Las autoridades iraníes exhiben en una vitrina de cristal, en la Gran Mosalla de Teherán, el ataúd con el cuerpo del difunto líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Sobre el féretro descansa su turbante negro, mientras que los ataúdes de sus familiares muertos se encuentran colocados debajo.
Ante la imagen, algunos dolientes entre la enorme multitud lloran y corean: “¡Estamos unidos! ¡Venganza! ¡Venganza!”. Otros portan pancartas y banderas. Grupos numerosos de hombres se golpean el pecho de forma rítmica, una expresión de luto habitual en los funerales chiítas. Para mitigar el calor veraniego, los organizadores rocían agua sobre los asistentes y reparten bebidas frías.
El Gobierno iraní espera que millones de personas llenen las calles de la capital en escenas similares a las del entierro del difunto líder supremo, el ayatolá Ruhollah Jomeini, en 1989. Según las autoridades iraníes, solo en Teherán prevén la participación de entre 15 y 20 millones de personas durante los próximos tres días.
Las ceremonias fúnebres por Jamenei se extenderán durante seis días. El líder supremo gobernó la República Islámica desde 1989 hasta su asesinato, a los 86 años, el 28 de febrero, primer día de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Una asistencia masiva a lo largo del funeral podría dar impulso al Gobierno iraní, en especial en un momento en que intenta hacer valer su control sobre el estrecho de Ormuz en las negociaciones con Estados Unidos para poner fin de manera definitiva a la guerra.