulmanes.
La ministra de Asuntos Exteriores, Maria Malmer Stenergard, explicó que el Ejecutivo opta por esa nueva terminología por preocupaciones vinculadas a la libertad de expresión y a la necesidad de preservar un debate público abierto.
La decisión se produce después de años de discusión en Europa sobre inmigración, integración y peso de los movimientos islamistas. Quienes cuestionan el uso de “islamofobia” sostienen que el término mezcla la crítica a la ideología islamista radical con el prejuicio contra los musulmanes como personas.
Ese argumento fue recogido en un informe de 2025 del Institute for the Study of Global Antisemitism and Policy (ISGAP), titulado “La infiltración estratégica de los Hermanos Musulmanes en Estados Unidos: un análisis sistémico”, que afirmó que la expresión ha sido “utilizado como arma” por organizaciones islamistas para blindar sus actividades políticas frente al escrutinio.
“Por un lado, hay personas que sufren un odio antimusulmán genuino, intolerancia y discriminación basados en su fe o identidad percibida”, señaló el informe. “Esto siempre debe ser cuestionado y abordado, ya que socava el pluralismo y la cohesión social”.
“Al mismo tiempo”, agregó el documento, “las organizaciones islamistas han utilizado deliberadamente como arma el término islamofobia para cerrar el paso al escrutinio de su ideología y sus actividades políticas”.
La controversia cobró nuevo impulso tras la publicación, en mayo de 2025, de un informe del Ministerio del Interior de Francia titulado “Los Hermanos Musulmanes y el islamismo político en Francia”, que describió una presencia activa de esa organización en Suecia.
Según las conclusiones francesas, la rama sueca del movimiento, aunque de tamaño reducido, mantiene una influencia significativa en las estructuras europeas de la Hermandad. El informe atribuyó ese peso al respaldo financiero de Qatar, al modelo multicultural sueco y a los vínculos con partidos locales, en especial con el Partido Socialdemócrata.
A partir de ese documento, el gobierno sueco puso en marcha en octubre de 2025 una investigación sobre la infiltración islamista en la sociedad del país.
En ese contexto, la ministra de Educación e Integración, Simona Mohamsson, declaró al diario Expressen que “el islam político ha echado raíces” en Suecia.
“Vemos que el islam político ha echado raíces y se le está permitiendo apoderarse de barrios, escuelas, el bienestar social e incluso corre el riesgo de apoderarse de partidos políticos”, dijo Mohamsson. “El islamismo no quiere constituciones, sino la ley sharía. No quiere integración, sino segregación”.
Además de cambiar su lenguaje oficial, el gobierno sueco ha indicado que buscará que la Unión Europea y las Naciones Unidas revisen también el uso del término “islamofobia”.
En los últimos años, el concepto ganó espacio en organismos internacionales. La Organización de Cooperación Islámica cuenta con un “Observatorio de la Islamofobia”, y la Asamblea general de la ONU instauró un “Día Internacional para Combatir la Islamofobia”, que se conmemora cada 15 de marzo.
Los defensores del giro sueco sostienen que separar el odio contra los musulmanes de la crítica a la ideología islamista resulta necesario para proteger la libertad de expresión y permitir una discusión abierta sobre los problemas de inmigración e integración en Europa.
El tema mantiene especial sensibilidad en Suecia, uno de los países que recibió durante las dos últimas décadas una de las mayores proporciones de migrantes musulmanes per cápita del continente. En paralelo, creció la preocupación por la violencia de las pandillas, los atentados con bombas, la segregación y la aparición de comunidades paralelas en las principales ciudades.
Durante años, formaciones como los Demócratas de Suecia fueron acusadas con frecuencia de racismo o islamofobia por advertir sobre las políticas migratorias y de integración. La decisión del Ejecutivo sueco introduce ahora un cambio de calado en el lenguaje político del país y abre un nuevo frente de debate en Europa sobre inmigración, islamismo y libertad de expresión.