El Gobierno iraní ha optado por alargar las conversaciones con Estados Unidos hasta después de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, con la intención de impedir que Donald Trump obtenga un éxito diplomático antes de la votación. Tres altos funcionarios de Irán y una persona cercana a las autoridades, que hablaron bajo condición de anonimato, describieron ese cálculo político como uno de los motivos de la demora. El temor a otra ofensiva militar y la desconfianza hacia Washington también influyen en la negativa de Teherán a cerrar un acuerdo inmediato.
La guerra, que comenzó el 28 de febrero con ataques de Estados Unidos e Israel, lleva casi ocho meses. El descenso de la popularidad de Trump hasta un mínimo histórico coincide con el malestar de los estadounidenses por los precios elevados de la gasolina. Las encuestas apuntan a un castigo electoral contra su Partido Republicano en unos comicios que determinarán qué partido controlará el Congreso. El analista de Teherán Saeed Leylaz sostuvo que Irán puede influir en esas elecciones al prolongar el diálogo sin cometer ninguna acción ilegal.
Uno de los funcionarios afirmó que las autoridades iraníes se preparan para nuevos ataques estadounidenses e israelíes, no para terminar la guerra mediante un pacto. Añadió que el estamento clerical no está dispuesto a concederle una victoria política a Trump. Aunque el presidente estadounidense ha asegurado que no volverá a bombardear Irán antes del 3 de noviembre, sus interlocutores iraníes consideran que una nueva campaña militar es cuestión de tiempo. Israel ha permanecido en gran medida al margen de los combates desde abril, pero últimamente ha dado señales de que la lucha podría reanudarse en torno a sus propias elecciones del 27 de octubre.
El estrecho de Ormuz es uno de los principales obstáculos para un entendimiento. Irán ha restringido el tráfico marítimo en esa ruta energética desde el inicio de la guerra mediante ataques y amenazas contra la navegación. Estados Unidos respondió con un bloqueo de los puertos iraníes y sanciones comerciales que han reducido los ingresos petroleros de Teherán. Trump ha repetido que espera una caída de los precios del crudo después de las elecciones, pero no ha presentado un plan detallado para acabar con la guerra y recuperar el tránsito por el estrecho.
Washington exige que el programa nuclear iraní figure desde el comienzo en cualquier negociación, mientras Israel pretende que ese programa termine. Teherán sostiene que sus actividades nucleares son pacíficas, aunque ha enriquecido uranio por encima de los niveles necesarios para fines civiles, ha impedido el acceso de inspectores y ha desarrollado misiles balísticos. Irán, en cambio, exige que primero se atiendan las condiciones de su llamado “plan de siete días” y se resiste a renunciar al control que ha adquirido sobre Ormuz.
La propuesta iraní, transmitida por mediadores cataríes, contempla reabrir el estrecho en un plazo de siete días, pero mantenerlo bajo control de Irán. Como contrapartida, Estados Unidos tendría que levantar su bloqueo marítimo, flexibilizar las restricciones a las exportaciones de petróleo iraní, liberar activos congelados y poner fin a las hostilidades en todos los frentes. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, declaró el domingo que la oferta seguía vigente y que los mediadores continuaban con el intercambio de mensajes. Ni el Ministerio de Exteriores de Irán ni la Casa Blanca respondieron a las solicitudes de comentarios de Reuters.

La falta de confianza en las garantías estadounidenses tiene antecedentes recientes. Un funcionario iraní recordó que un ataque israelí de junio de 2025, al que después se sumó Estados Unidos, frustró una sexta ronda de negociaciones nucleares prevista en Omán. En febrero de 2026 comenzó la guerra poco después de concluir otra ronda diplomática, cuando todavía había reuniones técnicas programadas. Estos episodios han reforzado la convicción de Teherán de que las conversaciones no impiden una ofensiva.
Para las autoridades iraníes, conservar las negociaciones sin llegar a un acuerdo permite mantener la presión sobre Washington durante la campaña electoral estadounidense y, al mismo tiempo, sostener su disposición declarada al diálogo. Alex Vatanka, director del programa sobre Irán del Middle East Institute de Washington, consideró evidente el propósito de perjudicar políticamente a Trump. No obstante, identificó como problema principal la creencia de Teherán de que el mandatario estadounidense busca un cambio de régimen y sigue la política del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para derribar a las autoridades iraníes.
Los contactos regionales continúan en paralelo. El mariscal de campo Asim Munir, jefe del Ejército de Pakistán, llegó el martes a Teherán acompañado por una delegación de funcionarios pakistaníes para reunirse con altos cargos iraníes, de acuerdo con la agencia semioficial Mehr. Por otro lado, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, trató la situación de Irán con Netanyahu durante una visita a Israel que no había sido anunciada. Tres funcionarios israelíes situaron el encuentro el lunes y la oficina del primer ministro lo confirmó el martes, a una semana de las elecciones israelíes.

Esta estrategia también acarrea consecuencias para Irán. La incertidumbre prolongada agrava las dificultades de una economía afectada por la guerra y aumenta el desgaste de la población. A comienzos de año, las fuerzas del régimen mataron a miles de personas durante la represión de protestas masivas contra el Gobierno. A ello se suma el impacto de las restricciones sobre la actividad comercial y los ingresos del Estado.

El Centro Estadístico de Irán situó la inflación anual de septiembre en el 73,6 %. Desde que Washington restableció el bloqueo naval en julio, el rial ha perdido cerca del 35 % de su valor frente al dólar. Los registros de la plataforma de inteligencia energética Vortexa muestran que las exportaciones marítimas iraníes de crudo pasaron de un promedio de 230.000 barriles diarios, calculado sobre 14 días al comienzo de septiembre, a cero durante la segunda semana de ese mes. El volumen se mantenía en cero al 5 de octubre.
Leylaz advirtió que la desconfianza excede la disputa actual. A su juicio, Estados Unidos ha incumplido reiteradamente acuerdos incluso cuando Irán respetó sus compromisos, por lo que ya no considera viable un pacto duradero, ni siquiera después de la administración Trump. El analista también descartó que las relaciones regresen a la situación anterior a la guerra. Los funcionarios consultados no prevén avances decisivos antes de la votación estadounidense, precisamente porque Teherán rechaza concesiones que puedan favorecer electoralmente al presidente.
La tensión militar sigue presente en las aguas cercanas a Ormuz. La Armada de la Guardia Revolucionaria iraní afirmó el martes que dos petroleros se incendiaron y quedaron inmovilizados al sur del estrecho tras chocar con minas iraníes, aunque no precisó cuándo ocurrieron los incidentes. En el mismo comunicado aseguró que Irán había derribado un dron estadounidense la noche del lunes.
La entidad británica de vigilancia del comercio marítimo, United Kingdom Maritime Trade Operations, recibió además el martes un aviso sobre un petrolero y fuerzas militares a unas 121 millas náuticas al este de Duqm, en Omán. Los informes describieron una interacción vinculada con las operaciones militares que se desarrollan en la región. Los incidentes muestran que el tráfico por la zona continúa expuesto al conflicto mientras las negociaciones permanecen abiertas.










