Un contacto iraní llegó a pedir a uno de los dos técnicos de la Fuerza Aérea implicados en un caso de espionaje que asesinara al comandante de la Fuerza Aérea, el general de división Tomer Bar, según nuevos detalles difundidos el jueves por la noche por el corresponsal militar de Galei Tzahal, Doron Kadosh. De acuerdo con ese informe, el militar no descartó de inmediato la propuesta y respondió a su interlocutor que lo “investigaría e intentaría”.
La relación entre los soldados y sus contactos se extendió durante un año, con numerosas conversaciones a lo largo de ese período. En una de las primeras, cuando el enlace preguntó al soldado: “¿Qué salario mensual te satisfará?”, la respuesta fue una exigencia de solo 1.300 dólares.
Las peticiones formuladas por los iraníes abarcaron objetivos civiles, políticos y militares. Entre ellas figuraban encargos para fotografiar las calles donde viven altos cargos del Estado y del aparato de defensa, incluidos el primer ministro Benjamin Netanyahu, el exprimer ministro Naftali Bennett, el ministro Itamar Ben-Gvir y el exjefe del Estado Mayor de las FDI Herzi Halevi. Según el informe, también mostraron un interés especial por el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y reclamaron imágenes del bulevar Rothschild y de la calle Kaplan en Aviv.
En el frente militar, los contactos solicitaron coordenadas de una batería de la Cúpula de Hierro y de sistemas de defensa antiaérea, además de fotografías de bases y de ubicaciones de pilotos de alto rango.
Durante ese año, el soldado entregó información clasificada como “Confidencial” sobre sistemas de cazas a los que accedió en su curso de técnicos. Sin embargo, el agente iraní minimizó ese material y reclamó misiones “más serias e importantes”. Más adelante, el militar fotografió una torre de control, pistas y drones, aunque no recibió pago alguno por ese trabajo.
En otro intento por probar su fidelidad, tomó imágenes de cazas dentro de la base, pero los iraníes continuaron burlándose de él con el argumento de que “no era suficiente” y le exigieron pruebas del despegue.
Antes de la Operación León Naciente, en junio de 2025, al soldado se le ofrecieron cientos de dólares para retrasar el despegue de cazas destinados a actividad operativa, una misión que rechazó. Finalmente, cuando también se negó a ejecutar un atentado terrorista armado, los iraníes interrumpieron el contacto.
El caso dio luego un giro adicional: pese a que la relación había sido cortada, el soldado siguió tratando de comunicarse con esos enlaces e incluso buscó a otros agentes iraníes en redes sociales. La inteligencia iraní, que sospechaba que podía tratarse de un agente doble, optó por ignorarlo.