Irán afronta una crisis de ingresos que ya afecta el pago de sus fuerzas militares y de seguridad. La falta de recursos coincide con un aumento de los ataques insurgentes en el sureste del país y con una mayor presión sobre sus operaciones en el golfo Pérsico. El bloqueo naval estadounidense ha reducido las posibilidades de obtener divisas mediante las exportaciones de petróleo, de las que depende una parte importante del presupuesto estatal.
La magnitud de las restricciones fue detallada el viernes por el almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de Estados Unidos, en un mensaje de video. Cooper afirmó que el bloqueo ha impedido a Irán exportar petróleo crudo por un valor de al menos $25 000 000 000. Añadió que Estados Unidos y sus socios han congelado cerca de $350 000 000 en criptoactivos.
Cooper vinculó esa pérdida de recursos con la suspensión de salarios, pensiones y prestaciones a trabajadores de los sectores energético, manufacturero, de construcción y de seguridad. Entre los afectados se encuentran los integrantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). El almirante también habló de reportes sobre milicias aliadas de Irán en otros países que han dejado de pagar a sus combatientes para transferir fondos al CGRI, aunque esa fuerza tampoco paga a sus propios efectivos.
La presión financiera llega en un momento de mayores exigencias para las fuerzas iraníes. En Sistán y Baluchistán, en el sureste, donde las autoridades llevan años enfrentadas a movimientos insurgentes, los terroristas separatistas han intensificado sus acciones. Los medios estatales iraníes registran al menos ocho miembros de las fuerzas de seguridad muertos durante las últimas tres semanas, entre ellos un policía, un integrante de la milicia Basij y un comandante de alto rango del CGRI.
Al mismo tiempo, las unidades militares iraníes han aumentado sus acciones contra buques petroleros en el estrecho de Ormuz. Cooper destacó que en las últimas semanas también han reaparecido los ataques iraníes contra la navegación comercial en el golfo Pérsico. Pese a ello, el tránsito de petróleo se mantiene cerca de los volúmenes anteriores a la guerra, debido a que los países vecinos continúan con sus exportaciones bajo la protección de las fuerzas estadounidenses.
El ejército iraní también se prepara ante la posibilidad de otra ofensiva de Estados Unidos después de las elecciones de mitad de mandato, mientras debe atender los conflictos dentro del país. Shay Khatiri, investigador principal del Yorktown Institute, considera que las fuerzas de seguridad se encuentran sometidas a una presión creciente por la escasez de recursos y por amenazas tanto internas como externas. En un texto para Middle East Forum, advirtió que, a medida que el régimen pierda fuerza, podrían surgir más movimientos locales y los existentes podrían consolidar su poder.
La crisis presupuestaria se agrava a medida que desaparecen los últimos ingresos procedentes de cargamentos de crudo que ya estaban en el mar antes de que Estados Unidos restableciera el bloqueo. Esas ventas tienen como destino principal China y sus pagos podrían prolongarse hasta diciembre. Después de ese plazo, el gobierno iraní podría perder lo que hasta ahora constituía su principal fuente de divisas.
Las exportaciones petroleras suelen representar aproximadamente un tercio del presupuesto de Irán y también financian al CGRI. La disminución de esos ingresos ha coincidido con una fuerte depreciación de la moneda iraní. La inflación se aproxima al 90 % y se acelera mes a mes, por lo que los salarios pierden poder adquisitivo. Parte de la población ya recurre a pagos a plazos incluso para comprar alimentos y otros productos básicos.
Cooper considera que las dificultades económicas han acentuado la desesperación del CGRI y de las autoridades iraníes. Las dificultades han provocado protestas de jubilados del sector público en las últimas semanas por el pago incompleto de sus pensiones. También hay trabajadores de empresas públicas y privadas que han comunicado en redes sociales su decisión de renunciar debido a la insuficiencia de sus remuneraciones. La crisis ha generado preocupación incluso en el líder supremo, Mojtaba Jamenei. A comienzos de octubre, Mohsen Rezaei, principal responsable de seguridad del país, reconoció que Irán atraviesa uno de los períodos más difíciles de su historia.










