China ha presentado una versión mejorada de su misil de crucero de ataque terrestre CJ-10 con un alcance superior a los 2.000 kilómetros, según imágenes y divulgaciones militares difundidas a comienzos de 2026. La actualización extiende de forma significativa la capacidad del Ejército Popular de Liberación para golpear objetivos estratégicos en profundidad: centros de mando, bases aéreas, instalaciones logísticas e infraestructuras críticas situadas lejos de la línea del frente.
Las imágenes publicadas muestran configuraciones refinadas de lanzadores y la integración del sistema en múltiples plataformas móviles. Frente a variantes anteriores del CJ-10, cuyo alcance se estimaba en torno a los 1.500 kilómetros, la nueva versión incorpora mejoras en eficiencia de propulsión, redundancia de navegación y resistencia a la guerra electrónica.
El misil, subsónico y de precisión, opera con una arquitectura de guiado multicapa que combina navegación inercial, posicionamiento satelital —probablemente mediante el sistema BeiDou— y comparación del contorno del terreno (TERCOM). Este diseño le permite mantener alta precisión en entornos donde el GPS puede estar degradado o bloqueado, una ventaja crítica en escenarios de conflicto de alta intensidad donde el espectro electromagnético es objeto de disputa.
Una de las características más relevantes del sistema es su capacidad de despliegue desde tres dominios. En tierra, puede lanzarse desde transportadores-erectores-lanzadores móviles, lo que le confiere alta supervivencia y movilidad. En el mar, los destructores Tipo 052D y los cruceros Tipo 055 del EPL disponen de sistemas de lanzamiento vertical compatibles. En el aire, los bombarderos estratégicos H-6 portan variantes del CJ-10, extendiendo el alcance de la fuerza aérea china sin necesidad de penetrar espacio aéreo disputado.
Esta arquitectura tridominio complica la planificación defensiva del adversario al multiplicar los vectores de ataque posibles y comprimir los tiempos de respuesta. También abre la puerta a estrategias de saturación mediante salvas coordinadas desde plataformas terrestres, navales y aéreas capaces de sobrepasar sistemas escalonados de defensa antimisiles.
En comparación con el Tomahawk Block V estadounidense —sistema con el que el CJ-10 comparte la categoría de misil de crucero subsónico de largo alcance—, la versión china muestra un foco distinto: su integración dentro de la arquitectura de puntería en red del EPL y su marco regional de negación de acceso y denegación de área (A2/AD). El Tomahawk cuenta con décadas de historial de combate y capacidades más avanzadas de redireccionamiento de objetivos en tiempo real; el CJ-10 apunta a consolidarse como pieza central de la disuasión convencional china en el Indo-Pacífico.
Frente al misil ruso Kalibr (3M-14), el CJ-10 mejorado presenta un perfil de misión similar, con alcances equivalentes y guiado por seguimiento del terreno, aunque el sistema ruso acumula experiencia operativa en Siria y Ucrania.
Dentro del arsenal del EPL, el CJ-10 actúa como complemento de los misiles balísticos DF-21 y DF-26, con los que forma una arquitectura de ataque escalonada para comprometer tanto objetivos fijos como móviles. Su integración con redes de reconocimiento espacial y sistemas de puntería más allá del horizonte apunta a un modelo de guerra en red y en tiempo real como eje de la doctrina militar china.