En medio de una aterradora e incontrolable ola de antisemitismo que azota al Reino Unido, un destacado líder de la comunidad judía británica ha anunciado su decisión de vender sus bienes y abandonar el país para trasladarse a Israel.
Jeremy Jacobs, exdirector ejecutivo de la organización benéfica United Synagogue, reveló en una carta a The Telegraph que puso oficialmente a la venta la residencia familiar para facilitar su Aliyá. Su familia reside en Gran Bretaña desde la década de 1850, pero la profunda decadencia social en el Reino Unido lo ha llevado a buscar refugio en el Estado judío.
Aunque Jacobs sufrió incidentes aislados de antisemitismo durante su juventud en la década de 1960 y más tarde en la London School of Economics, señaló que el clima social se ha transformado en una crisis existencial tras las masacres perpetradas por Hamás el 7 de octubre de 2023. Según relató, el detonante ocurrió cuando estudiantes radicalizados lo acosaron mientras caminaba frente al University College London con sus tres nietas pequeñas.
“Me gritaron porque llevaba una kipá. Fue muy incómodo tener que apresurar el paso con mis tres nietas pequeñas, con la esperanza de que no se dieran cuenta de lo que ocurría”, recordó Jacobs en la carta a The Telegraph.
Al establecer inquietantes paralelismos históricos, el líder comunitario advirtió que el ámbito académico británico se ha convertido en el epicentro de un peligroso contagio ideológico que evoca la Europa anterior a la guerra.
“Me resisto a referirme a lo ocurrido en las décadas de 1920 y 1930, pero en Alemania el odio comenzó a gestarse en el ámbito académico antes de ser adoptado por las clases políticas. Eso es lo que está sucediendo hoy en el Reino Unido”, afirmó Jacobs.
La realidad cotidiana de los niños judíos británicos se ha vuelto insostenible. Según Jacobs, las escuelas judías locales se han visto obligadas a aplicar medidas de seguridad extremas, como pedir a los alumnos que oculten las insignias identificativas en sus chaquetas o incluso eliminar por completo el uso de uniformes escolares para prevenir agresiones en la vía pública dirigidas contra ellos.
Además, las constantes y multitudinarias marchas antiisraelíes que paralizan Londres han puesto de manifiesto un preocupante cambio en la sociedad.
“Cada vez que nos encontramos con estas marchas o vemos pegatinas de ‘Palestina Libre’ por todas partes, tengo la sensación de que hemos llegado a un punto sin retorno. No creo que quienes no son judíos comprendan plenamente lo angustioso que resulta. Me considero británico, un británico orgulloso, pero Gran Bretaña ya no es el país que era”, lamentó.
Jacobs señaló un fracaso institucional y cultural, agravado por una mayoría silenciosa que se niega a intervenir. Atribuyó este aumento a la tradicional búsqueda de chivos expiatorios durante las crisis económicas nacionales y destacó que la clase dirigente acaba por resucitar estereotipos antisemitas sobre el supuesto control judío de las finanzas.
En definitiva, la decisión de trasladarse a las zonas fronterizas del Estado judío responde a la búsqueda de seguridad real y de solidaridad comunitaria, elementos que, según él, el Reino Unido ha abandonado de forma definitiva. Al recordar una visita a Israel en junio de 2025, durante una ofensiva de misiles iraníes, describió un marcado contraste con la sensación de aislamiento que experimenta en las calles de Londres.
“El ambiente era muy intenso y estaba marcado por un gran espíritu de compañerismo. Todos colaboraban y velaban unos por otros. Esa idea de que la gente se une en tiempos de guerra —el espíritu del Blitz— era exactamente lo que se percibía. Cuando camino por Israel, incluso en una zona de guerra, me siento como en casa. En Londres, donde vivimos, esa sensación ha desaparecido”, explicó Jacobs en la carta a The Telegraph.
La carta se publica en medio de un repunte de la violencia antisemita en el Reino Unido, que alcanzó un punto crítico el mes pasado con el ataque en el que dos hombres judíos ortodoxos fueron apuñalados en la cercana localidad de Golders Green. Este ataque llevó al Reino Unido a elevar el nivel nacional de amenaza terrorista de “sustancial” a “grave” por primera vez en más de cuatro años.
La semana pasada, otro hombre judío fue agredido en Golders Green únicamente porque lo oyeron hablar en hebreo.